22/3/13

¿DE QUÉ NOS QUEJAMOS?


España entera está escandalizada por lo ocurrido en pozuelo de Alarcón. No es sólo en este lugar donde suceden estas cosas, aunque en otros no se haya llegado a acosar acorralar, amenazar y agredir a la policía, destrozar ingente cantidad de mobiliario urbano e intentar quemar una comisaría de policía.

Son muchos los lugares de España en los que estos “inocentes” jóvenes con las juergas del botellón tienen amedrentados a los habitantes de un determinado barrio de una localidad.

La mayoría de los ayuntamientos optan por hacer la “vista gorda” y la mejor solución que ofrecen es acotar un lugar en el que los fines de semana estas “candorosas criaturitas”, den rienda suelta a sus instintos más abyectos, se emborrachen, se droguen, molesten a todo el vecindario, destrocen el mobiliario público y, como si hubiese pasado una piara de cerdos, dejan el lugar como una auténtica cochinera. Muladar que, después, han de limpiar los servicios de higiene de los ayuntamientos costeados por los dineros de todos los ciudadanos que no hemos tenido arte ni parte en ello, pero sí sufrido sus consecuencias.

¿Y nos quejamos de esto? ¿Nos rasgamos las vestiduras por estas vandálicas actuaciones?

¡Qué poca memoria tenemos para lo que queremos! Ya no nos acordamos de que Alfonso Guerra dijo que los socialistas iban a poner a España que no la conocería ni la madre que la parió.

También se nos ha ido de la memoria la famosa “movida madrileña”. Gestada, promovida, incitada, impulsada y alentada por Tierno Galván (si puede que descanse en paz donde esté) y que fue el germen del actual botellón y de tantos desmanes de nuestros jóvenes. Antes de ella no había botellón. Lo más, cuatro o cinco amigos se juntaban para comprar la bebida más barata en un supermercado y disfrutar de ella juntos, sentados en un parque o escalón de una vivienda. No dudamos en que los hemos visto casi todos.

Hemos perdido del recuerdo que “este viejo profesor” (el de que las promesas de las campañas electorales eran para no cumplirlas) influyó en la actitud desmandada de los jóvenes madrileños que, después se ha extendido por todo nuestro País.

Este benemérito e insigne prócer, ya no lo recordamos, desde una de las ventanas del Ayuntamiento madrileño, después de una perorata dirigida a los jóvenes del “foro”, les dijo: “¡Muchachos!: ¿Estáis todos colocados? ¿No? Pues a colocaros. ¿Qué alentó con ello?

Es incontrovertible que la responsabilidad de la educación es de los padres, pero también de los profesores, así como de nuestras autoridades, pero no olvidemos que el ser humano es un animal (con su parte, volitiva, intelectiva y espiritual, pero animal. La Evolución lo dice) y la mejor forma de enseñar a los animales, hasta ahora está demostrada es el palo y la zanahoria. Que se lo pregunten a los adiestradores de animales.

No somos partidarios del castigo físico, pero reconozco que un cachete, azote o un coscorrón a tiempo vienen de maravilla para corregir un capricho innecesario o enderezar una conducta que empieza a torcerse.

Hay un dicho muy español que reza: “El hombre como el arbolito, desde pequeñito”. A los nuevos planteles de árboles, (estamos harto de verlo en nuestras calles), les colocan rodrigones a los que los atan para que el árbol crezca derecho y no se tuerza.

¿A qué podemos sujetar nuestros jóvenes para que crezcan derechos? ¿A las leyes? Hay muchas pero casi ninguna se cumple. ¿A la autoridad de los padres o a la de los maestros? Tanto unos como otros han perdido ese privilegio. A más de un padre o una madre los ha castigado un juez a la cárcel por dar un cachete o un azote a su hijo. Más de un maestro ha sido agredido por un alumno sin posibilidad de defenderse y con la intimidación de una denuncia, simplemente por haber llamado la atención a un jovenzuelo díscolo

Claro, estos angelitos, ante esos ejemplos se envalentonan y amenazan a padres, maestros y superiores con denunciarlos, pues la ley está de su parte.

¿Qué responsabilidad de educación se les puede pedir a los padres cuando una ministra propone una ley, que se aprobará, para que una niña de dieciséis años siegue la vida de un nonato sin consultarlos siquiera? Si esto es en un caso tan grave que raya el asesinato, ¿Qué fuerza tienen unos padres para hacerse obedecer en cosas menores?

¿Cómo les vamos a pedir a nuestros jóvenes que sean sinceros, no mientan y digan siempre la verdad, cuando están viendo que el Presidente de su Gobierno es un mendaz, empedernido y que está pretendiendo engañar a todos los españoles desde que llegó al poder y que niega lo evidente de forma empecinada?

¿Qué valores se les puede inculcar a nuestra juventud que tiene ante sus ojos el ejemplo de los políticos? (No decimos todos): embusteros, embaucadores, tránsfugas, corruptos, “chorizos” (Gracieta de Alfonso Guerra que no contó con que en su familia hay una fábrica de estos embutidos). También éste dijo que los socialistas podrían meter la pata, pero no la mano. Cuando tuvieron el arca de los dineros a su alcance, bien que lo hicieron.

¿Qué valores, se le pueden inculcar a un adolescente que esta viendo en la televisión cómo triunfa la desvergüenza, la hipocresía, la mentira, el escándalo y la estupidez por un poco de dinero?

Todo esto es un elenco de actitudes, comportamientos, permisividades y pasividad que influye en las mentes, aún no formadas, de nuestra juventud para que, al no tener rodrigón que la sostengan crezcan torcidos y sin una referencia de valores por la que se sientan estimulados.

Hagamos examen de conciencia todos: Los padres, los profesores, los políticos los medios de comunicación. Carguemos cada un con nuestra culpa y demos un giro de 180º a nuestra actitud ante la vida. Revisemos los ejemplos que damos y acabemos de una vez con tanta permisividad, tolerancia, decir que todo está bien. Apartemos tanta podredumbre que nos circunda y pidámosles a nuestros próceres y dirigentes que pongan remedio eficaz y definitivo a esta situación, si no, tendremos lo que nos merecemos. ¿De qué nos quejamos?



Manuel Villegas Ruiz