3/8/08

CAPITULO IV LA MONOTONÍA Y SU RELACIÓN CON LA EFICACIA

Valoración de la monotonía
La monotonía se considera a menudo como el anatema de la eficiencia moderna: se alega que el trabajo repetitivo convierte a los hombres en robots y que destruye los valores humanos tales como el orgullo del trabajo propio y la individualidad. Existe la creencia general de que el aburrimiento y la insatisfacción son comunes en nuestro método actual de producción. Son cuestiones que merece la pena considerar el grado en el que las personas que realmente no tienen que hacer el trabajo aprecian estas condiciones en una situación y el grado en que realmente influye sobre la producción el aburrimiento
Algunas definiciones.
Los términos “monotonía” y “aburrimiento” se han usado para describir los efectos nocivos de trabajo repetitivo. Estos términos tienen connotaciones algo distintas y deben definirse más específicamente. Un autor ha señalado que leer un libro puede ser aburrido aunque no abunde en repeticiones, y que el trabajo repetitivo, pero que no requiera atención, puede no serlo. Sugiere que el término “tedio” puede aplicarse a los efectos perjudiciales de la actividad repetitiva. Esta utilización del término se acerca mucho a las formas en que han realizado la mayor parte de los trabajos sobre este tema
Nosotros empleamos los términos “tedio” y monotonía” para describir el estado de un ánimo causado por el trabajo repetitivo. Se refieren a la experiencia de monotonía, sin que este término implique un disgusto o adveración emocional. “Aburrimiento” se utiliza como un término más inclusivo, abarcando la actitud desfavorable de la persona y el carácter de su opinión sobre la tarea que realiza.
De esta distinción se desprende que el aburrimiento resultará más afectado que la monotonía por los siguientes factores.
1) La personalidad de la persona.
2) La actitud y el humor de la persona
3) La percepción de la tarea realizada.
Esto significa que los individuos pueden no estar de acuerdo sobre qué tarea es más aburrida; las personas pueden aburrirse más un día que otro, y algunas personas pueden adaptarse con más facilidad a las tareas aburridas que a las monótonas.
En un interesante estudio se rotó a diez personas entre cinco tareas repetitivas. Estuvieron un mes en cada tarea, y se les pidió luego que las valorasen de 0 a 5, de acuerdo con el grado de aburrimiento que, a su juicio, merecieron. El cero se asignaba al trabajo que estuviese totalmente ausente de aburrimiento y el cinco a aquellos que estuviese siempre presente. Hubo acuerdo sobre uno de los trabajos, las diez personas le asignaron su primer o segundo grado de aburrimiento y debe valorarse, por tanto, como uno de los trabajos más aburridos. El acuerdo cesó aquí, sin embargo, dos de los otros trabajos recibieron una de las valoraciones altas, un trabajo recibió una valoración de este tipo, mientras que el último trabajo recibió cinco valoraciones altas. Los promedios de aburrimiento dados a los trabajos realizados fueron: 4, 22, 42, 31, 7 y 1,7. Las diferencias individuales en el grado de aburrimiento experimentado se indican por las valoraciones medias dadas a las cinco tareas por cada una de las diez personas. Estas variaron de 1,8 a 2,9. Los autores del estudio señalaron también que la inteligencia superior a las tendencias de extroversión incrementa la susceptibilidad de una persona al aburrimiento. Un estudio realizado en los Estados Unidos demostró la existencia de una relación entre el aburrimiento y la mala adaptación. Esto indica que el aburrimiento es una experiencia compleja, influida por la personalidad y la inteligencia, así como por la actividad realizada.
Antes de proseguir con el problema del aburrimiento es conveniente relacionar los efectos de la actividad repetitiva con la realización del trabajo. Podemos dar por sentado que la experiencia de aburrimiento o monotonía puede acompañar a tal actividad y que sostener que la monotonía es un estado mental sería la opinión más conservadora.
Hallazgos industriales
La monotonía y el aburrimiento se convierten en temas específicos bajo el encabezamiento general de fatiga, sólo cuando puede demostrarse que la realización del trabajo que los produce ocasiona una disminución en el trabajo. Además esta disminución debe ser el resultado de alguna otra fatiga distinta a la muscular.
Los estudios ingleses, en general, están de acuerdo en indicar que el estado mental de monotonía se relaciona con fluctuaciones definidas en la producción y con un descenso en la producción. En uno de los estudios más exhaustivos se demostró esta relación indicando:
1) Que la producción era baja y variable durante los periodos en que se experimenta el aburrimiento.
2) Que la producción de los individuos que se sentían más aburridos era más baja y variable que la de los individuos que no se aburrían.
Los efectos de la monotonía se manifestaron hacia la mitad del periodo de trabajo y desaparecieron al acercarse éste a su fin, produciendo lo que se llama el “esfuerzo final” en la curva de producción. Durante el estado de aburrimiento los trabajadores estuvieron inquietos y en tensión, el tiempo parecía pasar lentamente. El grado de la monotonía dependía no sólo de la naturaleza repetitiva de la tarea, sino también del grado de atención requerido. Los investigadores norteamericanos han puesto en tela de juicio algunas de estas conclusiones. La estrecha relación entre la experiencia de aburrimiento y la producción no se produjo; las diferencias individuales fueron muy marcadas y no se dio la disminución de la actividad en el intermedio del día. Se está de acuerdo, sin embargo, en que los trabajadores tienden a ir más despacio, charlar, y estar más inquietos y mostrar una producción variable cuando están aburridos. Se halló también que el efecto motivador del final del periodo de trabajos que causa un esfuerzo final es una característica de las tareas repetitivas.
Complica las cosas que no se encuentren una necesaria, en estrecha relación entre la productividad y el estado de ánimo. Dicho de otro modo, tanto la productividad como el estado de ánimo están influidos por una serie de factores que puede que sean comunes a ambos, cada uno de esto está influido por unos factores especiales. Se desprenden entonces que lo que piense el trabajador mientras realiza el trabajo repetitivo influye sobre el modo en que le afecta el trabajo. Dejar vagar el pensamiento es la única forma de escapar de la monotonía. Si el soñar despierto no impide la aptitud para realizar un buen trabajo, es probablemente una adaptación provechosa, pero si es necesario tener una vigilancia constante, puede causar errores y accidentes. Evidentemente la mejor adaptación al trabajo repetitivo variará con la naturaleza del trabajo. Volveremos a este tema después de analizar la naturaleza del aburrimiento.
Una buena parte de la pérdida en la producción en el trabajo repetitivo se debe al aburrimiento y no a la fatiga, como lo indica el hecho de que:
1) Los efectos de la monotonía de la tarde no exceden de los de la mañana, como podía acusarse de la fatiga acusada.
2) La proximidad del final de la jornada tiende a borrar los signos de la monotonía.
4) Los trabajos inteligentes están más sujetos a los errores de la monotonía que los menos inteligentes.
Estos hechos indican que es importante conocer los efectos mentales del trabajo repetitivo, los cuales nos ayudarían a encontrar los medios de eliminar esta circunstancia mental.