4/8/08

POSADAS, EDAD MODERNA

Posadas continúa siendo villa de realengo dependiente del alfoz de Córdoba durante el siglo XVI y primer tercio del XVII. En 1629 Felipe IV la vende a Diego Fernández de Córdoba, tras su regreso a España y después de haber sido virrey de México y Perú, primero como señorío y luego como candado. En el siglo XVIII ostenta su titularidad Juan Baustita Centurión, marqués de Estepa y Casa Palma, heredero por línea materna de los Fernández de Córdoba, quien- según el Catastro de Ensenada- no posee ni percibe derechos sobre ella. Al no tener descendencia hereda el condado de Posadas su hermana María Luisa quien en 1799 muere sin hijos, pasando finalmente la villa a la Casa de Polentinos.
A lo largo de la Edad Moderna , la villa conoce los momentos más importantes de su expansión. Su número de habitantes se duplica en algo más de doscientos años. De 1.500 que contaba en 1530 pasa a 3200 en el último tercio del XVII, tras haber sufrido una fuerte despoblación durante el siglo XVII causadas por 34 hambrunas producidas por pestes, sequías, exceso de lluvias, plagas de langostas etc, que la azotaron durante ese siglo. A pesar de contar sólo con 344 habitantes, a principios de siglo XVII envió 44 milicianos a participar en la guerra de Sucesión . En dicho siglo, ya repuesta cuanta con 290 casas habitables, entre las que se incluyen el ayuntamiento, el palacio, el pósito, la cárcel y la carnicería.
En el siglo XVII su producción agraria es la típica de las tierras de secano ( cereal- trigo y cebada -. principalmente , olivo, y vid) y de regadío (hortalizas, frutales, moreras, y cereal). Además existen amplias extensiones de terrenos dedicadas a encinas, chaparros y alcornoques de los que se aprovecha el corcho, sirviendo también para pasto de ganado. Se constata la presencia de seis molinos para la molturación de aceite de oliva. En cuanto a la ganadería, destacan, por el numero de cabezas, las especies lanar, caprina vacuna, cerda asnal y equina . Se practica la apicultura ( 251 colmenas), con la subsiguiente producción de miel y cera.
El foco de cultura donde los lugareños podían aprender no sólo las primeras letras, sino latín y filosofía se encontraba en el monasterio de los Basilios, fundado en el siglo XVI por Jerónimo García de las Roelas y su esposa doña María de Armenta en su finco El Torilejo, aunque en 1642 se trasladó a la villa, donde quedan algunos restos en la actual calle Gaitán(ver Arquitectura religiosa). A mediados del XVII fue su época de mayor esplendor, ya que llegó a contar con más monjes que el monasterio de El Tardón de Hornachuelos y el de Palma, de la misma orden.
La influencia colonizadora de Carlos III no fue valorable para Posadas, ya que los colonos usurpaban impunemente tierras del término, según la queja presentado en 1791 por el pueblo ante el subdelegado de Colonizaciones Antonio Cerón, quien hizo caso omiso a tales reclamaciones cuando los habitantes del lugar le pidieron que El Picacho que, en contra de todo derecho, les habían tomado.
Cuna de hombres ilustres cuenta entre sus hijos al fundador de la provincia de la Santísima Trinidad, en el Perú, fray Cristóbal de Rabaneda y al insigne predicador y vicario de la provincia de los Angeles fray Agustín Gómez de Cárdenas.