16/8/08

FUENTEOBEJUNA DE LOPE DE VEGA, EL DRAMA Y LA HISTORIA

FUENTEOVEJUNA LA PIEZA DRASMÁTICA DE LOPE DE VEGA

Lo que pretendo en este trabajo es dar a conocer la influencia de las fuentes históricas sobre hechos realmente sucedidos, en las obras de ficción expuestas en los trabajos literarios, especialmente en la comedia de Lope de Vega: Fuenteovejuna. Ni que decir tiene que no voy a hacer un juicio histórico sobre esta pieza de teatro, ya que su autor no es historiador, sino intentar dilucidar de qué manantiales realmente auténticos se vale el comediógrafo para construir una obra que sea representable, atraiga al público y consiga su beneplácito, y cómo transforma estos sucesos históricos para construir su pieza teatral. Los autores literarios y especialmente Lope de Vega, al valerse de un hecho ocurrido históricamente lo pule, lo transforma, lo modifica y, si es necesario, disfraza la verdad o la encubre para conseguir los efectos que él pretende.
Este escritor manifiesta que para componer “El mejor Alcalde, el Rey”,
bebió en la Crónica General. En ésta se refiere el despojo de unas tierras. Tema bastante anodino y no tan del gusto de la época, ya que esto ocurría con demasiada frecuencia. Él, como cualquier escritor, busca el aplauso del público y pretende congraciarse con él, por ello, esta usurpación de unas tierras lo transforma, ocultando la verdad, en el rapto de una mujer. Así, este asunto árido y carente de emoción, lo modifica y convierte en un argumento de honor tan grato al público del siglo XVII. Bien lo sabía, pues él mismo él dice: los casos de honor son los mejores, porque mueven con fuerza a toda gente. No olvidemos que estamos en el Siglo de Oro de nuestra literatura en el que rara es la composición literaria de cualquier autor en la que no aparece el asunto del honor como argumento principal o secundario.
Lope no mira la Historia con los ojos críticos de un historiador, ni cómo un erudito que busque enseñanzas en el pasado para modificar el presente o evitar que los hechos nefastos, ya ocurridos, se repitan. Es un autor que quiere hallar temas pasionales, asuntos que entusiasmen a los de su generación lo mismo que los literatos de cualquier momento lo pretenden para ganarse el favor del público. Además, Lope si puede y en verdad lo procura, no desaprovecha ningún momento para que la Monarquía salga siempre bien parada y, como tal institución, adquiera a los ojos del público que presencia sus representaciones una aureola de grandeza y magnanimidad que es la que le corresponde como representante de Dios en la Tierra. En su obra “El Rey D. Pedro en Madrid”, pone de manifiesto el origen divino de la realeza cuando dice: Son divinidad los reyes. Es tal su deseo de imbuir esta idea en el público que contempla sus piezas teatrales que, para él, el Rey está por encima del bien y del mal y, por lo tanto, el pueblo no tiene ninguna capacidad de crítica sobre sus actuaciones. Es más, aunque sea un pérfido, por representar de la divinidad, no sólo debe prestársele obediencia, sino también, como a ésta, adoración, pues en la misma composición referida, expone:
Que es deidad el rey más malo
En quien Dios se ha de adorar.
A mi juicio, estos son los dos conceptos: el origen divino de la realeza y el honor de la persona humana, los que intenta inculcar en los hombres de su época. Ambos los podemos contemplar sobradamente, espigando entre sus obras. En la que estamos comentando podemos ver cómo ensalza la cualidad divina de la realeza, hecha patente en el monarca Fernando V el Católico, pues en los versos 655 al 659, expresa, al referirse a él:

El rey solo es señor después del cielo.
Católico rey Fernando
A quien ha enviado el cielo
Desde Aragón a Castilla
Para bien y amparo nuestro
Idea que vuelve a repetir más adelante en los versos del 1.948 al 1.951:

Católico Rey Fernando
A quien el Cielo concede
La corona de Castilla
Como a varón excelente.
La honra, cifrada en la honestidad de las mujeres, la defiende en esta misma pieza teatral de tal manera que es el eje principal de ella. Como ideas colaterales, aunque no totalmente secundarias, expone otras dos: Una, consecuencia de la anterior, la justa venganza que se toma el pueblo levantado en armas, de tal manera enfurecido, que no pone freno a su furia hasta que no infringe al Comendador una cruel muerte, ensañándose con su cuerpo, ya exánime. La otra es el juramento de silencio, una especie de omertá, por el que se ha confabulado todo el pueblo, hombres, mujeres y niños, para no dar a conocer los culpables de la perpetración del horrendo crimen. Precisamente estos dos son los conceptos que más han perdurado desde que se estrenó la obra y dudo que el mismo Lope pudiese suponer que esta pieza teatral que, a no dudar, para él sería una más de las muchísimas que produjo, iba a perdurar a través de los siglos y tendría tanta difusión, aún allende nuestras fronteras. De la muerte que los lugareños infringen al Comendador se ha hecho bandera de justa reivindicación de un pueblo oprimido que se levanta en armas para sacudir el yugo que lo atenaza. Como tal lucha contra el tirano opresor ha sido representada en muchos países que, con deseo de libertad, querían expulsar a los tiranos que los sojuzgaban. El silencio de los habitantes de la villa, ante las pesquisas del juez enviado por los RR.CC. para investigar el crimen y encontrar al culpable, se ha hecho proverbial y hoy día se emplea la frase como en Fuenteobejuna, todos a una, para indicar que hay que acometer un trabajo todos unidos o que no se puede revelar quien ha llevado a cabo un hecho porque, como en Fuenteobejuna, hay que guardar silencio y no revelar al culpable. Los documentos que hemos consultado nos ilustran sobradamente sobre esa pretendida ansia de libertad de un pueblo, cosa no en consonancia en el siglo XV, y sobre quién o quiénes manejaron los hilos de la sublevación popular y que intereses nobiliarios se ocultaban tras los furibundos aldeanos.
El marco local en el que se desarrolla el motín del pueblo es la villa de Fuenteobejuna, villa de la provincia de Córdoba y el momento histórico es en la noche del 22 al 23 de abril del año 1.476. Este pueblo, en dicha época no pertenecía a la jurisdicción de Córdoba, pues el Rey Enrique IV, como Señor de Castilla, la había entregado al maestre de la Orden de Calatrava, D. Pedro Girón, además de Morón, Belmez y todo el término que se dice Espiel, el lugar más grande que había en la tierra de Córdoba. En el año de la acción, ostentaba el poder de esta villa el Comendador Mayor de Calatrava D. Fernando Gómez de Guzmán quien, según expone en su obra Lope, la poseía tiránicamente, abusando de sus vasallos a los que imponía gravosos impuestos e infringía vergonzosos agravios en lo que peor podían sufrir sus habitantes, es decir, en el abuso sexual de sus mujeres, a las que, como un fauno rijoso, poseía lujuriosamente. Este abuso sexual pretendidamente estaba justificado por el derecho de pernada o ius primae noctis que consistía en que el Señor de un lugar tenía derecho a gozar de la mujer casada en la primera noche de su matrimonio, privando ilegítimamente del mismo a su esposo legal. Es un privilegio tan antiguo que en el poema de Gilgamesh, personaje entre histórico y fabuloso que vivió alrededor del año 2.650 a.C. en la ciudad mesopotámica de Uruk, se habla de él y es motivo de una protesta y revuelta popular contra dicho rey, al principio de la obra. Los habitantes de la villa cordobesa soportaban pasivamente este abuso de poder, ante el que no reaccionaban ni padres, ni hermanos ni esposos, hasta que la actitud de la protagonista Laurencia, hija del alcalde Esteban y desposada con Frondoso, aunque sin consumar aún su matrimonio, que no puede soportar que el Comendador goce de ella antes que su legítimo marido, actúa como detonante para que los aldeanos sacudan el sopor e inactividad que los atenaza y, como una sola persona, se levanten en armas y perpetren la cruel e inhumana acción que acaba con la vida del Comendador.
Cuando los RR. CC. conocen la muerte de Fernán Gómez de Guzmán, mandan al lugar un juez pesquisidor para que averigüe el caso y mande justamente castigar a los perpetradores del mismo. Éste se va a encontrar con el silencio hermético de todos los habitantes de la villa, pues ni los niños, ni las mujeres, ni los ancianos, ni, qué decir, el resto de los habitantes, están dispuestos a revelar la identidad de los instigadores de la acción, a pesar de que, para obtener tal confesión, el juez mande dar tormento a muchos de ellos. Cuando se percata de lo infructuoso de su actuación, lo pone en conocimiento de los reyes a los que manifiesta que el pueblo entero se ha conjurado para ocultar la identidad de los promotores del hecho y que, por mucho que se haga en tal sentido, será inútil ante la férrea voluntad de sus habitantes. Cuando los reyes conocen la clase de persona que era el Comendador, conceden su perdón al pueblo entero que pasa a depender directamente de la Corona con lo que pretenden evitar que se vuelvan a producir más abusos de esta índole. Hasta aquí, muy brevemente, el argumento de la obra de Lope que la ha ordenado en lo que denominaríamos como tres círculos concéntricos.
-Un momento real e histórico enmarcado dentro de la lucha por la Corona de Castilla que ha enfrentado a los Reyes Católicos contra Dª Juana la Beltraneja que recibe apoyo del Rey Alfonso de Portugal, la Orden de Calatrava comandada por su Maestre, D. Rodrigo Téllez Girón y el mismo Señor de Fuenteobejuna, D. Fernando Gómez de Guzmán.
-El amor de la pareja compuesta por Laurencia y Frondoso y la actitud rebelde de la primera que no quiere aceptar pasar su primera noche de bodas en el lecho del Comendador y ser desflorada por un personaje lujurioso que, tal como se expresa en la obra, ha gozado ya de la mayoría de las mujeres del pueblo
-La reacción del concejo municipal ante cuya reunión en pleno se presenta Laurencia echándoles en cara su pasividad y cobardía con las siguientes palabras:

Liebres cobardes nacistes
Bárbaros sois, no españoles
¡Gallinas! ¡Vuestras mujeres
sufrís que otros hombres gocen!
¡Poneos ruecas en la cinta!
¿Para qué os ceñís estoques?

Esta invectiva hace que el gobierno municipal reaccione y entonces deciden acabar con la vida del Comendador, acción para la que se juramentan todos los ciudadanos que, como un solo hombre, la llevarán a cabo.
Sobre estos pilares sustenta el autor su obra y posiblemente sea el último el que la ha hecho mundialmente famosa pues de él salen dos derivaciones: La venganza de la honra ultrajada de un pueblo y la explosión de la ira de unos lugareños ante las opresiones de un tirano que los tiene sojuzgados.
Hasta aquí muy brevemente he expuesto un escueto resumen de la pieza teatral del Fénix de los Ingenios. Ya he dicho, al principio que mi propósito es desvelar los veneros históricos de los que éste gusta para conseguir esta obra teatral que, a pesar de los siglos transcurridos, sigue agradando y entusiasmando al público.

LAS FUENTES UTILIZADAS POR LOPE

El autor no es coetáneo del lance histórico. Éste ocurre, como ya he dicho en la noche del 22 al 23 de abril del año 1.476, y Lope, modificándolo, lo recoge como argumento de su obra de teatro que se estrena aproximadamente ciento cincuenta años después, cuando ya estaría más que olvidado en toda Castilla y que, cuando ocurrió, aunque tuvo su resonancia, quizá se consideró como un episodio más de la lucha por la Corona que sostuvieron los Reyes Católicos contra Juana la Beltraneja. Sin embargo el pleito que se incoó por la Orden de Calatrava contra Córdoba por la posesión ilegal de la villa todavía estaba sin resolver, ya que el año 1.631 todavía se estaba dictando resoluciones acerca del mismo. No obstante la repercusión de lo ocurrido debió ser grande pues el asunto se menciona no sólo en las crónicas contemporáneas, sino también en las posteriores, lo mismo que en refranes, cantares, etc. que posiblemente sirvieron como motivo de inspiración para el autor. Las posibles fuentes de inspiración del Fénix de los Ingenios son las que a continuación mencionamos:
-La primera y que personalmente considero más fidedigna, dado que es contemporánea a los hechos, es la Crónica del reinado de Enrique IV, escrita por Alonso de Palencia que vivió entre los años 1.423 y 1.492. Solamente hay una nota discordante en ella y es que llama al Comendador Fernando Ramírez de Guzmán en lugar de Gómez de Guzmán. Ello puede ser debido a que en aquella época los apellidos no conservaban la rigidez con la que hoy los utilizamos y dos hermanos podían emplear distintos apellidos, siempre que pertenecieren a la misma familia. Alonso de Palencia nos describe al Comendador de manera diametralmente opuesta a como lo hace Lope y el mismo Rades de Andrada, del que hablaré más adelante, ya que dice de él que era nobilísimo guerrero y estimadísimo con justo título del rey, por sus muchos servicios a la corona, como esforzado adalid y tenaz perseguidor de los aliados del portugués. La descripción que de él hace no puede ser más favorable ya que lo presenta como una persona noble y apreciada por el Rey Fernando el Católico, pues como aliado suyo en la lucha por el poder no solo ha actuado como un valiente guerrero, sino también como inflexible perseguidor del Rey de Portugal, que, como sabemos apoyaba los derechos al Trono de la Beltraneja.
-El otro cronista, ya mencionado, es Francisco Rades de Andrada que en el año 1.572, es decir, casi un siglo después compone su Chorónica de las tres Órdenes de Cauallería de Santiago, Calatraua y Alcántara. Éste posiblemente influido, por la impunidad en que dejaron el crimen los Reyes Católicos, la difamación popular que, a no dudar, recaería sobre Fernán Gómez de Guzmán y porque no consultó la obra de Palencia, cosa que no creemos posible, o por algún otro propósito, hace una descripción del Comendador que no concuerda en nada con la de Palencia y nos lo muestra como un ser prepotente y despreciable diciendo de él: Hizo tantos y tales agravios a los vecinos del pueblo...; ...se les comía sus haciendas y les tomaba por fuerza sus mujeres.
-Este asunto también se recoge en la Historia de Córdoba que escribió Andrés Morales y Padilla, contemporáneo de Lope, pues vivió entre 1.583 y 1.649, y lo explica casi como una copia literal de la Crónica de Rades de Andrada, pero suponemos que Lope no se inspiraría en él ya que Morales terminó su obra en 1.620, cuando ya el autor del drama lo había representado.
-Sebastián de Covarrubias Orozco, en su Tesoro de la Lengua castellana o española que fue publicado en Madrid en 1.611, cita el dicho Fuenteovejuna lo hizo, frase que pone de manifiesto que el crimen del Comendador había quedado impune y que, al emplear esta expresión, quedaba sin castigo un hecho perverso. Opinamos pues que al ser del dominio público lo ocurrido en esta villa, también pudo servir de pista o fuente para Lope.
-También Covarrubias compuso los Emblemas morales, en cuyo caso 97 manifiesta, cuando se refiere al juez que actuó en Fuenteobejuna, Quidquid multis peccatur, inultum est, esto es, el mal realizado por muchos se perdona.
-El mismo Lope, pone en boca de los músicos que actúan en esta obra unos versos que van desde el 1.546 al 1.569 que bien pudieran ser un romance que anduviese en boca del pueblo y que fuese compuesto poco después de la sublevación de la villa. Caso que así fuese, también quizá le hubiese servido de inspiración.
-José Valverde sostiene que Lope también pudo inspirarse en el caso número 21 de los Casos raros de Córdoba que se conserva en la Real Academia de la Historia y que cuenta la muerte del Comendador mayor de Calatrava, Fernán Gómez de Guzmán a manos de los lugareños.
No queremos ser más exhaustivos, pues con los ejemplos manifestados pensamos que hay suficientes para que le sirviesen a Lope como fuente de inspiración, pero como opinión particular considero que posiblemente, aunque conociese las obras expuestas y posiblemente más, el libro que más consultó, ya que lo sigue casi paso a paso, fue la Crónica de Rades de Andrada. Sin embargo, Manuel Cardenal Iracheta en su artículo publicado en el número 11 de la revista Clavileño, sostiene que la redacción de los hechos que expone Alonso de Palencia es falsa y que su propósito es cubrir de odiosidad y oprobio a D. Alonso de Aguilar que, en aquel momento, era Alcalde Mayor de Córdoba. Más arriba he manifestado que esta crónica la juzgo más digna de crédito por ser contemporánea a lo ocurrido, además pienso que un señor tan poderoso como D. Alonso de Aguilar, hermano, por más señas, de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, no hubiese dejado impune a Alonso de Palencia, si lo que éste expone en su historia no se hubiese correspondido con la verdad. También Cardenal Iracheta sospecha que la rebelión de la villa fue amparada por el poder real. En contra de esta consideración existe en el Archivo histórico Nacional un legajo con el número 285-5(1) en el que se recoge un escrito dirigido por los Reyes Católicos a Dª Elvira de Stúñiga y a su hijo el Conde de Belalcázar, Gutierre III de Sotomayor, quienes le reclaman la villa de Fuenteobejuna porque el Rey D. Juan había hecho juro de heredad de la misma al suegro de Dª Elvira, D. Gutierre de Sotomayor, en el que les manifiestan que es su voluntad real que la dicha villa la posea de por vida el Comendador. Este escrito, aparte de poner de manifiesto que los Reyes Católicos no participaron ni directa ni indirectamente en este enojoso caso, nos orienta del lado en el que se encontraba Fernán Gómez de Guzmán en la lucha de los RR.CC. contra la Beltraneja, es decir, en el que sostiene Alonso de Palencia, al exponer que era contrario a ésta y que estos reyes, en un momento bélico tan difícil, no quieren perder un valioso aliado desposeyéndolo de la villa que gobierna y entregársela a los Sotomayor, por muchos juros de heredad que les hubiese hecho el rey D. Juan, ya fallecido. Más adelante hablaré del papel que, a no dudar desempeñó Alonso de Aguilar en la rebelión de los lugareños.
¿QUÉ TOMA LOPE DE LA HISTORIA PARA SU DRAMA?

Ya he dicho que en este trabajo no voy a enjuiciar a Lope como historiador, opuesto que no lo es y, por lo demás, él en ninguna de sus creaciones pretende hacer historia, sino ofrecer al público una pieza teatral que le agrade y le entusiasme, y el asunto histórico que en él cuenta, solamente es un pretexto, al que se ajustará más o menos, para crear su obra.
Más arriba he manifestado que, a mi juicio, la crónica que más se puede ajustar a lo realmente sucedido en aquella madrugada del 22 al 23 de abril de 1.476, es el contemporáneo los hechos que narra, es decir, Alonso de Palencia. Como también creo que Lope tuvo a su alcance, como mínimo, las fuentes que ya he mencionado, considero que se valió de ellas para confeccionar su pieza teatral, tomando de cada una lo que más le interesó. Sin embargo el análisis que a continuación quiero exponer, solamente lo voy a realizar sobre las dos fuentes más importantes, es decir, las crónicas, tanto la escrita por Alonso de Palencia, cuanto la compuesta por Francisco Rades de Andrada.
- Ambas crónicas coinciden en la cruel muerte que todos los vecinos de la villa ocasionan al Comendador. Punto que también toma Lope y así lo deja vívidamente plasmado en su trabajo. Por lo tanto, éste pudo tomarlo de cualquiera de ellas.
- Rades de Andrada manifiesta que el Comendador se apoderaba de los bienes y haciendas de los habitantes de la villa. Alonso de Palencia no hace mención de ello, sin embargo, sí expone que había aumentado considerablemente los impuestos que les hacía pagar. El incrementar los tributos no era un asunto que pudiese acrecer la expectación de los que concurriesen a la representación de la obra, además los señores de vasallos podrían hacerlo en los que les estaba permitido cobrar, sí lo era el que un comendador de la Orden de Calatrava cometiese latrocinio, amparándose en la impunidad que la confiere ser el Señor del lugar.
- Alonso de Palencia no manifiesta que el Comendador, antes de su muerte, le dijese a los villanos que le expusiesen qué quejas tenían contra él y qué agravios les había inferido, puesto que él estaba dispuesto a desagraviarlos. Esto sí lo menciona Rades y Lope lo plasma en su obra. Sin embargo, en la línea de las ofensas, los tres autores coinciden en que Fernán Gómez de Guzmán, sí les dijo a los asaltantes de su casa que estaba dispuesto a pagarles todo lo que les hubiese tomado de más.
- Palencia cuenta que, una vez muerto el Comendador, los lugareños no permitieron que fuese sepultado, negándose a entregarlo a un fraile de un convento que había fundado Gómez de Guzmán, que a duras penas escapó con vida. Igualmente manifiesta que a una vieja que intentó recoger los informes restos en una espuerta, la azotaron. Rades no se explaya tanto sobre el entierro del Comendador, solamente refiere que los amotinados no quisieron entregar su cuerpo a los criados de éste para que lo inhumasen.
- Sobre la incontinencia sexual del Comendador que Rades comenta diciendo solamente que los villanos recibían agravios y deshonra porque les tomaba sus mujeres y Palencia expone de pasada diciendo que, un a vez muerto, los villanos lo acusaron de torpezas y malas costumbres, Lope la transforma en el motivo capital de su obra y nos presenta un personaje que, impulsado por sus torpezas e irrefrenables apetitos sexuales, acosaba a todas las mujeres del pueblo y las sometía a su lujuria. El Fénix de los Ingenios, como buen comediógrafo y conocedor del público de su época, sabedor, además, como él mismo dice y hemos referido, que los asuntos de honra son los mejores porque mueven a mucha gente, recoge este motivo al que los cronistas casi no le dan importancia y junto con la venganza que los lugareños se toman en la persona del Comendador, lo transforma en la idea capital de su composición literaria y, gracias a ambas, el drama ha alcanzado tanta popularidad que le ha hecho rebasar las fronteras del espacio y del tiempo y todavía revuelve los ánimos de los espectadores que se sienten indignados por la conducta lasciva del personaje o enardecidos por la venganza que, por tal comportamiento, se toman sobre él.
El motivo que, a mi juicio, es el que realmente dio pretexto al motín de los villanos y consecuentemente al execrable crimen, es decir, la posesión de Fuenteobejuna, con el importante poderío económico que entonces ostentaba este lugar, ambos cronistas no profundizan mucho en él, ya que Palencia escuetamente manifiesta que volvió la villa al señoría de Córdoba y Rades expone que se encomiendan a esta ciudad la cual la recoge, despojando a la Orden de Calatrava del señorío de la misma. Lope, en su deseo de enaltecer a la monarquía procurando en todo lo posible enfervorizar a los plebeyos en el culto que, como institución representante de la divinidad, éstos le deben rendir, hace que los habitantes de la villa voluntariamente pongan la jurisdicción de ella directamente en manos de los monarcas, expresándolo en los siguientes versos:
ALCANDE ESTEBAN (Dirigiéndose a Fernando V)
Señor, tuyos ser queremos
Rey nuestro eres natural
Y como título de tal
Ya tus armas puesto habemos.
(versos 2.434 a 2.437)
Sin embargo también conoce Lope que esta villa pertenece al alfoz de Córdoba y, por lo tanto, no la puede presentar como directamente dependiente de la Corona, por ello, a las palabras del Alcalde, el Rey le responde:
REY( Al Alcalde Esteban)
Y la villa es bien se quede
En mí, pues de mí se vale
Hasta ver si acaso sale
Comendador que la herede.
¿Intentó Lope, con esta finta política, no colocar definitivamente en mal lugar a la nobleza, ni a la Orden de Calatrava ya que tampoco le interesaba indisponerse con ambas y deja en el aire la posibilidad de que otro Comendador, indiscutiblemente noble y perteneciente a una Orden Militar, posiblemente la misma que la había poseído, vuelva a tomar posesión del lugar?. Lo desconocemos, lo que sí queda patente es que en su drama todos quedan bien parados, el pueblo que, a pesar del horrendo crimen, es perdonado por los Reyes, la Realeza que aparece magnánima y digna de encomio y veneración y, hasta la nobleza, representada en el Comendador, aunque indigno, pero que tiene la posibilidad de redimirse, cuando otra persona más idónea sea merecedora de recuperar el poder y la jurisdicción del pueblo.
Para intentar desvelar, dentro de lo posible, y siempre basándome, como historiado, en hechos reales recogidos en documentos de la época, es necesario hacer aunque sea muy breve un recorrido sobre

LOS ANTECEDENTES HISTÓRICOS Y SITUACIÓN REAL DE CASTILLA EN EL MOMENTO DE LA REBELIÓN

La sublevación de la villa contra su Comendador ocurrió dentro de un enmarque político-social que hay que tener muy en cuenta y es inevitable conocer para desvelar la explicación de la misma. En este hecho concurren varias causas, bien remotas, bien próximas que, al exponerlas, nos ayudarán a dilucidar, dentro de lo posible, por qué sucedió. Entre las causas más lejanas tenemos que considerar:
-Las mercedes reales iniciadas por Enrique II, precisamente apodado el de las Mercedes quien, tras la muerte que causó a su hermano, Pedro I, para congraciarse con la nobleza levantisca le hizo grandes donaciones o mercedes que sus sucesores, aunque en menor medida, repitieron.
-Otra causa que puede explicar el comportamiento de D. Alonso de Aguilar, fue una anterior sublevación de Fuenteobejuna ocurrida en 1.453, o sea, veintitrés años antes de la dramatizada por Lope y que fue dirigida por el padre de D. Alonso de Aguilar, D. Pedro, también Señor de Aguilar y que, si hubiese llegado a feliz término, no hubiese dado lugar a que ocurriese la que comentamos.
-La donación de los lugares de Cazalla y Osuna que el Rey Enrique IV hizo al Maestre de calatrava quien por intereses particulares las cambió por las villas de Fuenteobejuna y Belmez.
Las más cercanas al hecho, es decir las causas próximas son:
-La guerra civil, de la que ya hemos hecho mención, que asolaba las tierras castellanas por la cuestión sucesoria y que enfrentaba, como sabemos a los Reyes Católicos y a Dª Juana la Beltraneja, cada uno con sus correspondientes partidarios.
-El apoyo que la ciudad de Córdoba presta a los habitantes de Fuenteobejuna, que más adelante veremos, en la sublevación contra su Señor.
La batalla de las Navas de Tolosa ocurrida en 1.212, podemos decir que fue decisiva para debilitar el poderío musulmán en nuestra Península. A finales del siglo XIII, ya conquistada la mayor parte tanto de Extremadura, cuanto de Andalucía, la nobleza, lo mismo la laica que la religiosa de las Órdenes militares, recibe un importante impulso, ya que las tierras recién conquistadas son muy extensas y no hay suficientes vasallos para que puedan ser ocupadas como territorios dependientes del Rey o de realengo. Esto obliga a los reyes a que, además de otorgar territorios a los nobles y religiosos que les han ayudado, no les quede más remedio que aumentar estas donaciones, dada la carencia de colonos reales que puedan habitarlos, lo que revierte en posesiones muy extensas acumuladas en muy pocas manos.
Para dilucidar, dentro de lo posible, los motivos que impulsaron a los lugareños a dar muerte a su Señor tenemos que volver nuevamente a las crónicas que nos narran el hecho. Palencia nos presenta a Gómez de Guzmán, como ya hemos dicho, como una persona querida por los reyes, perseguidor del portugués y valiente caudillo, al que, tanto alonso de Aguilar, Alcalde Mayor de Córdoba, cuanto D. Pedro Girón, Maestre de la misma Orden militar a la que pertenecía el Comendador quieren perder. De la misma manera nos expone que ambos, en lenguaje de hoy, habían enviado agitadores políticos que soliviantaron al pueblo para que llevasen a cabo el crimen. Ni Palencia, ni Rades, ni Lope coinciden en la razón por la cual los Reyes Católicos dejaron impune el cruel asesinato. Para el primero, éstos no castigaron a los culpables por los muchos apuros por los que pasaban en aquellos momentos. Yo considero que la falta de castigo está sobradamente justificada, pues pienso que los monarcas podrían considerar la muerte del Comendador como una cosa secundaria ante las prioridades de la guerra que entonces los ocupaba y que, una vez finalizada ésta, dado que el hecho ya se había consumado, no volvieron sobre el asunto. Rades justifica la falta de castigo a los villanos porque los Reyes no lo consideraron necesario cuando se enteraron de las tiranías que sobre ellos ejercía Fernán Gómez de Guzmán y que, ante esta prepotente actitud, el tiranicidio está permitido. Recordemos que S. Isidoro de Sevilla lo justifica cuando dice: Rex eris, si recte feceris, si non non eris.
Lope, en el momento crucial de la justicia real, hace desaparecer como causa del crimen el tema principal de la obra, es decir, los abusos sexuales del Comendador y pone en boca de los reyes razones de imposibilidad para no castigar a los villanos y así manifiesta en los versos del 2.442 al 2.445:

REY: Pues no puede averiguarse
El suceso por escrito
Aunque fue grave el delito
Por fuerça ha de perdonarse
Lo más lógico, dado que basa el argumento de la obra en la conducta libidinosa del personaje, hubiese sido que ésta fuese la causa eximente del crimen al que los Reyes considerarían como justo castigo por los abusos y tropelías que, a lo largo de su drama, son el hilo conductor del mismo
No ofrece ninguna duda que, para Palencia, la muerte del Comendador fue un crimen político, concebido, preparado y ejecutado, aunque no materialmente, como la mayoría de los crímenes políticos de la Historia, por unas personas a las que les estorbaba la forma de actuación de otra. Para ello da las razones por las cuales, tanto D. Alonso de Aguilar, cuanto D. Pedro Girón a quienes no duda en presentar como instigadores del crimen, fueron los motores de su ejecución. Por ello dice que ambos veían con malos ojos la actividad de Fernán Gómez y temían ante los planes que este llevaba a cabo, dadas sus grandes riquezas y, por ello buscaban continuamente la forma de perderlo. Además D. Pedro Girón sentía especial malquerencia contra Gómez de Guzmán y era abiertamente su enemigo, desde el fallecimiento del Maestre Pacheco. La animadversión de Girón hacia Gómez de Guzmán podríamos explicarlo, trayéndolo a nuestros días, como un caso típico de dos importantes políticos del mismo partido, cuyos intereses y actuaciones son contrapuestos y chocan entre ambos por lo que uno de ellos ha de ser eliminado de la formación en la que milita. Sin embargo en esta época, por lo menos en nuestro País, cuando dos políticos se enfrentan no andan a tiro limpio ni acaba uno cruelmente con la vida del otro. Lo que se procura es anularlo dentro del partido, como más de un caso no muy lejano hemos podido comprobar en cualquiera de las formaciones políticas que nos son conocidas.
La inquina de D. Alonso de Aguilar contra Fernán Gómez, seguramente, no era por motivos personales, sino debida al deseo del cordobés por traer a esta villa al dominio de Córdoba por la importancia económica que Fuenteobejuna tenía en aquellos momentos. Este pueblo era uno de los más poderosos dentro de la provincia de Córdoba. Contaría con, aproximadamente, cuatro mil habitantes, la capital tendría posiblemente sólo unas seis veces más. Era un centro eminentemente ganadero y por la magnitud de su producción de lana, los precios de ésta se fijaban en la capital por los que rigieran en la villa. No olvidemos el gran predicamento del que la Mesta gozaba entonces y la fuerza y poder que ostentaba. También hemos de tener en cuenta que, además de la mencionada fuente de riqueza, así de la lana, como de los productos derivados de las ovejas, otra de sus actividades de gran consideración era la explotación de las colmenas. Esta actividad apícola, posiblemente fuese la más importante llevada a cabo por sus habitantes desde la más remota antigüedad, pues Plinio, en su descripción de la Betruria, llama a la villa FONS MELLARIA, es decir, Fuente de la miel. En documentos contemporáneos y de mucho tiempo después, hemos comprobado como a esta villa se le llana Fuanteabejuna, Fuentebejuna y Fuenteobejuna, o sea, Fuente de las abejas, nombres que no dejan lugar a dudas de que su denominación se la debe a ser un lugar en el que la miel era su más importante, si no la principal, fuente de riqueza. Como todos sabemos, este producto era el único edulcorante que, hasta la llegada del azúcar se utilizaba. Además otro beneficio que se extrae de las colmenas es la cera que, junto con la grasa animal y el aceite para los candiles, eran los que solamente se empleaban en la iluminación, con gran ventaja de la cera sobre los demás, pues ésta era la preferida por las clases nobiliarias y la que únicamente se utilizaba para las velas de las iglesias. Estos dos importantes principios de riqueza representaban un bocado muy considerable para que los poderosos de Córdoba permitiesen que continuase arrebatado de su mesa. Por ello, no dudamos que aprovecharían cualquier oportunidad que se les presentase para recuperar tan exquisito manjar. Ya más arriba hemos mencionado el intento del padre de Alonso de Aguilar de recuperar esta villa. Efectivamente en el año 1.453, cuando Fuenteobejuna pasó a depender de la Orden de Calatrava, D. Pedro de Aguilar, padre de Alonso, al mando de las tropas de Córdoba, en un intento de volver a la jurisdicción de ésta las villas de Gahete, Hinojosa, Fuenteobejuna y Belmez, se dirigió contra ellas logrando sólo recuperar el lugar de Belmez, por lo que la operación se consideró un fracaso. Frustración que su hijo intentaría convertir en éxito, cosa que bien ciertamente consiguió.
Rades en su narración, no nos presenta a nadie determinado que organice y gestione la rebelión, solamente nos dice que fue el pueblo entero. No habla de cabecillas, ni menciona en ningún momento la actuación del alcalde de la villa o de sus regidores. La presenta como una explosión popular de ira por el ansia de vengar los ultrajes que el Comendador les infiere a los lugareños. No es admisible que, así sin motor alguno, un pueblo entero se alce en pie de guerra, sin que nadie lo dirija. No podemos pensar que la rebelión se gestase por generación espontánea, ni mucho menos que, una vez realizada la acción y consumada la venganza, no hubiese unos dirigentes, ya en el pueblo, ya fuera de él, con fuerza suficiente para aglutinarlo, bien por miedo, bien por recompensa, para que todos a una, hombres, mujeres y niños, guardasen un hermético silencio y prefiriesen sufrir tortura antes que delatar al cabecilla o cabecillas que lo instigaron a levantarse en armas. Sin embargo, Lope quiere darle a la acción una visión de legalidad y nos presenta una reunión de todos los convecinos que, junto con su alcalde, regidores y resto de autoridades, estudian el problema: la deshonra del pueblo, las afrentas de que todos y cada uno han sido objeto y lo insoportable de la situación. Por ello dado que el rey Fernando, ocupado, como está, en otros asuntos, es decir la guerra contra la Beltraneja, no podrá prestarles ayuda, deciden que el pueblo en pleno vaya a la mansión del Comendador y den muerta al mismo.
Sobre el asunto de la separación de Fuenteobejuna de la jurisdicción de Córdoba, tenemos que remontarnos al siglo XIV, pues a finales del mismo, o sea, en 1.394, le da un privilegio a la capital por el que le promete que no enajenará de ella lugares de su término. El cinco de mayo de 1.442, Juan II en Valladolid emite una ordenanza por la que, de forma general, dictamina que no se puedan separar villas, ni aldeas, ni jurisdicciones y que, si se dieren, se puedan hacer levantamientos contra los que las ocupasen. Tenemos aquí un precepto legal, está emitido por el mismo rey, que justificaría y hasta dejaría impune, el alzamiento de Fuenteobejuna contra su Señor. Sin embargo, a finales del año 1.444, el mismo Rey concede a Gutierre de Sotomayor los lugares de Gahete e Hinojosa como premio por los favores que le había prestado y al mismo tiempo castigaba a Córdoba, por haberse puesto en su contra y a favor del infante Enrique de Aragón. Al deslindar los terrenos correspondientes a estas villas, se incluye en ellas la mitad del de Fuenteobejuna y así, sin concesión expresa por parte del Rey, pasa a pertenecer al de Sotomayor, en cuyo nombre diego de Orellana, la ocupa, pone en ella alcaides, oficiales y horca e incorpora dieciocho leguas de su término. Como es lógico, Córdoba no está de acuerdo con ello y eleva protesta legal ante Juan II, quien el nueve de mayo de 1.448 y desde Valladolid, comunica a la ciudad que está maravillado de que se haya llevado a cabo tal usurpación, puesto que él no ha hecho a Gutierre de Sotomayor merced de esa mitad de Fuenteobejuna, por lo que manda a Córdoba que no consienta en la ocupación. La única forma efectiva y contundente de evitarla era mediante las armas, pero la ciudad, posiblemente no se encontraba en disposición de poderlo hacer y dejó pasar la oportunidad de poner en práctica lo que el Rey le ordenaba. Éste, posiblemente para agradecerle nuevos servicios prestados por Gutierre de Sotomayor, desdiciéndose de lo anterior, le concede la parte de la villa que todavía no había usurpado, por lo que su primo y lugarteniente, Fray Gonzalo de Raudona, se posesionó del resto de la villa, destituyó a los antiguos componentes del cabildo municipal y nombró en su lugar otros nuevos.
Parece ser que a la ciudad de Córdoba no le quedó más remedio que reaccionar violentamente contra esta nueva usurpación. Contaba con dos escritos que la instigaban a emprender una acción bélica. El primero dirigido de forma general para todo el Reino y el segundo enviado expresamente a Córdoba, ambos ya comentados, por los que su actuación quedaría impune, si se decidía a recuperar la villa por la fuerza de las armas. Por ello en el año 1.453 promulga unas ordenanzas que gravan la venta del vino, paños, etc. para recaudar dinero suficiente con el que costear la expedición que se va a enviar para recuperar los lugares de Gahete, Hinojosa, Fuenteobejuna y otros que, como sabemos, estaban en poder de Gutierre de Sotomayor. Al frente de esta empresa van a estar dos cargos de los más importantes del Regimiento municipal cordobés. Uno de ellos es el ya mencionado, D. Pedro de Aguilar, Alcalde Mayor y el otro es el Alguacil Mayor, D. Diego Fernández. Las tropas cordobesas consiguen tomar Belmez y esperan recuperar las otras villas que, injustamente, posee Gutierre de Sotomayor. Esta toma y expectativa de recobrar lo que aún no han conseguido, se la comunica el Cabildo municipal cordobés al de Sevilla en un escrito que le dirige el 21 de marzo de 1.543. Lo que pone de manifiesto que no ha actuado fraudulentamente, ya que lo hace público de manera oficial y que, posiblemente, la ciudad de Sevilla estuviese de acuerdo con la actuación del Ayuntamiento de Córdoba. Como es lógico, Gutierre de Sotomayor reacciona y se queja ante Juan II de la acción llevada a cabo por Córdoba. Éste el día dieciocho de septiembre de 1.453 le envía un escrito al Corregidor de la ciudad, D. Alfonso de Stúñiga, exponiéndole la queja de Gutierre de Sotomayor que protesta porque algunos vecinos de Córdoba han tomado las villas de Gahete, Hinojosa, Fuenteobejuna y Belmez, indicando con esto que las expectativas de recuperar dichas villas que tenía la ciudad se habían cumplido. De la misma manera el Rey le manda al Corregidor cordobés que investigue los daños causados y restituya los lugares a D. Gutierre, así como todo lo que le haya sido usurpado. Éste muere en el referido año y ya no puede llevar a cabo la recuperación, cosa que sí intenta su hijo D. Alonso, casado con Dª Elvira de Stúñiga, madre de Gutierre III quienes, como ya hemos visto, reclamaron a los Reyes Católicos la devolución de la villa, puesto que, para ellos la Orden de Calatrava la poseía injustamente. Las tentativas de D. Alonso de Sotomayor por recobrar estos lugares fueron totalmente infructuosas ya que por unas palabras de un vecino de la villa:
No lo desaban ni le dasaron entrar los vecinos de Fuenteovejuna, ni menos los de la çibdad de Córdoba, que enbió gente a la sazón para que la defendiese del dicho D. Alonso de Sotomayor.
Esto pone de manifiesto que Córdoba llegó a tomar la villa y que hubo, por lo menos, dos intervenciones armadas en las que intentaron arrebatársela y no lo consiguieron. Fuenteobejuna pasa a la Orden de Calatrava por un trueque que hizo D. Pedro Girón, Maestre de esta Orden, por los lugares d Osuna y Cazalla, y, por eso en el momento de los hechos, ya no pertenece a la Orden de Alcántara de la que era Maestre D. Gutierre de Sotomayor, cuya nuera Dª Elvira y su hijo Gutierre III, como hemos visto, se la reclaman a los Reyes Católicos. El canje referido es aceptado por el Rey Enrique IV y la ciudad de Córdoba no tiene más remedio que aceptar, por lo que, finalmente, la villa pasa a pertenecer a la Orden de Calatrava. Enrique IV vuelve a dar muestra de sus veleidades y anula todas las donaciones hechas ya a la Orden de Calatrava, ya a la de Alcántara y es más, autoriza a Córdoba a que recupere por medio de las armas los lugares de Belmez y Fuenteobejuna. La ciudad, en una situación como la mencionada anteriormente, no puede o no quiere llevar a cabo esta acción, por lo que en 1.468 entra en escena el Comendador Fernán Gómez de Guzmán, forçador a injusto detentor, al decir de Córdoba, como Señor de la villa. Puesto que a la ciudad le ha sido autorizada la recuperación de ella, como hemos dicho, algo se debió de empezar a tramar con este propósito, pues el 14 de Noviembre de1.474, el Rey Enrique IV envía una cédula a la ciudad por la que le dice que se reúna con su gente de armas y vaya a D. Alonso de Aguilar dispusiese. Dado este cúmulo de circunstancias es necesario que veamos a continuación el

APOYO DE CÓRDOBA AL LEVANTAMIENTO DE FUENTEOBEJUNA

Ya hemos dicho que Enrique IV, en 1.465, no sólo anula las mercedes hechas a los Maestres de Alcántara y Calatrava, sino que autoriza a Córdoba el derecho de rebelión a mano armada para recuperar los lugares de Gahete, Hinojosa, Fuenteobejuna y Belmez, por ello, cuando Fernán Gómez de Guzmán ocupa Fuenteobejuna en 1.468, el calificativo de forzador e injusto detentor que Córdoba le aplica, nos parece más que justificado. También hemos dicho que en 1.474 enrique IV autoriza a Córdoba a que recupere dichas villas, pero en dicho año muere esta Rey, por lo que D. Alonso de Aguilar, opinamos que permanecería en expectativa ante el cariz que pudiese tomar la cuestión sucesoria, antes de decantarse por un bando u otro y, en consecuencia, conocer si el que triunfase estaría de acuerdo con la recuperación del pueblo. Al comienzo de la guerra civil castellana, Alonso de Aguilar, junto con su cuñado el marqués de Villena, toma partido por Juana la Beltraneja, pero, posiblemente, viendo del lado que se inclinaba la balanza se pasa al bando de Isabel. Posiblemente por este cambio de facción y la inapreciable ayuda que representó para los Reyes Católicos, éstos en 1.475 contestan a una carta del Concejo de Córdoba en la que les pedía que no enajenaran ni apartaran de la ciudad sus villas, castillos, etc. accediendo a dicha petición y además, cosa muy importante, que, cada vez que sea necesario, vayan contra quienes atenten contra dicha propiedad. Tenemos aquí otro documento legal real más por el que a Córdoba se le autoriza, si no se le incita, a que recupere por las armas los lugares que le pertenezcan y estén en manos de los que no sean legítimamente sus dueños. Por ello el mencionado Alonso de Córdoba, el Conde de Cabra y el señor de Montemayor tuvieron que restituir a la ciudad cordobesa los sitios que injustamente poseían. No actuó de igual forma la Orden de Calatrava con las villas del término cordobés que poseía, por lo que éstas, de grado o por fuerza, habrían de ser devueltas al alfoz cordobés, repercutiendo indirectamente en beneficio de D. Alonso de Aguilar que ya era el Alcalde Mayor de Córdoba. Durante el año 1.476, este personaje es ya el dueño de facto de Córdoba. Es el año de la rebelión de la villa que, para nuestro juicio, fue preparada, dirigida y comandada, aunque en la oscuridad, por este señor tan poderoso que entonces regía los destinos de la ciudad y, a no dudar, querría conseguir lo que su padre, D. Pedro, no pudo y llevará a cabo su acción de forma solapada y astuta para que su nombre, por si hay represalias, no aparezca involucrado.
El alzamiento, como ya hemos dicho, se llevó a cabo en la madrugada del 22 al 23 de abril de 1.476. El día veintiocho del mismo mes y año, o sea, cinco días después, se extienden dos documentos por el Concejo de Córdoba en la Venta del Vado, lugar próximo a Fuenteobejuna. Uno de ellos es una carta de procuración otorgada a Pedro Rodríguez Cobo quien, como Procurador de Córdoba, actuará, en nombre de ésta en la toma de posesión de la villa. En el mismo documento se le dice que presente ciertas cartas de los Reyes Católicos sobre la restitución de las villas y fortalezas de Córdoba, ante en Concejo de la villa. El otro documento, el más interesante, es respuesta a una carta enviada por el Concejo de Fuenteobejuna a Córdoba con P. Méndez de Sotomayor, Juan de Sotomayor y el Bachiller de Cea que contestaba a otra carta enviada por Córdoba con anterioridad. La carta de contestación de Córdoba, entre otras cosas dice:
... y porque los dichos veinticuatro Pedro Tafur y Juan de Berrio llevan las escrituras que pedís, atiendan a lo que van a exponerles, pues decís que tanto deseáis el servicio del Rey y Reina...
Pues bien, de Córdoba a Fuenteobejuna, en aquellos tiempos, había dos jornadas de camino; si el día veintiocho de abril, es decir, tres días después de la revuelta, hay comisionados de Córdoba en la Venta del Vado, quiere decir que éstos han debido salir de la ciudad, como muy tarde, el día veintiséis, al recibir noticias de Fuenteobejuna. Noticias que debieron ser enviadas, a más tardar, el día veinticuatro, o sea, un día después de la rebelión; pero éstas son en contestación a otra carta remitida por Córdoba al concejo de Fuenteobejuna, la cual, parece obvio que debió salir de Córdoba antes del motín, dada la proximidad de las fechas. ¿Qué decía la primera carta de Córdoba? ¿Era una garantía de apoyo a la proyectada revolución? ¿Era una promesa de ayuda, o la portaban hombres armados de Córdoba que actuaron entre los de la villa, en el momento de la sedición? ¿Son éstos los incitadores de los que nos habla Alonso de Palencia?. De la misma manera es una incógnita la carta segunda de Fuenteobejuna a Córdoba. ¿ Comunicaba el triunfo de la insurrección y el paso libre a la ciudad para que tomase posesión de la villa?. Es nuestra opinión y creemos que no equivocada que esto sería lo más probable.
Es una lástima que dichos documentos no hayan aparecido, cosa por lo demás que consideramos lógica si, como suponemos, respondían afirmativamente a las preguntas que hemos formulado, pues, en tal caso, las mandaría destruir alguna persona sumamente interesada en ello y a quien no le viniera bien que estos escritos apareciesen (¿podría ser D. Alonso de Aguilar?), o acaso las conservó en su archivo personal y todavía no han sido encontradas, porque, triunfase o no el motín, si dichas cartas hubiesen aparecido, quedaría patente la intervención de la ciudad, con lo que la Orden de Calatrava la inculparía y quizá los Reyes Católicos, ante unas pruebas tan evidentes, le hubiesen pedido responsabilidad por promover alborotos y haber sido la causa, directa o indirecta, de la muerte del Comendador.
Pero, aunque los referidos escritos no, hasta el presente, no hayan aparecido, creemos que no es muy aventurado suponer que la carta que Córdoba envió a Fuenteobejuna trataría de la legalidad de la rebelión en virtud de los documentos de los Reyes Católicos, ya referidos, en los que se autorizaba a la ciudad a recuperar sus villas y fortalezas, y a la que Fuenteobejuna responde pidiendo dichas escrituras para, en virtud de ellas, quedase exculpada tras el amotinamiento -cosa que todos sabemos que así ocurrió-, por ello, como más arriba hemos dicho, Córdoba vuelve a contestar manifestando al Concejo de la villa que los veinticuatro Pedro Tafur y Juan de Berrio llevan las escrituras que les piden y éstas son las que, por la carta de procuración mencionada, han autorizado a Pedro Rodríguez Cobo a que presente y que serán leídas en la toma de posesión de la villa por Córdoba.
No sólo D. Alonso de Aguilar y el Concejo cordobés estaban interesados en la ocupación del pueblo, también el Cabildo Catedralicio tenía cuentas pendientes con el Comendador, pues el Obispo de Córdoba, D. Pedro Solier había conminado al Comendador y a su hermano a que le devolviesen los diezmos eclesiásticos de los que se habían apropiado indebidamente. Por eso, una vez tomada la villa por Córdoba, el treinta de abril de 1.476, D. Juan Martínez, beneficiado de la iglesia de S. Pedro de Córdoba y vicario, se dirige al Concejo de Fuenteobejuna en reclamación de ochocientos mil maravedíes en concepto de los diezmos de pan, de menudo y de vino que el Comendador ha retenido injustamente en su poder y, dado que éste ha muerto y sus bienes han sido secuestrados por el este Cabildo municipal, a él se dirige el mencionado Juan Martínez para reclamarle el importe mencionado.
Con todos estos antecedentes y documentos legales, unos aparecidos, otros no, la ciudad de Córdoba ya no encuentra inconveniente alguno para proceder a la

TOMA DE POSESIÓN DE LA VILLA DE FUENTEOBEJUNA

El veintinueve de abril de 1.476, o sea, seis días después de la muerte del Comendador, a las diez de la mañana y en la ermita de S. Sebastián, se hallan presentes representantes del Concejo municipal de Córdoba y del de Fuenteobejuna, así como el Alcalde Mayor por el Rey, Pérez de Saavedra. Los primeros son el Alcalde Mayor de Córdoba, Juan de Berrio (hemos visto que, en otros documentos, figura como caballero veinticuatro) y los veinticuatro Pedro Méndez de Sotomayor, Juan de Sousa, Pedro Tafur y Gonzalo de Cea. Queda patente documentalmente que un representante de los Reyes está presente con los caballeros de Córdoba. Si los Reyes no han autorizado esta toma de posesión, si no han estado, entre bambalinas, enterados de lo que se tramaba, ¿por qué un delegado suyo se encuentra junto a los cordobeses cuando llega el momento del cambio de jurisdicción de la villa a Córdoba?.
El Cabildo de Fuenteobejuna, creemos que estaba representado en pleno, pues están presentes el Alcalde Mayor, Alfonso García Agredano, los alcaldes ordinarios Pedro Mateos y Fernández Mercedero, el alguacil Martín Blázquez de la Haba, así como los jurados, Pedro Ruiz, Pedro Alfón de Alijandre, Pedro García Alejandre y el escribano de la villa, Alfonso Fernández de Morales. Se exhiben y leen cuatro documentos: dos son del veinte de abril de 1.475 –las cédulas de los Reyes Católicos por las que les autorizan a rebelarse- y dos del veintiocho de abril de 1.476.
Los de Córdoba instan al Concejo de la villa a que, en virtud de la documentación aportada, se sometan a la jurisdicción de Córdoba. A la hora de la Salve, como dice el documento, es decir, por la tarde, los oficiales del Concejo de la villa, así como muchos vecinos de la misma rogaron y pidieron por merced a los señores de Córdoba, estando éstos en los mesones que son fuera de la villa, que les plogiese entrar e entrasen por la puerta de la calle Maestra.
La toma de posesión de la villa se llevó a cabo con todos los pronunciamientos legales de la época y, como hemos dicho, incluso en presencia de un delegado real. Los Reyes, como sabemos, enviaron un juez pesquisidor que inquiriese sobre el asunto y castigase a los culpables, caso de que fuesen hallados. Conocemos que las indagaciones resultaron infructuosas, ante la actitud de hermético silencio de los habitantes del pueblo, por lo que éste fue exonerado de toda culpa. Pero, nos preguntamos ¿Pusieron los monarcas todo su celo en que la muerte del Comendador fuese punida, o sólo se limitaron, dado que también tenían interés en ello, a cubrir el expediente, sobreseer el asunto y dejarlo tal y como estaba?.
Por todo lo anteriormente expuesto consideramos que la sublevación de Fuenteobejuna no se debió a una explosión de ira popular de unos vecinos airados por las ofensas sobretodo sexuales, como dice Lope, que el Comendador infringía a sus mujeres, ni por los desmanes que en asunto de pechos y tributos eran objeto por parte de Fernán Gómez de Guzmán. Detrás de todo esto que, ciertamente puede temer un viso de verosimilitud, laten unos intereses muy importantes, tanto por parte de Alonso de Aguilar, el Cabildo municipal cordobés y hasta del Cabildo catedralicio para que la villa volviese a la jurisdicción cordobesa y no la recuperase la Orden de Calatrava que, aunque inició un pleito para recuperarla, no lo consiguió y, como hemos dicho, en el año 1.631, es decir ciento cincuenta y cinco años después, se estaban emitiendo resoluciones sobre el mismo.




























Manuel Villegas Ruiz