18/7/13

EL ACUSICA




EL ACUSICA



El Acusica ha sido desde la escuela el más denigrado por el resto de la clase. En el colegio, siempre había un niño que estaba dispuesto a decirle al profesor quien era el que había originado un ruido molesto, promovido un alboroto o una carcajada a destiempo. El resto no lo tratábamos y más de un pescozón se ganó por su actitud tan poco amigable.

Pero el chivato denunciaba algún hecho que realmente había ocurrido, por lo que podríamos llamarlo denunciador ya que es sinónimo de acusador.

Este personaje tan poco apreciado lo utiliza nuestra Sociedad. Se nos dice que colaboremos cuando presenciemos algún hecho delictivo, alguna conducta que vaya contra las normas de buen comportamiento de la sociedad, como el exhibicionismo, el abuso de menores, un robo, la violencia de pareja, etc. y debemos denunciarlo a las autoridades para que actúen en consecuencia.

Los policías que velan por nuestra seguridad, tienen sus denunciadores entre los terroristas, narcotraficantes y bandas organizadas, para conocer cualquier hecho que estos malignos vayan a cometer.

No lo hacen gratis, reciben sus recompensas dinerarias o de otro tipo para pagarles el bien que hacen acusando al trasgresor de la Ley para impedir que se cometa el delito planeado.

Estamos satisfechos porque estos acusadores ayuden a que la paz y el orden social no se altere.

Sin embargo, al proponer algunos inspectores de Hacienda que haya denunciadores que delaten al que la defrauda, hay quienes han puesto el grito en el Cielo diciendo que esto nos llevaría a un estado policial en el que nadie se fiaría de su vecino.

No me lo invento, el dinero negro por trabajos sin declarar, la economía sumergida y todo fraude al Fisco, supone una cantidad muy elevada de nuestro PIB, que los ciudadanos que cobramos por nómina suplimos con más cargas para compensar lo que los defraudadores no ingresan.

Se dice que “en España el deporte nacional es engañar a Hacienda”. Los que pueden.

Está bien que se denuncien hechos delictivos puntuales, pero hay quien no acepta que la trampa que nos afecta a todos los que pagamos se descubra y que los culpables paguen por ello y el denunciador reciba parte de la multa impuesta al infractor.

La figura del denunciador es de honda raigambre en nuestra Historia y lo veremos por algunos mandatos, de nuestros monarcas y munícipes.

En las Ordenanzas de Felipe II dirigidas a Córdoba sobre la mancebía se dice:

Que los guardadores de las mancebías no alquilen ninguna ropa a la mujer que esté en ella, bajo la pena, por la primera vez, de mil maravedíes y pierda todas las ropas que así alquilare y se repartan así: la primera parte para la Cámara de su majestad y la otra para el demandador que lo denunciare y la otra para el juez que lo sentenciare,

Tampoco deben consentir que haya ninguna mujer enferma en el burdel, si lo hicieren la pena será por la primera vez de mil maravedíes y treinta días de cárcel repartida la multa de la manera anterior y por la segunda, la pena doblada y la misma forma de reparto.

En dichas Ordenanzas se mandan otras sanciones para diversos delitos y el castigo impuesto al infractor se repartirá como hemos visto más arriba.

En la sesión del Cabildo municipal cordobés del 14 de abril de 1535, se dicta que se venda el almud de cebada a diez maravedíes, so pena de trescientos maravedíes y el tercio para el denunciador.

En la del 7 de julio de 1535, al hablar de la venta de cueros se ordena que no se vendan a mayor precio, bajo pena de pérdida, y seiscientos maravedíes, el tercio de ellos para el denunciador”.

Órdenes como éstas las encontramos por doquier en cualquier documento real o municipal al aplicar una multa monetaria y al denunciador se le da el tercio de la pena impuesta al infractor.

¿Por esto ha sido España un Estado policial? ¡Ni mucho menos! Lo que expresa es que todos tenemos que contribuir al sostenimiento de los bienes que nos facilita el Estado por los cargas que abonamos, pero lo que no se ha de consentir es que todos tengamos los mismos beneficios y sólo unos pocos los costeemos.

Los ciudadanos no debemos consentir que esto pase. Es intolerable que casi un tercio del PIB (según se dice) sea dinero que no se declare a Hacienda y no se cotice por él.

Por ello, ojala se apruebe la idea de los inspectores de Hacienda y los tramposos se lo piensen dos veces antes de engañar a la Sociedad, porque quizá haya alguno que lo ponga en conocimiento de quien lo sancione y, si premian al denunciador, se abrirá la puerta para que los que conocen estos delitos salgan a denunciarlo.



Manuel Villegas Ruiz

Dr. En Filosofía y Letras (Gª e Hª)

Publicado en el Diario CÓRDOBA 21-6-2013