30/4/10

VELO, SÍ; VELO, NO

Quiero dejar bien sentado que no deseo entablar ninguna polémica con D. Gaspar Rul-lán Buades, profesor por el que siento respeto, dados sus vastos y profundos conocimientos y su pedagógica forma de exponerlos.
Pero sí deseo hacer algunas puntualizaciones sobre su escrito publicado en EL CÓRDOBA del 29 de abril del presente.
Primera: Aunque los adjetivos laico y aconfesional puedan ser intercambiables. España, desde la aprobación de la Constitución Española de 1978 es un estado aconfesional. Nuestra Carta Magna así lo define y opino que ésta debe ser la forma de llamarlo.
Segunda: El profesos Rul-lán, creo que inadvertidamente, ha orillado la mayor de esta discusión sobre el velo.
La cuestión no es “Velo, sí, Velo, no”. Eso es lo que los medios de comunicación y posiblemente también los políticos han querido extender por todo el país, lo mismo que, cuando lanzamos una piedra a un estanque produce unas ondas que se expanden a todo lo largo y ancho del mismo hasta llegar a sus confines, produciendo presión y cuya influencia hace que se produzcan discusiones, sin entrar en el fondo de la cuestión y que, al mismo tiempo distraen al pueblo de asuntos más importantes y perentorios
La mayor, o razón profunda del problema es que una adolescente, española y musulmana ha querido imponer su criterio a un Instituto que, con la concurrencia de la comunidad educativa, padres y personal docente, han aprobado unas reglas internas para mejor funcionamiento del centro.
Entre otras, la no asistencia a clase tocados con pañuelo, gorra o cualquier otro elemento.
Ningún muchacho o muchacha, que sepamos han intentado transgredirlas, salvo ella.
Si se hubiese tratado sólo de llevar velo, a 500 mts. tenía otro Instituto en el que estaba permitido dicho atuendo.
No, ciertamente, no. Se empecinaba tozudamente en imponer su voluntad, creando un estado de opinión que ha dividido otra vez, por un asunto nimio a los españoles.
Los estados democráticos se rigen por las leyes que aprueban los delegados del poder del pueblo y, que todos, tenemos que cumplir.
Las asociaciones deportivas, recreativas, colegiales o de cualquier clase aprueban unos estatutos que todos sus miembros han de acatar y cumplir. El que no lo desee que deje de pertenecer a dicha asociación y basta.
Voy a poner un ejemplo muy simple pero creo que ilustrativo.
La comunidad de propietarios de un determinado edificio aprueba por mayoría absoluta que en él no debe haber perros.
Todos cumplen y acatan lo estatuido.
Un día un propietario compra otro piso y alquila el que poseía.
El inquilino tiene un perro. El presidente de la comunidad le comunica que, según los reglamentos de la misma, estos animales están prohibidos.
¿Acata lo ordenado? ¡No, ni mucho menos!, coacciona, lo pone en conocimiento de los medios de comunicación y presiona todo lo que puede para que la comunidad sea conocida como enemiga de los animales y su osadía llega al extremo de querer que cambien las normas comunitarias.
En nueva junta de propietarios ser ratifica la determinación primitiva, por lo que no le queda más remedio que acatarla.
Opino que algo semejante ha ocurrido con el asunto del velo. Había una voluntad manifiesta tozuda y carente de razón para que la chica triunfase sobre la comunidad educativa del Instituto, imponiendo su criterio.
Eso es lo que está ocurriendo en España, los árboles no nos dejan ver el bosque, la hojarasca hace que no pisemos tierra firme y nos perdamos en baladíes discusiones sin sentido haciendo que el alboroto y la algarabía se impongan, sin entrar nunca en la médula de los asuntos. La eterna discusión sobre si son galgos o podencos.