22/6/10

DEMOCRACIA Y OCLOCRACIA

Sin profundizar mucho en cómo era la democracia ateniense, fue Clístenes quien allá por el 506 ó 507 a.C. y, tras la desaparición de los tiranos instituyó esta forma de gobierno en el Ática.
Este sistema de administración política no era perfecto, ya que excluía de él a las mujeres, los esclavos y los extranjeros, pero sí podemos afirmar que fue el germen de la democracia actual en la que se ha conseguido que tengan voto las mujeres, no existen oficialmente esclavos y los extranjeros, en determinados supuestos, también tienen derecho a la elección de gobernantes.
La democracia romana era similar a la ateniense, aunque concediese a veces la ciudadanía a quienes no eran de origen romano. (Hay un caso paradigmático de ello y es la defensa ante los tribunales que hace Cicerón para que se otorgue la ciudadanía romana al poeta Arquias que fue uno de sus maestros).
El estoicismo romano, que definía a la especie humana como parte de un principio divino, y las religiones judía y cristiana, que defendían los derechos de los menos privilegiados y la igualdad de todos ante Dios, contribuyeron a desarrollar la teoría democrática moderna.
A mediados del siglo XVIII, cuatro naciones iroquesas norteamericanas, Séneca, Cayuga, Oneida y Mohicanos, a las que se sumó Turascona en 1720, formaron una gran liga democrática con características tanto participativas cuanto representativas, denominada Haudenosaunee. Su capital estaba ubicada donde hoy se encuentra la ciudad de Siracusa, en el estado de Nueva York.
En el curso del siglo XX se produjeron hechos históricos de gran importancia que impusieron la democracia como forma de gobierno dominante en el mundo.
Aristóteles distinguió hace ya muchos siglos entre la democracia, que es el gobierno del pueblo, y la oclocracia, que es el gobierno de la plebe o, si se prefiere, de la muchedumbre.
Polibio, historiador griego, en su obra Historiæ, VI, 3, 5-12; 4, 1-11, sobre el 200 a. C. llamó oclocracia al fruto de la acción demagógica y la definió como "la tiranía de las mayorías incultas y el uso indebido de la fuerza para obligar a los gobernantes a adoptar políticas, decisiones o regulaciones desafortunadas". "Cuando esta (la democracia), a su vez, se mancha de ilegalidad y violencias, con el pasar del tiempo, se constituye la oclocracia".
Hay la idea de que dicha situación pueda estar promovida por la influencia de intereses políticos, económicos u otros más ocultos e inconfesables.

Ilustres pensadores como Aristóteles, Pricles, Giovanni Sartori , Juvenal, Shakespeare, Lope de Vega, Ortega y Gasset o Tocqueville han advertido de un permanente peligro para la democracia popular: el interés de los oclócratas que ejercen el poder para hacerla degenerar en oclocracia con el objetivo de mantener dicho poder de forma corrupta, buscando una ilusoria legitimidad en el sector más ignorante de la sociedad, hacia el cual vuelcan todos sus esfuerzos propagandísticos y manipuladores.

Edward Gibbson escribió en el siglo XVIII: Bajo un gobierno democrático los ciudadanos ejercen los poderes de la soberanía, y, si estos poderes se entregan a una multitud inmanejable, primero se abusará de ellos y luego se perderán.


¿No hay una correspondencia muy real con lo que verdaderamente estamos viviendo, aunque poderes interesados sigan llamándole democracia cuando es oclocracia?
Manuel Villegas Ruiz
Dr. en Filosofía y Letras (Gª e Hª)