6/4/10

¿EN QUÉ PAÍS ESTAMOS?

EN DEFENSA DE LA VIDA

No, no lo entiendo. No sé en qué lugar del mundo vivo. Desde muy pequeño, mis padres, mis profesores, en el colegio, en la facultad, me enseñaron (vuelvo a decir lo se desde crío) que los humanos teníamos la obligación de proteger la vida bajo todas sus manifestaciones: plantas y animales, ya fuesen racionales o los llamados irracionales, aunque éstos, algunas veces se comporten con más raciocinio que los que conocemos como humanos.
También aprendí que había culturas que consideraban la muerte de un ser humano como algo agradable a la divinidad, ya fuese ésta el Moloc de los asirios-babilonios, los sacrificios humanos de los egipcios, griegos, celtas, aztecas, incas, o bien en los tiempos de Roma que, por cierto los suprimió en el 97 a.C. (ya hace tiempo ¿verdad?).
Esos momentos históricos han sido relegados y son páginas vergonzosas del llegar a ser de la Humanidad que, por dignidad y por coherencia con los Derechos Humanos, a los que todos pretendemos defender, debemos pasar, dar por canceladas y hacernos el propósito de que jamás vuelvan a ser escritas.
Pero he aquí que en el País en el que supuestamente vivo, dado que he llegado a dudar lo de vivir, se está a punto de promulgar una ley que, si los Dios no lo remedia, hasta será aprobada por nuestro Rey, (sí, sí, por nuestro Rey) en la que se permitirá la muerte de un ser humano.
No es un prisionero de guerra como hacían los incas, los aztecas o tantos otros pueblos, sino la de un ser indefenso e inerme que no tiene voz ni sitio en esta sociedad que tan cómodamente nos hemos creado.
Al que pocos o casi nadie defiende. Al que este Gobierno, tan valedor de lo que por derecho le corresponde a toda criatura viviente, no considera un ser, una persona viva.
¿Acaso algún componente de los que nos rigen ha llegado a oír el latido del corazón de un feto mediante una ecografía? ¿Eso no es vida? ¿Qué es entonces?
Se afanan en defender los derechos de cualquier bicho (con todo respeto) viviente, pero es que un feto, según ellos, no es ni siquiera un bicho viviente. Es una cosa que a alguien molesta y hay que eliminar de cualquier forma.
Para eso nuestros gobernantes se devanan los sesos y se apresuran a confeccionar una ley que permitirá matar (sí, sí, matar) una vida que, aunque ellos no lo consideren así, comenzó su andadura en el mismo momento de su concepción, es decir desde que el espermatozoide se introdujo en el óvulo.
Que le pregunten a los que saben de ello, biólogos, médicos, científicos en general, cuándo comienza la vida.
Pero eso no tiene importancia, aquí lo único que hay que salvaguardar es el progresismo y los derechos de la mujer y no los del se que esta formándose para llegar a cumplir la etapa de su vida que es la de feto, para alumbrar, en su momento, como ser humano.
Creo que este progresismo lo que hace es retrotraernos a las etapas mas oscuras de la Humanidad de las que he hablado antes y que es un crimen repetirlas.
Considero que todos debemos de comprometernos en la defensa de la vida. Me parece bien que con el dinero de los contribuyentes se financien programas para salvaguardar la existencia de los animales en vías de extinción.
También opino que es de nuestra responsabilidad salvaguardar la vida de ese animal racional que hemos dado en llamar hombre. No, ciertamente, por ahora no está en vía de extinción, pero en verdad tiene tanto derecho a vivir como cualquiera de los otros animales que tanto nos preocupamos en preservar.
Pero lo degradante, lo inhumano, lo verdaderamente terrible es que a este ser se le está eliminando sin posibilidad de que se defienda. Cuando está en el vientre de la madre. Precisamente en la etapa de su vida en la que depende totalmente del ser que lo gesta
Se hace necesariamente obligatorio que todos que todos nos comprometamos y pongamos los medios a nuestro alcance para que este Gobierno no lleve a cabo su propósito.
El primero en comprometerse debería ser también el primero de los españoles: el Rey, sí, sí el Rey. He oído que la Reina es vegetariana porque, como todos los vegetarianos, no quiere comer la carne de un animal que ha sido sacrificado.
Siguiendo con esa coherencia tampoco se debe permitir que se elimine a un ser humano indefenso.
Nuestro Rey bien podría tomar ejemplo de Balduino de Bélgica que en diciembre de 1989 renunció al trono del país al que tanto amaba para no firmar la ley del aborto que sus ministros proponían y que con la falacia de que era un bien para la nación intentaron convencerlo. La respuesta que dio fue lapidaria: “Me he embarcado solo con mi conciencia y con Dios. Ni el Papa mismo cambiaría mi decisión”.
La ley salió adelante, pero Balduino pudo dormir tranquilo con su conciencia sin mancha.
Juan Carlos, ese es su ejemplo, a seguirlo.

Córdoba, abril 2010