22/3/13

CORRUPCIÓN GENERALIZADA Y FRAUDE A HACIENDA




No deseo que nadie suponga que con estas reflexiones voy a defender o justificar ambas actitudes execrables de por sí, ni que intento explicar lo inaceptable.

Pretendo exponer la similitud y mimetismo que existen entre ambas rechazables por las personas honradas.

Es un tópico decir que para los españoles el tercer motivo de preocupación es nuestra clase política, pero ¿por qué?

La justificación es bien simple y del dominio público.

Elegimos a nuestros gobernantes para que se preocupen de todos los que les pagamos el sueldo, por cierto muy bueno. Pero, una vez elegidos ¿Cómo se comportan? ¿Cuidan el interés de los que los han aupado a ser los rectores del país? No.

¿A qué se dedican? Salvo honrosas excepciones a aprovecharse de su cargo y a lucrarse de lo que no es suyo, o sea, de los impuestos que, con tanto sacrificio pagamos los españoles. A discutir si son galgos o podencos y no solucionar los problemas que sufrimos los que habitamos en esta desventurada España.

No distingo entre una jarca política y las otras. Todas van por la misma senda. ¿Por qué?

Ya dijo cierta ministra que el dinero público no era de nadie, por ello se sigue que lo que no es de nadie cualquiera puede apropiárselo. ¿Quiénes son los que se benefician de él? Los encargados de dedicarlo a mejorar la vida de los contribuyentes.

Lo más inaceptable de todo es que no tiene un rechazo frontal y una actitud intransigente por parte de los ciudadanos. Se acepta como un decorado más del paisaje político en el que estamos todos incluidos.

El otro día en una radio oí decir a un periodista que el grado de corrupción de los políticos españoles era poco más o menos que aceptable ya que aún no se habían alcanzado las cotas que hay en los de nuestro entorno.

¡Habráse visto mayor pasividad ante un hecho inaceptable! ¡No señor! Un solo corrupto no se puede tolerar porque está lucrándose del dinero de todos y cada uno de los que con tanto esfuerzo se lo entregamos para que lo administren honradamente y con nitidez.

Por esta indiferencia es por la que los que roban nuestros dineros quedan impunes y no pagan con cárcel el delito cometido ni devuelven lo robado.

El fraude a la Hacienda pública ha sido, es y será, un deporte para todos los españoles que puedan ejercitarlo. Tampoco está mal visto por los demás. Tanto que lo toleramos sin denunciarlo ni hacer que los defraudadores paguen lo que nos hurtan, lo mismo que los políticos no sufren la pena por lo que de bobilis bobilis engrosa su bolsillo.

Pero, ¿Le podemos pedir cuenta a los que defraudan? Ya lo creo que sí, pero ocurre que el espejo en el que se miran, o sea, nuestros rectores, está tan sucio que no se reconocen como estafadores de los demás.

Si una edil carga al erario común el importe de un helado, ¿Cómo va a tener conciencia de que obra mal quien paga en dinero negro, no declara sus ventas, o explota a trabajadores sin que están debidamente legalizados y protegidos?

Si hay empresarios que no contribuyen por lo que ganan y se llevan el dinero fuera de España, ¿Le podemos exigir a un desempleado que haga una factura por una chapuza e ingrese el IVA a Hacienda?

De pequeño me enseñaron que había que respetar a los mayores en edad, saber y gobierno, si los mayores en gobierno no son dignos de ser respetados, ¿Se nos puede exigir que los respetemos?

Si el ejemplo que nos dan es tan deleznable, ¿Cómo podemos pedirle al pobre desempleado que cumpla su deber con el erario público?

Si estamos inmersos en un estado tal de corrupción, política, económica, empresarial y sindical ¿Quien o quienes son los responsables? Los rectores de esta desventurada España.

Hace falta una regeneración total comenzando por todos los empresarios, deportistas, dirigentes, políticos, sindicales, etc. para que el pueblo tenga un espejo digno en el que mirarse e imitar.



Manuel Villegas Ruiz

Doctor en Filosofía y Letras (Gª e Hª)