24/9/08

LA SUBLEVACIÓN DE FUENTEOVEJUNA CONTEMPLADA EN SU V CENTENARIO

E. CABRERA, F. IBARRA, R. MARTÍNEZ, A. MOROS, M. VILLEGAS


La sublevación de la villa de Fuenteovejuna, ocurrida el 23 de abril de 1476, contra el comendador mayor de Calatrava, Fernán Gómez de Guzmán, constituye uno de los episodios más famosos entre las agitaciones populares de toda nuestra Historia. Pero, al mismo tiempo, se trata de un hecho bastante mal conocido y peor enjuiciado, porque la fuente del conocimiento popular es fundamentalmente, la ver¬sión ofrecida por Lope de Vega en su famoso drama (1).
Pero el episodio literario y el histórico discurren por vías divergentes, pues mientras que Lope de Vega sustenta su trama en el abuso de poder del comendador, plasmado en arbitrariedades que mancillaban el honor de los villanos, la investiga¬ción histórica, en la que cabe destacar el trabajo de Ramírez de Arellano sobre el tema (2), ha demostrado la existencia de otros móviles que explican la sublevación bajo supuestos que, sin dejar en segundo plano la intervención de los villanos de Fuenteovejuna, insisten especialmente en el papel que en la génesis y desarrollo de la rebelión desempeñó el Concejo de Córdoba, a cuya jurisdicción había estado ads¬crita la villa antes que Fernán Gómez la poseyese en nombre de la Orden de Cala¬trava.
En tanto que Lope de Vega basa fundamentalmente su conocimiento del hecho en las noticias proporcionadas por Rades de Andrada, capellán de Felipe II a quien dedicó su obra (3), y Ramírez de Arellano, con mayor rigor científico y acceso a fuentes documentales más completas, elabora una idea de la sublevación distinta a la del primero, nosotros creemos, tras manejar documentos a los que ni uno ni otro pudieron acceder, que no se puede abordar el estudio de este problema sin tener en
NOTAS
1. La obra lopiana Fuenteovejuna, fue publicada por primera vez en 1619; debió ser escrita entre 1604y 1618,
años de la también obra de Lope: El peregrino en su patria, en cuya segunda edición, y no en la primera, aparece
catalogada aquélla por el propio autor.
2. Rebelión de Fuenteovejuna contra el comendador mayor de Calatrava Fernán Gómez de Guzmán. "Boletín de Real Academia de la Historia", XXXIX (1901), págs. 446 y ss.
3. RADES DE ANDRADA, Francisco: Chrónica de las tres Ordenes y Cauallerías de Santiago, Calatraua y Alcántara. Impresa por Juan de Ayala. Toledo (1572).
113

cuenta una serie de causas, tanto remotas cuanto próximas, que contribuyen a clarificar considerablemente el asunto (4).
Entre ellas cabe destacar las siguientes:
Primeramente, las circunstancias políticas del reino de Castilla que, desde co¬mienzos del último tercio del siglo XIV, determinaron la generalización de merce¬des reales a miembros de la nobleza, que en gran parte de los casos menoscabaron los intereses de los grandes concejos de realengo, que vieron así reducidos conside¬rablemente sus respectivos alfoces. El Concejo de Córdoba fue, precisamente, uno de los afectados de manera notoria por esas circunstancias (5).
En segundo lugar, es preciso conocer que la sublevación de Fuenteovejuna con¬tra el comendador mayor de Calatrava tuvo un clarísimo precedente en otra rebe¬lión, veintitrés años anterior y totalmente desconocida, contra el maestre de Alcántara, Gutierre de Sotomayor, en la que queda perfectamente documentada y comprobada la participación activa de Córdoba (6).
Finalmente, el problema que nos ocupa no podría entenderse sin tener en cuenta las circunstancias de la Guerra Civil en las que se desarrolló, y el apoyo que Córdoba prestó a los sublevados que contaron para su revuelta con la ayuda directa y evidente de la ciudad.
A la vista de lo expuesto, creemos conveniente desarrollar con mayor amplitud estos puntos aludidos.
En relación con el proceso de señorialización del reino de Castilla pensamos que no es necesario insistir ahora en un tema tan conocido como éste; no obstante, con¬viene subrayar que el fenómeno de la sublevación de Fuenteovejuna hay que inscri¬birlo en el movimiento general de protesta que la política dadivosa de los Trastámara suscitó. Dicha reprobación, que se canalizó frecuentemente a través de las Cortes, alcanzó su punto álgido en las de Valladolid de 1442 (7), en las que Juan II se comprometió a no enajenar más tierras del patrimonio realengo, salvo en favor de los miembros de la familia real o en otros casos excepcionalísimos que necesitaban el refrendo del Consejo Real. Estos acuerdos serán utilizados por Córdoba para fundamentar su oposición al nacimiento de nuevas jurisdicciones señoriales en el seno de su alfoz. Y precisamente, la merced de Fuenteovejuna a Pedro Girón fue el último despojo que sufrió la ciudad tras una larga serie de pérdidas escalonadas a lo largo de los siglos XIII, XIV y XV, y cuyo resultado había sido una drástica merma de las tierras de su jurisdicción (8).
NOTAS
4. Sobre él tenemos en vías de publicación un estudio mucho más amplio, titulado La sublevación de Fuenteovejuna contra el comendador mayor de Calatrava, que contiene importante apéndice documental.
5. Sobre la cuestión de las mercedes enriqueñas, véanse los trabajos de J. VALDEON BARUQUE: Enrique II de Castilla: la guerra civil y la consolidación del régimen (1366-1371), Valladolid (1966); Notas sobre las mercedes de EnriqueII de Castilla. "Hispania", 108 (1968). Especialmente importante para comprender el papel de la nobleza castellana en la Baja Edad Media es el estudio de L. SUAREZ FERNANDEZ: Nobleza y monarquía. Valladolid (1975) (2.a Edición). De gran importancia es también el estudio de E. MITRE: Evolución de la nobleza en
Castilla bajo Enrique III (1396-1406). Valladolid (1968). Sobre el problema de la resistencia al dominio señorial,
vid. Emilio CABRERA: La resistencia de las ciudades al dominio señorial: el caso de Córdoba frente a los Sotomayor de Belalcázar, "Historia. Instituciones. Documentos", I (1974) y A. GONZÁLEZ RUIZ ZORRILLA: La resistencia al dominio señorial: Sepúheda bajo los Trastornaras. "Cuadernos de Historia", n." 3.
6. Vid. E. CABRERA: El Condado de Belalcázar (1444-1518). Córdoba (1977), págs. 143 y ss.
7. A(rchivo) M(unicipal) de Córdoba, legajo 70; documento n.D 6.
8. El proceso señorializador se inició casi simultáneamente a la riada de pobladores que ocupó las tierras cor¬
dobesas tras su conquista, aunque su riqueza agrícola quedase contrapesada por su carácter de frontera musul¬
mana, muy arriesgada todavía durante más de un siglo, sobre todo en la parte más meridional de la Campiña. La
señorialización fue más rápida en la Campiña ya que la fertilidad de sus tierras interesó desde un primer momento
114

Hemos dicho anteriormente que la sublevación de Fuenteovejuna contra el co¬mendador mayor de Calatrava tuvo un precedente; en él, quitando la identidad de algunos de sus protagonistas, los móviles, el escenario y la mecánica de la rebelión fueron idénticos. En 1447, y tras un proceso de delimitación de términos extraordi¬nariamente sonado, las villas de Hinojosa y Gahete fueron apartadas de la jurisdic¬ción cordobesa (9). La línea de deslinde pasaba exactamente por el centro de Fuen¬teovejuna, partiendo la villa en dos barrios (10). Nacía así un señorío que tres años antes había otorgado Juan II en favor del maestre de Alcántara Gutierre de Soto-mayor. En ese proceso de deslinde, la mitad de los términos de Fuenteovejuna, al igual que media villa, quedó en poder del maestre, que tomó posesión de ella segui¬damente (11). Dos aspiraciones quedaron encontradas a partir de ese momento: de un lado, el deseo de Córdoba de recuperar la parte perdida, y de otro, el anhelo del maestre de completar su dominio sobre la otra mitad de Fuenteovejuna.
Este último proyecto terminó triunfando, pues Juan II concedió a don Gutierre la parte que hasta entonces no poseía, añadiendo a tal merced la donación de los lu¬gares limítrofes de Bélmez y Espiel(12). Hay que sospechar que el maestre de Alcántara encontró serias dificultades para imponer su dominio total sobre Fuen¬teovejuna, pues no consta que tardó más de dos años en ocuparla por completo, he¬cho este último que se verificó en agosto de 1452 (13). Cabe la sospecha de que las dificultades que encontró don Gutierre para hacer efectiva la merced regia tuvieran su origen en una posible oposición de Córdoba a la consolidación del dominio seño¬rial sobre la totalidad de su antigua villa.
Pero esa sospecha deja de ser tal cuando conocemos la participación activa que la ciudad de Córdoba tuvo en un amplio movimiento llevado a cabo a partir de los últimos meses de ese año y cuyo objetivo era la recuperación de todas las villas que le habían sido sustraídas en los últimos tiempos. Para ello preparó una poderosa campaña de agresión, cuyos fondos financió con el dictado de unas ordenanzas, en las que aparece expresamente el deseo de recuperar Fuenteovejuna y las otras villas, así como el beneplácito de los vecinos de la primera para reintegrarse a Córdoba (14). Como resultado de esa expedición conocemos la toma de Bélmez (15) y numerosos daños causados a los vecinos de Hinojosa y Gahete, sin
a los señores que acapararon gran cantidad de ellas. Aguilar se señorializó muy pronto; el señorío de los Fernández de Córdoba se extendió por Cañete, Montilla, Monturque, Priego, Carcabuey, La Puente de D. Gonzalo y la ya ci¬tada Aguilar. Otra rama de los Fernández de Córdoba ostentó el dominio sobre Baena, Cabra» Rute e Iznájar. Por sucesivas mercedes quedaron constituidas en señoríos las villas de Espejo, Lucena, Fernán Núñez y Palma del Río. Por contra, la señorialización de la Sierra y los Pedroches fue menos intensa: hay noticias vagas de que Espiel fuese cabeza de un condado; Santa Eufemia se erigió en señorío desde finales del siglo XIII, e igualmente Chillón, otrora comprendido dentro del "reino" de Córdoba.
NOTAS
9. AHN, Osuna, Leg. 323-41.
10. E. CABRERA: La oposición de las ciudades al dominio señorial: el caso de Córdoba frente a los Sotomayor de Belalcázar, págs. 11 y ss.
11. AHN, Osuna. Leg. 343-81.
12. Ibídem, carp. 172, n.° 1; datado en 1450-marzo-8.
13. Ibídem, leg. 335-268. Toma de posesión de la villa por parte del comendador de Lares Gonzalo de Raudona, en nombre de don Gutierre.
14. AMC: Tumbo de privilegios, fol. 53 v°.
15. El 21 de marzo de 1453 el Concejo de Córdoba notificaba al de Sevilla que el maestre de Alcántara tenía
ocupadas las villas de Hinojosa, Gahete, Fuenteovejuna y Bélmez, con sus términos; que tropas de Córdoba, mandadas por el señor de Aguilar, habían recuperado Bélmez y confiaban hacerse con el resto de las villas citadas. Lo comunicaban a Sevilla porque deseaban conocer su parecer sobre el particular, Original en el Archivo Municipal de
Sevilla, Actas Capitulares, 1453, fol. 16. Cit. por M. J. SANZ FUENTES y M. I. SIMO RODRÍGUEZ: Catálogo de documentos contenidos en los libros de cabildo del concejo de Sevilla. Sevilla (1975).
115

que nos conste exactamente la fecha en que fue tomada Fuenteovejuna. Sin em¬bargo, el hijo del maestre no llegó a poseerla según se desprende documentalmente a través de un pleito de comienzos del siglo XVI, en el que un testigo ocular depone que don Alonso de SÍotomayor, hijo de don Gutierre, 'algunas vezes vino a fuenteo¬vejuna e non le dexauan entrar... los vezinos de fuenteovejuna, ni menos la cibdad de Cordoua que envió gente a la sazón para que lo defendiesse a el dicho don Alonso de Sotomayor '(16).
Mientras se dilucidaba la definitiva posesión, desde 1452 el castillo de Bélmez quedó, por orden real, en secuestración en manos de Fernán Ruiz de Aguayo, chan¬tre de la Catedral cordobesa y capellán del rey (17), y bajo igual forma permanecie¬ron las villas de Fuenteovejuna y Bélmez bajo la autoridad de González Carabeo, oidor y alcalde de Casa y Corte (18). De tales secuestraciones, al menos la del cas¬tillo en poder del chantre duró hasta 1458.
En 1460, las villas de Fuenteovejuna y Bélmez fueron dadas por Enrique IV, a título personal, a don Pedro Girón, maestre de Calatrava(19), intrigante personaje que al igual que su hermano don Juan Pacheco, marqués de Villena, se había intro¬ducido en el estrellato nobiliario por el favor de don Alvaro de Luna. En la misma fecha, agosto de 1460, se le concedió la villa y castillo de Morón y "todo el término que se dice Espié!" (20).
Desde los primeros momentos el señorío de Fuenteovejuna y Bélmez propor¬cionó a Girón quebraderos de cabeza debidos a la oposición de Córdoba, lo que le haría, sin duda, pensar en realizar un trueque con ciertas tierras de la Orden de Ca-latrava que él encabezaba; ofrecería los recién recibidos lugares de Fuenteovejuna y Bélmez, y con ellos toda la carga conflictiva que conllevaban por ser tierras enaje¬nadas del Concejo cordobés (21), a cambio de recibir de la Orden los términos de Osuna y Cazalla. Su objetivo era unir a las posesiones personales de Morón las cita¬das de Osuna y Cazalla y fundar con tan vasta propiedad un mayorazgo susceptible de pasar a sus herederos (22).
Para realizar tal trueque, Girón obró subrepticiamente evitando verse inmis¬cuido directamente en él, por su condición de maestre de la Orden de Calatrava que era una de las partes permutantes. Para ello, se desprendió de Fuenteovejuna y Bélmez en favor del rey Enrique IV, que a su vez las cedió al marqués de Villena quien negoció con la Orden el canje. Tras requerir informaciones, llevadas a cabo por eclesiásticos del Cabildo Catedralicio sevillano (23), la Santa Sede lo autorizó, después de recibir el parecer de la Orden al respecto; la aquiescencia de los calatra-
NOTAS
16. A(rchivo) M(unicipal) de B(elalcázar), Col. de Tit. I, fols. 360-361.
17. A(rchivo) C(atedral) de C(órdoba), caj. JHS, doc. n.° 402. Datado en 1456-octubre-5.
18. Ibídem, doc. n.° 403. Datado en 1457-junio-15.
19. F. R. UHAGON: Discurso de recepción en la Real Academia de la Historia (1898), pág. 59. Citado por
O'CALLAGHAN: The Spanish Military Order of Calatrava and its affiliates, art. VIII, pág. 33.
20. Don Enriquez del CASTILLO: Crónica del rey don Enrique, el cuarto de este nombre, BAE, t. LXX, pág.
115. A. DE PALENCIA: Crónica de Enrique IV. BAE, t. LXX, lib. IV, cap. II, págs. 333-334.
21. Que Córdoba no se conformaba con la amputación sufrida en su alfoz, lo demuestra el que Enrique IV debió ratificar la cesión de Fuenteovejuna y Bélmez a don Pedro Girón en julio de 1461. Cit. por UHAGON, op. cit.,
pág. 58.
22. Tres eran los hijos del maestre (PALENCIA: op. cit., pág. 249). En 1457 dos cartas reales autorizaban a don Pedro Girón a transferir a sus hijos sus propiedades, incluidas las recibidas de la Corona, y a poder establecer en ellas un mayorazgo (UHAGON: op. cit., págs. 55-56).
23. AHN, Documentos eclesiásticos de Calatrava, número 137. AHN. Documentos particulares de Calatrava, número 348. Citados por O'CALLAGHAN: op. cit., VIII, pág. 34.
116

vos, dada la condición de maestre de Pedro Girón, fue mediatizada: "con todo ello se hizo información al gusto del maestre para enviarla a Roma, en que se probó ser útil a la Orden dar Osuna y Cazalla por Fuenteovejuna y Bélmez" (24). Cuatro años tardó en realizarse la permuta; por fin, en 1464, Fuenteovejuna y Bélmez pasaban a manos de la Orden de Calatrava, "y porque Osuna era la Encomienda Mayor, se le dio en su lugar a la villa de Fuenteovejuna" (25).
¿Significó esto la renuncia definitiva de Córdoba a la posesión de Fuenteove¬juna? Lógicamente, las circunstancias se habían puesto en contra suya, pero su ape¬tencia sobre el "más grande logar de la tierra de Córdoba" —expresión con la que algún texto alude a Fuenteovejuna— quedaba latente. Tras la "farsa de Avila" y la consecuente escisión oficial del reino, Pedro Girón, y con él la mayoría de la Orden de Calatrava, quedaron enfrentados al rey. El Concejo cordobés aprovechó la oca¬sión para lograr que Enrique IV extendiera una real cédula disponiendo la restitu¬ción a Córdoba de las villas de Gahete, Hinojosa, Fuenteovejuna y Bélmez (26), in¬citándola incluso a tomarlas por la fuerza: 'porque vos mando a todos e a cada uno de vos, que vos juntedes e vayades a los dichos logares e a sus términos e dehesas... e entredes e tomedes e vos apoderedes dellos... para mí, para la mi corona de los mis rey nos epara esa dicha qibdad de Cordoua'.
La entrada en Fuenteovejuna del comendador mayor de Calatrava, Fernán Gómez de Guzmán es cuestión difícil de precisar. Aunque probablemente, parece que pisó por primera vez sus tierras hacia 1468, sólo está probada documental-mente su estancia en la villa a partir de 1469 (27).
No debe olvidarse que todo ello sucede a lo largo de los años más turbulentos que conoció el reino de Castilla durante el siglo XV, que son aquellos que precedie¬ron y siguieron a la muerte de Enrique IV, cuando la justicia y el orden estuvieron más ausentes de ella que nunca y la ley del más fuerte se impuso en todas partes y los intereses del momento llevaron a cambiar frecuentemente de bando a quienes participaron en la lucha dinástica.
Córdoba, en esta época, estaba bajo el poder omnímodo de don Alonso de Agui-lar, que obraba a su antojo en el territorio que entonces constituía el reino cordobés, contando con fuertes tropas, reforzadas con una compañía de setenta musulmanes; su bandería en la guerra civil nunca fue clara por no ser fija, sino que fluctuó según sus propias conveniencias. Digamos que perteneció a todos los bandos y a ninguno.
Un punto de gran interés que, siguiendo las crónicas, no queda suficientemente claro es el partido que tomó el comendador mayor de Calatrava, don Fernán Gómez de Guzmán, pues mientras que para Alonso de Palencia (28) estaba de parte de los de Isabel, Rades de Andrada lo coloca al lado de la Beltraneja. No obstante, nosotros creemos fundadamente que estaba de parte de Isabel, pues ella misma lo manifiesta así en un documento de 1475 en el que se refiere a Fernán Gómez de Guzmán diciendo que 'está mucho a nuestro serviçio' (29).
NOTAS
24. RADES DE AND RADA :op. cit., fol. 74.
25. Ibidem.
26. AMC, Sección 12, serie 1.*, doc. n.° 6. Se inserta también en una copia autorizada obtenida por la ciudad
de Córdoba en AMC, leg. 70, doc. n.° 13; datado en Salamanca, 1465-junio-l 1.
27. Vid. ACC, Obras Pías, leg. 191, doc. n.° 20; datado en 1469-febrero-26. ACC, leg. 7, doc. n.° 287; datado
en 1469-octubre-20.
28. Vid. Alonso de PALENCIA: op. cit., pág. 285 b,
29. AHN, Osuna, leg. 285-5 (1).
117

Tampoco queda claro el modo de actuar del comendador, respecto a sus vasallos, pues mientras que Alonso de Palencia (30) nos lo muestra casi como un padre amantísimo, Rades de Andrada lo presenta como un tirano sin corazón que abusa de su posición privilegiada (31). Esta actitud es la que mueve a los habitantes de Fuenteovejuna a rebelarse contra su señor en la madrugada del 22 al 23 de abril de 1476, hecho que vamos a exponer de forma escueta y simple sin entrar en analizar si el comendador, por sus actuaciones con los de la villa, llegó a merecer que éstos se sublevasen, como manifiesta Rades de Andrada (32), o, por el contrario, según expone Alonso de Palencia (33), todo fue maquinado por los enemigos del comendador, quienes sólo querían la perdición de éste. Esto último lo dejaremos para más adelante.
Como hemos dicho, la sublevación ocurrió en la noche del 22 al 23 de abril de 1476, en la que los vecinos de Fuenteovejuna se amotinaron y con las armas que en contraron a su alcance se dirigieron al castillo donde residía el comendador, con el fin de darle muerte. Encontraron resistencia en los soldados que militaban a las órdenes de Fernán Gómez de Guzmán, quienes al percatarse de las intenciones que traían los sublevados les hicieron frente y, al verse impotentes antes ellos, se refu¬giaron en el castillo, donde junto con su señor, resistieron todo el tiempo que les fue posible. Los amotinados consiguieron forzar la pieza donde se encontraba el comen¬dador y tras arrollar a sus oponentes se arrojaron sobre el mismo, produciéndole heridas mortales y lo arrojaron por una ventana que daba a la calle, cayendo sobre las puntas de las espadas y lanzas de los que no habían entrado aún en el castillo, lo que le produjo definitivamente la muerte. Después de esto se ensañaron con los despojos del comendador dejando su cuerpo insepulto.
Nosotros pensamos, basándonos en la documentación manejada, que las autoridades cordobesas, tanto civiles cuanto eclesiásticas estaban interesadas en hacer fracasar el dominio que el comendador mayor de Calatrava ejercía sobre la villa de Fuenteovejuna. Ese es, sin duda, el origen de la sublevación. Lo que no resulta tan fácil de dilucidar es el juego de intereses que existen en torno a esa determinación firme de las autoridades cordobesas por recuperar para Córdoba su antigua villa, determinación que queda perfectamente probada por la participación estrecha de la ciudad en la preparación de la revuelta de 1452 surgida en Fuenteovejuna contra Gutierre de Sotomayor,por los obstáculos que ofrecieron al sucesor de éste cuando quiso ocupar la villa y por las grandes dificultades que planteó a Enrique IV cuando éste la entregó en señorío a Pedro Girón. El descontento que supuso para Córdoba la entrega de Fuenteovejuna a la Orden de Calatrava, tras la permuta efectuada con
NOTAS
30. Op. cit., pág. 221. Destaca sus virtudes bélicas, llamándole "nobilísmo guerrero", "valiente caudillo", esforzado adalid", realzando a la vez sus cualidades naturales, "ilustre prosapia", "notoria liberalidad mediadora entre sus partidarios" o "fecundo ingenio".
31. Op. cit.
32. Ibídem. Presenta la sublevación como una explosión popular de deseos de libertad y lucha contra la opresión, añadiendo a esto la lealtad a los Reyes Católicos por parte de los vecinos de Fuenteovejuna, pues el grito de
guerra que llevaban los amotinados era: "¡Fuenteovejuna! ¡Vivan los reyes Don Fernando y Doña Isabel y mueran
los traidores y malos cristianos!". Por otra parte enumera una serie de delitos que el comendador y su gente habían
inferido a los de Fuenteovejuna, tales como "...mal tratamiento a sus vasallos", que consentía que su tropa hiciese grandes agravios y afrentas a los de Fuenteovejuna sobre "comérseles sus haciendas"; o que el mismo comendador había deshonrado a los de la villa, tomándoles por fuerzas sus mujeres e hijas, y robándoles sus haciendas para sustentar a las tropas que poseía.
33. Op. cit. Pone como motivo de la sublevación las apetencias de don Rodrigo Téllez Girón, maestre de Calatrava, y de don Alfonso de Aguilar, alcalde mayor de Córdoba, y emparentado con el anterior. Ambos, asegura Palencia, movieron, entre bambalinas, los hilos de la conjuración.
118

ésta por su maestre, es también patente, pues no cejaron hasta conseguir de Isabel I, una cédula por la que devolvía a Córdoba sus términos garantizando que todas las villas que 'ayan logar de se alzar e rebelar para nos nunca serán separadas de la corona real' (34).
¿Había también en todo ello intereses de tipo personal ostentados por miembros del cabildo municipal? Parece evidente que sí, pero esa es la gran pregunta que queda sin respuesta. Para contestarla tendríamos que conocer muy a fondo -lo cual no es posible, de momento- los intereses de don Alonso de Aguilar, sus implicaciones en la guerra civil y su actuación concreta en las semanas que precedieron a la sublevación, puesto que su participación determinante y activa en la misma no parece ofrecer ni la más mínima duda.
Lo mismo cabe decir en relación con el papel que desempeñó en la revuelta el cabildo catedralicio de Córdoba. Aquí nuestra información es mucho más precisa y a través de ella conocemos algunos pormenores de gran interés para explicar la malquerencia que sintieron hacia Fernán Gómez algunos sectores influyentes de la ciudad de Córdoba, singularmente en el ámbito eclesiástico. Hay dos puntos concretos de gran importancia. En primer lugar, el comendador mayor de Calatrava se había atraído la enemistad de la jerarquía eclesiástica cordobesa acaparando los diezmos de Fuenteovejuna y Bélmez. En realidad se trata de un problema no menos enojoso por lo frecuente, que solía presentarse en las encomiendas de las Órdenes militares, dando origen a infinidad de disgustos (35). En segundo lugar, a ese motivo de fricción había venido a añadirse otro, no menos grave, sobre todo por las consecuencias incalculables que tuvo. Merece la pena detenerse a examinarlo, aunque sea brevemente.
Con anterioridad a la ocupación de Fuenteovejuna por Fernán Gómez había fallecido un chantre de la Catedral de Córdoba y capellán del rey, Fernán Ruiz de Aguayo, dueño en el término de Belmez, de numerosas haciendas, que legó en su testamento al cabildo catedralicio en contra de los intereses de ciertos miembros de su familia. Estos últimos se opusieron a que se hiciera efectiva la última voluntad del difunto y promovieron, con el apoyo del comendador mayor de Calatrava, gran cantidad de disturbios con ese motivo, impidiendo a los canónigos de Córdoba el acceso a los bienes que le habían sido legados y atrayendo la irremediable sentencia de excomunión contra el comendador mayor y sus aliados, excomunión a la que vino a añadirse un entredicho sobre Fuenteovejuna y Bélmez que sumió a ambas villas en un difícil problema de orden espiritual. Todo ello, sucedió inmediatamente antes de la sublevación, creando una atmósfera muy propicia para el éxito de ésta (36).
De todas formas, el papel determinante en la sublevación lo llevó el cabildo municipal de la ciudad de Córdoba y su actuación puede rastrearse fácilmente estudiando con detenimiento los hechos que siguieron a la revuelta. Efectivamente, el día 29 de abril, sólo seis fechas después de la muerte del comendador, las personas comisionadas por Córdoba se reunieron en la Venta del Vado, próxima a Fuenteovejuna con las autoridades de esta última, a fin de preparar la reintegración de ella a la ciudad de Córdoba.
NOTAS
34. ACC. Cajón 0. Inserto en doc. n.° 288. Fechada en 1475-abril-2O.
35. En 20 de abril de 1476, don Juan Martínez, beneficiado de la parroquia de San Pedro, se dirigió al Concejo de Fuenteovejuna en reclamación de 800.000 mrs. que en concepto de diezmos correspondientes al pan, vino, ganado, lana, miel y cera había retenido Fernán Gómez tanto en Fuenteovejuna como en Espiel y Bélmez. ACC, cajón
0, doc. n.° 286.
36. Ibídem, leg. JHS.
119

En esa reunión y en el acta que con tal motivo se levantó, queda constancia de algunos documentos insertos en ella a través de los cuales es posible vislumbrar los pasos que dio Córdoba para preparar el movimiento contra el comendador mayor. He aquí esos documentos:
A) Una carta de los Reyes Católicos fechada en Valladolid en 20 de abril de
1475 (37), donde manifestaban al Concejo de Córdoba su deseo de no ena¬
jenar más villas del alfoz de la ciudad y, al mismo tiempo, permitiendo que
se opongan, aun con las armas, contra todos aquellos que atenten contra di¬
cha propiedad.
B) Otra carta de los mismos Reyes de igual fecha y dirección que la anterior
prometiendo por sufee real mandar restituir a dicha ciudad todas las villas,
lugares y fortalezas que por cualquier persona les estuviesen ocupadas y to¬
madas, con el objeto de que todas estuviesen bajo el señorío de la ciu¬
dad (38).
C) Un documento fechado el 28 de abril de 1476, expedido por el Concejo de
Córdoba y dirigido al de Fuenteovejuna haciéndole saber que habían recibido
una carta en respuesta a otra suya y manifestándole que den crédito a los
emisarios que de parte de dicho Concejo de la ciudad se presentarán ante
ellos.
D) Un poder del Concejo de Córdoba a Pedro Rodríguez Cobo para que se
presente en Fuenteovejuna en representación del dicho Concejo y, ante los
alcaldes, alguacil, jurados, oficiales y hombres buenos de dicha villa exhiba
las provisiones y cartas reales donde se manifiesta el derecho a la restitución
de las villas, fortalezas, lugares y términos que le habían sido tomadas y
ocupadas, y que, en virtud de tales provisiones, se restituyan a la ciudad y le
den obediencia. Este poder está otorgado en la Venta del Vado, lugar próximo a Fuenteovejuna, el 28 de abril de 1476 (39).
¿Por qué no se extendió tal poder en Córdoba y sí en la Venta del Vado? La aludida proximidad a Fuenteovejuna nos hace pensar que tal celeridad en la exten¬sión de este documento se puede deber al intento de evitar un cambio de opinión en los lugareños en relación a su integración a Córdoba, o para que no hubiese lugar a una intervención armada por parte de la Orden de Calatrava. A Córdoba le intere¬saba hacerse rápidamente con la obediencia y la consecuente jurisdicción de Fuen¬teovejuna. En el documento de la diligencia de toma de posesión se dice: '...la dicha villa está vaqua epor ningunapresona no está ocupada...'(40). De esta forma apa¬recía como desligada y desvinculada de la Orden de Calatrava y, si ésta intentaba tomar de nuevo posesión de Fuenteovejuna, sus habitantes se encontrarían ya liga¬dos por el juramento de obediencia prestado a las autoridades cordobesas, a la vez que Córdoba tendría documentos legales para impugnar la pretensión de la Orden. Es muy de tener en cuenta que, en la ceremonia de toma de posesión, el alcalde mayor de Córdoba, Juan de Berrio, alegó que esta villa había sido parte
NOTAS
37. AMCleg. 70.
38. ACC, cajón 0. Inserto en doc. n.° 288.
39. AMC, leg. 70, documento inserto en otro de 1476-abril-29.
40. AMC, leg. 70.
120

integrante de Córdoba de tiempo inmemorial, pero que de ocho años acá el comendador mayor de la Orden de Calatrava, don Fernán Gómez de Guzmán entró, tomó y ocupó vio¬lentamente Fuenteovejuna, despojando de ella a la ciudad de Córdoba.
Efectuados los rituales de rigor para la toma de posesión de una villa, entre los que destacan el derribo de la horca y la picota, símbolos del poder señorial anterior, ya eliminado, se terminó el ceremonial de la toma de posesión con la impartición de justicia por parte de Juan de Berrio, alcalde mayor de Córdoba. Desde aquel mo¬mento, Fuenteovejuna volvía a la jurisdicción cordobesa.
La celeridad de fechas expuestas anteriormente es síntoma inequívoco del deseo de Córdoba. Adviértase que cinco días después del levantamiento, la ciudad comu¬nica a Fuenteovejuna haber recibido su carta en respuesta a otra suya enviada con anterioridad. Si tenemos en cuenta que en aquella época entre Fuenteovejuna y Córdoba mediaban dos días de camino, este cruce de correspondencia efectuado sin solución de continuidad refuerza el argumento de la participación cordobesa en el alzamiento.
Si los del Concejo de Córdoba están en la Venta del Vado el día 28, han debido salir de la ciudad como muy tarde el día 26; y si han salido al recibir noticias del concejo de Fuenteovejuna, éstas tuvieron que mandarse a mucho tardar el día 24, esto es, un día después de la rebelión. Pero si Fuenteovejuna el día 24 ha contestado a una carta de Córdoba, ésta tuvo que ser escrita con anterioridad a dicha rebelión. ¿Qué se decía en esta primera carta de Córdoba? ¿Qué decía la de Fuenteovejuna del día 24? ¿Era la de Córdoba una garantía de estímulo y apoyo? ¿Comunicaba Fuenteovejuna en la suya del 24 la muerte del comendador y la vía expedita a Córdoba? Es una lástima que tales documentos no se encuentren y que los que hacen referencia a ellos no sean explícitos en cuanto a su contenido.
Consumados los hechos ¿qué actitud tomaron los Reyes Católicos? Alonso de Palencia dice: '...los innumerables apuros de aquellos días impidieron al rey castigar a los inicuos rústicos y vengar la desastrada muerte del Comendador tan leal a su partido (41). Lo cierto es que enviaron un juez pesquisidor a Fuenteovejuna para averiguar la verdad del hecho y castigar a los culpables y, aunque dio tormento a muchos, ninguno confesó cuáles fueron los capitanes o instigadores de aquel delito, ni dijeron los nombres de los que en él participado, respondiendo a las preguntas del juez, a voz unánime: ¡Fuenteovejuna! Tras el fracaso de la investigación, el juez regresó a la Corte y, emitido su informe, los reyes silenciaron el asunto. Tal decisión pudo ser una dilación en la solución del asunto, dada la complejidad e importancia de los problemas que afectaban a la Corona en aquellas fechas.
Recapitulando lo anterior, podemos concretar que la intervención de Córdoba en la sublevación de Fuenteovejuna tuvo su punto de partida en el deseo tradicional de la ciudad de no ver disminuido su alfoz del que Fuenteovejuna era, sin duda, una parte importante. La situación ambiental de la época, envuelta en una guerra civil que asolaba a Castilla, donde el denominador común era el desorden, contribuyó a crear el ambiente propicio, a lo cual ayudó igualmente de forma evidente el hecho de encontrarse la villa en entredicho.
Córdoba contaba con fuerza militar suficiente para afrontar cualquier evento resultante de la toma de Fuenteovejuna, viniese de donde viniese, y el Concejo de la
NOTAS
41. PALENCIA: op. cit., pág. 287.
121

ciudad supo elaborarse y procurarse las bases jurídicas necesarias para dar legalidad a la reincorporación de la villa.
Por último debemos constatar en las apetencias de Córdoba un indudable interés económico. El término de Fuenteovejuna, extensísimo y con feraces dehesas, era de gran importancia ganadera. Sus rentas anuales ascendían a unos ochenta mil maravedíes. Por otra parte, los 985 vasallos de Fuenteovejuna, esto es, alrededor de los 4.500 habitantes era una cifra importante en la época, cuando Córdoba rebasaba en poco los 25.000. Fuenteovejuna era una villa de las situadas en las rutas de la Mesta, e incluso la cotización de la lana, la cera y la miel que se hacía en ella servía de módulo a los precios a pagar en Córdoba.
La controversia por la posesión en derecho de la villa de Fuenteovejuna -de hecho, desde los acontecimientos expuestos, siempre la tuvo Córdoba-, originó un largo pleito entre la ciudad de Córdoba y la Orden de Calatrava, que se llevó por una doble vía, civil y eclesiástica. No siendo posible conseguir una solución por ese camino, hubo de buscársele una salida airosa para los litigantes. La concordia se llevó a efecto y fue firmada por la reina doña Juana el 13 de septiembre de 1513, y según lo acordado en ella, Fuenteovejuna pasaba a la ciudad de Córdoba, viéndose compensada la Orden de Calatrava con la recepción de treinta mil ducados de oro pagaderos a partes iguales por la Corona y por Córdoba (42).
42. AMC, sec. II, caja 71, doc. n.° 15.
122