24/4/10

PERVERSIÓN

Vivimos inmersos en una Sociedad perversa.
¿Qué exagero? ¿Que no me creen?, ¿Qué no tengo razón? ¿O acaso es que miento?
Demostraré que no exagero, que posiblemente estén de acuerdo conmigo, que la razón me asiste y, finalmente, que no miento
Quien se digne leer lo que a continuación expondré, posiblemente llegue, tras leerlo, a coincidir con la premisa enunciada al principio.
Vayamos al origen latino de la palabra. En esa lengua perversio significa dar la vuelta, estado de error o corrupción de costumbres.
Veamos qué nos dice el Diccionario de la Real Academia. Éste señala, principalmente tres acepciones que expongo a continuación:
1.- Sumamente malo, que causa daño intencionadamente.
2.- Que contiene maldad o perversión.
3.- Que corrompe las costumbres o el estado habitual de las cosas.
Doy de lado a las dos primeras, de las cuales también habría mucho que hablar y me centraré en la tercera que es la que más coincidencia presenta con el significado prístino de la palabra latina.
Admitamos pues, más altas autoridades coinciden en ello, que la perversión consiste en un estado de error o perversión de costumbres.
¿A qué se debe, por tanto, que yo mantenga que vivimos en una Sociedad perversa?
Una explicación muy simple lo sustenta. La comunidad de la que formamos parte ha perdido y llegado a despreciar la piedad. ¿Acaso se ríen? Ya se que a algunas personas mencionar algo que tenga cierto tufo de religiosidad les produce hilaridad.
No me refiero a la piedad como un acto de religiosidad, aunque también podría hablar de ello.
La evoco y me sirve de sustento para lo que deseo decir porque el significado primigenio en lengua latina de la palabra pietas (piedad) es: Un sentimiento que impulsa al reconocimiento y cumplimiento de todos los deberes para con la divinidad (en sentido general), los padres, la patria, lo amigos, en una palabra de todos aquellos con los que convivimos, sean éstos grandes o pequeños.
Veamos, ahora, si existe piedad hacia los antes mencionados:
Los padres (no todos)
¿Tratan los padres a los hijos como éstos se merecen y necesitan? Es decir, con cariño, comprensión, interés por sus problemas, por su formación, por sus amistades, por los lugares que frecuentan, en qué emplean su tiempo, vigilan sus estudios, asisten a las reuniones de padres en los colegios, y un largísimo etc.
¿Examinan las situaciones conflictivas en las que sus hijos se hayan podido inmiscuir? ¿Acaso les hacen que respeten a los superiores, docentes, autoridades, personas mayores en general por encima de ellos en saber y gobierno?
Me da la impresión que no, que por falta de formación, dejadez, comodidad o desinterés, se han despreocupado de la educación y de la formación integral de sus hijos, pero a los que dan siempre la razón, cuando se trata de que un superior los haya reprendido por alguna falta en la que hayan incurrido y se ponen de su parte aunque el hijo haya cometido un acto reprobable. Sin embargo han delegado en los docentes el aspecto más importante para un ser humano que es la educación, tarea principalmente de responsabilidad paterna.
Cuantos casos hemos conocido en los que un padre o una madre airados se han enfrentado y hasta han llegado a atacar físicamente a un profesor porque ha reprendido a su hijo, o porque ha intentado enseñarle buenos modales.
Sin ir más lejos, hace poco leí en la prensa que unos padres a cuyo hijo de cuatro años, el monitor del centro escolar le había aconsejado que pidiese las cosas por favor, presentaron una queja bastante violenta contra él ante el director del mismo, aduciendo que quién se creía ese individuo que era y qué prepotencia tenía para indicarle a su hijo que las cosas se deberían pedir por favor.
Poco dice esto en defensa de la educación que los padres están dando a sus hijos de los que han pretendido ser colegas porque esto es más cómodo y exige menos esfuerzo que ser padres y con ello han abandonado su obligación educadora, dejándola, como he dicho, en manos de sus docentes, a los que se enfrentan y atacan para dar, siempre, la razón a su hijo.
Esto es perversión, o sea, permutación o alteración de costumbres.
Los hijos
¿Realmente podemos decir que los hijos, no todos, pero si bastantes de ellos sienten respeto hacia sus padres? ¿Cómo lo tratan? ¿Con sumisión, acatamiento? ¿En la mayoría de los casos, muchos no se ríen de ellos y se sienten superiores a los mismos? ¿Les hacen caso y cumplen cuando sus progenitores, si es que lo hacen, les intentan inculcar valores de civismo, respeto a los demás, urbanidad y buen comportamiento?
Realmente creo que no, que la “panda”, el grupo, la “charpa” y todo lo que en ella se diga, les es más importante que aquello que les puedan indicar sus padres (los que lo hagan) para inculcarle obediencia, respeto, espíritu de sacrificio, en fin, valores humanos que los configuren como personas.
También es perversión cambiar los criterios educativos que puedan recibir de sus padres y superiores por el compadreo y las costumbres de la charpa.
El sistema educativo
¿Realmente está concebido para proporcionar una educación integral al discente?
¿Está pensado para inculcar a nuestros, niños y jóvenes valores de esfuerzo, trabajo, sacrificio, superación, voluntad de entrega y renuncia a sus apetencias de comodidad?
¿En verdad nuestros legisladores han pretendido que, a través de la enseñanza, nuestros hijos se conviertan en adultos responsables ante la Sociedad y que, a su vez sean transmisores de esa responsabilidad y de los valores humanos que son los pilares básicos de toda Sociedad que quiera vivir en harmonía?
¿No es cierto que en su loable deseo de que todos seamos iguales han optado por la solución más cómoda, la que exige menor voluntad para superarse, la de menor sacrificio, y han buscado esta igualdad por abajo, degradando de esta manera todo lo que pueda servir para la formación integral del ser humano?
A las pruebas me remito.
¿Cómo están nuestras aulas? ¿Cuántos estudiantes abandonan su formación? ¿Qué provecho sacan de ella?
Yo he visto exámenes de universitarios y escritos de profesionales, también universitarios, con faltas de ortografía y errores descomunales de expresión.
¿Cómo ha repercutido esto en los docentes? No creo que tenga que explicar mucho. Vejaciones, amenazas, daño a sus propiedades (motos, coches, casas, instalaciones escolares, etc.), ataques verbales y físicos a sus personas, con la perniciosa consecuencia, pregúntele a cualquiera de ellos, de que estén hastiados, la mayoría, de que la enseñanza se haya convertido en una profesión de riesgo. Para solucionar el problema se les quiere equiparar, poco más o menos, a los funcionarios del orden público. No habría necesidad de ello si se obligase a los alumnos a respetar a los enseñantes y sus decisiones y a ellos se les diere autoridad suficiente para poder expulsar del colegio al que sea causa o motive desórdenes dentro del recinto educativo.
También esto es perversión, degeneración del sistema educativo.
Profesionales sanitarios
¿Acaso esta perversión no ha llegado al mundo de la sanidad? Que se lo pregunten a los que ejercen la medicina en los centros públicos. Cómo la mutación de las costumbres ha originado que los pacientes, la mayoría sin derecho alguno, han atacado verbal o físicamente a los médicos, enfermeras, personal sanitario, en fin, porque no se les ha proporcionado lo que pedía o han considerado que la atención que se les prestaba no era la apropiada o el médico pensaba que ya no estaba enfermo, pero el “paciente” persistía en que le siguiese prolongando la baja por enfermedad.
Más de un caso hemos conocido por los medios de comunicación en el que el agresor ha sido condenado a cárcel.
También el ejercicio de la profesión sanitaria está considerado hoy como profesión de riesgo.
¿No es perversión que loe enfermos quieran dirigir las pautas médicas y la actuación del personal sanitario?
Nuestros menores
Casi cada día nos desayunamos con que los cuerpos policiales han desarticulado una banda nacional o internacional dedicada a la pedofilia o con que padres, profesores, vecinos y/o educadores en general han abusado sexualmente de un menor.
¿Puede haber un crimen mayor que el profanar la inocencia de una criatura cándida e indefensa?
¿Qué son nuestros infantes? ¿Acaso un producto de consumo erótico?
¿No se merecen todo el cariño, respeto, desvelo, protección, atención y toda clase de vigilancia para que no los perviertan?
Parece ser que no, que para muchas personas de todos los estamentos, incluido el eclesiástico, son sólo objetos de disfrute carnal.
Este es el crimen nefando del que hablaba S. Pablo, es decir, la violación, de la que no se debería ni hablar. Eso significa la palabra nefando, porque es tan horrible que con sólo pronunciarla, ya se está manchando quien la dice.
Aquél que vino a enseñarle a la Humanidad, amor, caridad, sacrificio esfuerzo y valores superiores, ya dijo que quien escandalizare a alguno de estos pequeñuelos más le valdría que se atase una piedra de molino al cuello y se arrojase al agua.
Posiblemente fue la vez que más duro se mostró Jesús cuando prefirió el execrable pecado del suicidio, con el que el poder sobre la vida, que es patrimonio de la divinidad, se lo arroga el ser humano, antes de que una criatura inocente fuese pervertida.
Perversión doble porque se pervierte el cariño, cuidado y mimo que merecen nuestros pequeños, por una infamia y porque pervierte su ingenuidad y su pureza.
La Patria
Me refiero sólo a nuestra España. Muchos ciudadanos de casi todo el mundo tienen como timbre de honor y es una gloria para ellos pertenecer a tal o cual país y se sienten orgullosísimos de su Patria. Por citar sólo dos ejemplos: hablo de los franceses (el chovinismo, en su sentido de nacionalismo, es un invento galo) y de los estadounidenses.
¡Que se atreva alguien a ofender a su patria o a su bandera!. Ya se enterará de la reacción de cada uno ante tal desmán. Creo que tenemos un ejemplo bastante reciente de un máximo político nuestro ante el paso de una determinada bandera.
Los franceses se enardecen y emocionan con la Marsellesa. Los estadounidenses, cuando oyen su himno, llevan la mano derecha a su corazón y a más de uno se le saltan las lágrimas. Y su bandera campea en casi todas las puertas de sus casas.
Preguntémosle a cualquier español qué siente por su Patria, posiblemente o no sabría qué decir o nos descorazonaría la respuesta.
¿Nos sentimos los españoles miembros de un solo país? ¿Respetamos y veneramos nuestra bandera? Opino que no mucho. Para saberlo deberíamos preguntarlo a nuestros compatriotas.
¿Qué es nuestro himno para muchos? Un “chunda” “chunda” que, en muchos casos se tararea como una broma.
¿No es esto un pecado contra la piedad debida a la patria?
Otra perversión o alteración de valores.
Medios de comunicación
Por definición cualquier medio de información dirigido al público, ya sea periódico, revista, radio o televisión, es que ha de ser imparcial y la misión que le da su razón de existir es la de informar y comunicar los hechos, procurando no hacerlo subjetivamente pero si de forma objetiva para que el receptor, dentro de su libertad, pueda formarse una opinión sobre aquello que le comunican.
Otra cosa a la que están obligados a hacer, a través de sus editoriales y artículos de opinión, es expresar su criterio sobre cualquier hecho puntual y, de camino, procurar formar y fomentar en los destinatarios de sus comunicados valores humanos y de pacífica convivencia social.
¿Ocurre así? Yo diría más bien que no.
¿Son imparciales nuestros medios de comunicación? Que tire la primera piedra el que lo sea.
Bata leer tal o cual periódico, revista, oír la radio o la televisión, para conocer inmediatamente qué poder fáctico está detrás. Quien le indica el camino que tiene que seguir en su línea de publicación o comunicación.
Con qué ferocidad se ensañan contra su adversario, normalmente político.
Qué hartazgo tan repugnante nos producen cuando vemos de qué fuente beben sus turbias aguas.
Alguna televisión, además de esa tendencia partidista, también tiene otro aspecto más sucio e inmundo. Son los espectáculos en los que los presentados, la mayoría personas impresentables, por sus repugnantes fechorías, robos, latrocinios y hasta asesinatos son expuestos al apetito vergonzoso del público, como seres, en muchos casos, dignos de emulación. Como individuos que han llevado a cabo algo meritorio, por lo que además perciben unos sustanciosos beneficios.
Con ello se fomenta en nuestra niñez y juventud que el camino más fácil para triunfar y conseguir un puesto en la vida es precisamente marchar por la vía de la vida reprobable, la mala vida.
También esto es perversión de la nobilísima tarea de informar y formar.
Políticos
También han entrado por el execrable camino de la perversión.
En una democracia, la esencia de la misma es que el poder de regir el Estado reside en el pueblo, en las personas que, a través de su voto, entregan su voluntad de ser dirigidos por hombres, nobles, dignos, leales y probos que, ante todo y sobre todo, deben de procurar el bien para los ciudadano que han depositado en ellos su confianza y les han entregado su poder.
¿Ocurre esto? Yo manifiesto que más bien no.
Las últimas encuestas señalan que una de las primeras preocupaciones de los españoles es la llamada clase política.
Estamos hartos, saturados, saciados de que se intente manipularnos, engañarnos, defraudarnos, esquilmarnos a base de impuestos y un etcétera tan largo que ha conseguido que los políticos ocupen un puesto en nuestras preocupaciones, cuando deberían de pasar inadvertidos acometiendo su labor de gobernar bien y con eficacia, buscando mejorar en todos los sentidos: económico, cultural, sanitario, seguridad…en definitiva, haciendo al pueblo, de cuyo poder son depositarios, cada ves más feliz y satisfecho con sus dirigentes.
¿Hablamos de corrupción? ¿De transfuguismo? ¿De malversación de fondos? ¿De cohecho? ¿Para qué? Todos sabemos que existen todas estas perversiones en cantidades inimaginables.
Desde luego que todos los políticos no son así, pero son pocos lo que se salvan y seguramente alguno, por estar libre de pecado, pueda tirar la primera piedra.
Voy a poner dos ejemplos que nos ilustrarán que esto de engañar al pueblo para conseguir el voto y luego después no cumplir las promesas que se hacen en las campañas es moneda de uso común entre los que quieren gobernar.
El primer ejemplo es de hace más de 2.000 años. Estamos en Roma, año 63 a.C., Marco Tulio Cicerón prepara su campaña para ser elegido cónsul. Su hermano Quinto le confecciona una especie de programa político en el que, ente otras cosas le dice: “La gente naturalmente prefiere que se les mienta a que se les niegue ayuda.”
La mentira no se hace esperar, pero la ayuda se queda aguardándola el pueblo.
El segundo ejemplo es más reciente. Nos encontramos en los primeros vagidos de nuestra democracia y, con ellos, en nuestras primeras elecciones.
Tierno Galván que indudablemente debería conocer a Cicerón, ya que se preciaba de hablar latín, manifiesta públicamente y está recogido en más de un libro que: “Las promesas de las elecciones se hacen para no cumplirlas”.
¿Hay mayor perversión?
El ciudadano entrega su voto por un contrato verbal. El futuro dirigente le ofrece cosas que se compromete a cumplir y llevar a cabo para bien de quien lo elige. De esta forma consigue el voto del elector confiado éste en que ejecute lo que se le promete, pero si lo que ha dado palabra de realizar ya está pervertido en su raíz porque no se propone ejecutarlo, ¿cómo podemos llamar a esa actitud, sino perversa?
Mejor es no seguir hablando de los políticos.
La Justicia
¿Está pervertida ésta?
De entrada manifiesto que no, al menos toda. Los jueces lo único que deben hacer es aplicar la leyes que aprueban el Poder Legislativo. Pero ahí es dónde le duele, en que cada juez tiene facultad de interpretar dichas normas según su criterio y nadie negará que estamos viendo más de un caso, algún juez ha sido apartado del ejercicio de sus funciones por ello, en el que la interpretación de la ley bordea, roza o traspasa descaradamente lo que en ella se dispone.
Los jueces son ciudadanos como todos los demás y están tan sujetos al imperio de la ley como cualquier hijo de vecino, por ello, si se extralimitan en sus funciones, no pueden ser considerados como seres intocables, sino que se les de aplicar la norma que todos hemos, por decisión del Poder Legislativo, de cumplir.
¿Qué es eso de que cuando un juez prevarique o cometa cohecho, haya quien considere que no ha de ser juzgado como lo somos el resto de los mortales?
¿Dónde se ha visto, en qué país civilizado ocurre que, si existe un juez sobre el que recae la sospecha de que ha dictado sentencias, obrando o transgrediendo la interpretación de la ley no puede ser juzgado como un ciudadano más?
¿Qué es sino perversión de la justicia el que se lleven a cabo manifestaciones y presiones sobre un tribunal que está instruyendo uno o varios casos de posible infracción de la ley por un determinado juez?
Opino que esta actitud es perversión o intento de degeneración de la justicia.
Los Sindicatos
¿Están pervertidos?
Considero que sí.
¿Cuál es la razón de ser del movimiento sindicalista?
Según el diccionario de la R.A.E. un sindicato es:
“Una asociación de trabajadores constituida para la defensa y promoción de intereses profesionales, económicos o sociales de sus miembros”.
Yo añado, de los trabajadores.
¿Realmente nuestros Sindicatos están cumpliendo la razón de su existencia?
¿Por casualidad no estarán al servicio de las empresas y el Gobierno que son los que los mantienen?
¿Qué acciones están poniendo en practica para remediar la situación de cinco millones (sí, mantengo cinco millones, pues hemos de contar entre ellos los que reciben cursos de formación, pero no trabajan y los autónomos que, por aburrimiento o porque no pueden, no figuran en las listas de desempleados del INEM.) de parados, algunos, muchos de larga duración?
Puedo hablar con conocimiento de causa. Se de empresas, cuyos pingues beneficios eran constantes todos los años, en las que, con el beneplácito de los Sindicatos y la aquiescencia del Gobierno, promovían y llevaban a cabo Expedientes de Regulación de Empleo, con los que se libraban de muchos empleados saturados de experiencia, que tanto falta hace a nuestro entramado productivo, y los despedían faltándoles bastantes años para la edad legal de jubilación, cargando parte de su estipendio, si no todo, a la Seguridad Social.´
Ésta es una de las razones e su déficit.
En nuestro refranero existe un dicho que reza: “Ningún perro muerde la mano del que le da de comer”.
¿Quién da de comer a nuestros sindicalistas? ¿Quién sostiene a tantos liberados? Desde luego con las cuotas de sus afiliados no tendrían ni para pan y agua.
Contemplamos impertérritos la ineficacia, pasividad, permisividad y sometimiento de nuestros Sindicatos a los poderes fácticos.
¿Cómo podemos llamar a eso? ¿Rendición, sumisión, abyección?
Yo lo denomino simplemente perversión.
Sociedad
¿Qué estamos haciendo los componentes de esta Sociedad para frenar tanta perversión?
Nada. Estamos aplatanados (como dirían los canarios) y no movemos un dedo para frenar tantos y tan grandes desmanes.
Hemos llegado a tal grado de complaciente conformismo que nada nos altera, nada tiene importancia, nunca pasa nada y, si pasa, no lo tenemos en consideración.
¿No es esto una perversión de la humanidad?
¿No estamos aceptando la falta de valores y los contravalores como algo normal?
¿No hemos admitido, con total pasividad, esta inversión de principios, como si fuese lo más natural del mundo?
¿Por qué hemos llegado a este grado de apatía?
Por conformidad, pereza, desgana, falta de empuje.
De eso se están valiendo los que quieren trastocar lo que debería ser inmutable para que una Sociedad prime el esfuerzo, el valor, la renuncia, la entrega, el sacrificio y todo aquello que conforma al ser humano como una persona completa.
Esta inversión, cambio, trastoque mudanza, ¿No nos está diciendo que estamos inmersos en una Sociedad que ha trocado todo lo bueno que tiene el ser humano, por la ramplonería, la falta de superación, la honradez, la probidad, el desprecio al esfuerzo, en fin por todo aquello que ha constituido los principios fundamentales e inamovibles de la misma?.
Después de lo expuesto, considero que podemos concluir con lo que, al principio decía: Vivimos en una Sociedad perversa.

Manuel Villegas Ruiz
Doctor en Geografía e Historia