4/8/08

VILLA DEL RÍO, EDAD MODERNA

Durante la época moderna Aldea del Río continuó dependiendo del cabildo cordobés, el cual vuelve a intervenir como anteriormente, en el concejo, reservándose casi la totalidad de las funciones del mismo, tales como el orden público, los asuntos judiciales, el cobro de los tributos y la obediencia a los oficiales cordobeses como podemos comprobar por el cabildo celebrado en Córdoba el 13 de enero de 1559, en el que se sortean los oficios concejiles de, entre otras, Aldea del Río.
Córdoba ostenta la propiedad del castillo de la villa, y, seguramente abrigando el deseo de que éste no fuese demolido, como tantos otros, solicitó a Carlos V que la facultase para transformarlo en iglesia parroquial del pueblo.
El emperador accedió, y el 18 de abril de 1531 extendió una provisión por la que permite que se obre de acuerdo con la solicitud expresada. Grande sería el deseo y suma la celeridad que se dieron, pues en 1537 se culminó la transformación, cuyas obras fueron dirigidas por el entonces maestro mayor del obispado de Córdoba, Hernán Ruiz I
Los libros parroquiales se comienzan a llegar a partir de la segunda mitad del siglo XVI, siendo la fecha de los primeros registros un bautizo el 15 de septiembre de 1554 y un matrimonio el 26 de septiembre de 1572.
Por constituir el primer núcleo de población cordobés, llegando de la provincia de Jaén en él se pagaba el portazgo de los pinos, que descendiendo por el Guadalquivir, se transportaban a Córdoba.
Los derechos de la real corona de nombrar los oficios concejiles, así como los de la Santa Hermandad, están enajenados durante el siglo XVIII a favor del marqués de Guadalcázar quien elige una de entre las dos personas, que cada oficio, le presenta la villa.
El gran auge de la población se produce desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta la primera del XIX pues de 1464 habitantes pasa a 4.350, lo que supone triplicarlos, hizo que se corresponde con el número de casas habitables, ya que de 262 que contaba en la primera fecha llega a 794 en el siglo XIX. Este incremento es consecuencia de la riqueza subsiguiente a las explotaciones olivareras, cerealistas y sederas , así como a los telares y la industria de la fabricación de paños. Cuenta en el siglo XVIII con ocho almazaras y cinco bodegas para almacenamiento de aceite, con una capacidad total de 4.750 arrobas. Posee una aceña y un batán, y se produce 1.380 kilos de seda al año. Existen catorce dueños de telares y cincuenta fabricantes de paños, amén de veintiséis arrieros, de los dieciséis se dedican al transporte de las telas fabricadas en la villa, cosa que nos indica la importancia y volumen de exportación de paños a otros lugares.