14/7/10

¡QUÉ TIEMPOS AQUELLOS!

Refiere García de Valdeavellano que, conforme iba avanzando la Reconquista y se constituían nuevos núcleos de población, cuando éstos tenían que resolver un problema que atañese a esa comunidad, todos los vecinos, a “campana tañida”, tenían que reunirse, normalmente los domingos después de misa mayor y por costumbre ante la puerta de la iglesia, para que cada uno diese su opinión de cómo había de solucionarse la contrariedad que a todos afectaba y, en común, tratar de hallar la solución al problema.
Lo curioso y más importante del caso, nos sigue contando el historiador referido, es que aquél que no concurriese a la reunión, era reo de una multa, porque no intentaba ayudar a remediar la dificultad que aquejaba a la comunidad.
Este fue el comienzo del ayuntamiento o, permítaseme la palabra, ajuntamiento, dado que todos los vecinos se juntaban, ayuntaban o unían para resolver un problema común.
A eso podemos llamar auténtica democracia, pues ésta no es más, a grandes rasgos, que el gobierno del pueblo por sí mismo.
Aunque, con el tiempo y dados que los problemas de las poblaciones se fueron haciendo cada vez más complejos, no hubo más remedio que encomendar la tarea de la solución de los mismos, a determinadas personas, más influyentes o sobresalientes para que hiciesen frente a ellos.
Esta forma de reunión “a campana tañida”, se conservó a lo largo de los años casi hasta el siglo XVIII.
Concretamente tengo documentado que Fernando el Católico en 1511 y 1520 se dirige a Córdoba, con motivo del encabezamiento de ciertas rentas, y dice a su corregidor que el pueblo se reúna “a campana tañida” para que tomen éstas por dicha modalidad.
Con esto pretende el Rey que todo el pueblo participe en una determinación tan importante y de tan gran repercusión en la ciudadanía que se va a ver afectada por una modalidad determinada de pagar los tributos a la Corona.
No estoy refiriendo un suceso de la Arcadia Feliz. Cuento lo que me ha enseñado la Historia y que sucedía en nuestra querida Patria no hace tantos siglos.
¡Cómo han cambiado las cosas! ¿Qué figuramos los ciudadanos en el gobierno de nuestra ciudad? Solamente se cuenta con nosotros cada cuatro años para que elijamos, dentro de unas listas predeterminadas a aquellos que tendrán que resolver nuestros problemas.
Una vez votados, después de habernos pedido tozuda y machaconamente nuestro voto, da la impresión de que nos vuelven las espaldas y ya no nos consideran útiles hasta que no lleguen las próximas elecciones en las que nuevamente nos solicitarán que los escojamos.
Lejos de mí pedir que el gobierno municipal vuelva a los siglos pasados y los habitantes de la ciudad nos reunamos a campana tañida, a convocatoria radiofónica o por Internet, para participar en las decisiones importantes que nos afecten.
Lo que si considero que sería bueno para todos los ciudadanos es que, cuando se presente un problema de envergadura, la decisión de ejecutar una obra, llevar a cabo un proyecto significativo o cualquier otro asunto de importancia que afecte a los vecinos, se nos consultase para que opinásemos sobre ello y de esta forma nuestros munícipes tendrían el respaldo de sus gobernados y nosotros la satisfacción de haber sido útiles y de sentirnos responsables en tomar las decisiones que a todos nos conciernen.
Hoy día, con las nuevas técnicas de comunicación, entiendo que se puede llevar a cabo sin gran dispendio para las arcas municipales.