Antecedentes
Los primeros conquistadores españoles que comenzaron a adentrarse en lo que hoy conocemos como el estado de California iniciaron sus avances allá por el año 1542. Iban comandados por Juan Rodríguez Cabrillo, a quien Pedro de Alvarado le encomendó, junto con el apoyo de D. Antonio de Mendoza, primer virrey de la Nueva España, la misión de explorar, entre otros territorios, lo que hoy conocemos como California.
La expedición estaba compuesta por el mencionado Cabrillo, la tripulación de los barco, soldados, cierto número de indios, un sacerdote y alimentos suficientes para dos años, así como animales y mercancías, es decir una pequeña flota de conquista, cuyo barco capitán, San Salvador, había sido construido por el mismo Cabrillo.
Tuvieron éxito en su gestión y, para no ser demasiado prolijo, diré que reconocieron y se asentaron en lo que hoy, con pocas variaciones, conocemos como California.
Durante casi doscientos esta nueva región careció de un asentamiento firme y duradero de misioneros. Fue en el año 1769, cuando el franciscano fray Junípero Serra fundó la primera misión en San Diego y durante la segunda mitad del siglo los españoles fueron extendiéndose a lo largo de la costa de California.
A lo largo de todo este territorio se fue construyendo una cadena de misiones católicas, que estaban apoyadas por la Corona española. Allá por el año 1817, cercanas a la bahía de S. Francisco, se hallaban firmemente asentadas las misiones franciscanas de Dolores y S. Francisco.
Fundación de la Misión de S. Rafael Arcángel
Por su situación geográfica, ambas sufrían las consecuencias del clima local, húmedo y neblinoso que repercutía perniciosamente en la salud de los indios que poblaban las referidas misiones y que habían sido contagiados por las enfermedades aportadas por los blancos ya que su sistema inmunológico no tenía defensas para combatirlas.
El padre Prefecto de la misión de Dolores, fray Vicente Francisco Sarriá había recibido la propuesta de la erección de un sanatorio, algo más al norte, lugar en el que el clima y la situación geográfica era más benigno y menos perjudicial para la población.
Su primitiva reacción fue contraria a tal creación pues estaba temeroso de que las costumbres paganas e idolátricas de los indios que poblaban las inmediaciones de la zona propuesta pudiesen contaminar la todavía poco recia fe de los incolas de su misión. Inesperadamente se encontró con una ayuda imprevista que le hizo decidirse por llevar a cabo la propuesta hecha en su día.
El padre Luís Gil que poseía ciertos conocimientos médicos le participó que estaba dispuesto a hacerse cargo del nuevo asentamiento y velar por la salud tanto corporal, cuanto espiritual de los que constituyesen el núcleo primitivo del nuevo establecimiento. Este ofrecimiento fue decisivo ante la actitud dubitativa del padre Sarriá que accedió a la fundación ante el compromiso del padre Gil.
De esta manera se puso en marcha el establecimiento de la “Misión del Gloriosísimo Príncipe San Rafael Arcángel”.o simplemente la Misión de S. Rafael Arcángel.
Ésta fue la vigésima de las fundaciones en California y, como hemos dicho antes, constituía un apoyo a la de Dolores. Su institución fue llevada a cabo el día 14 de diciembre del año 1817 (hay otros datos que aseguran que fue el 14 de febrero de 1822).
Para la constitución de la misma, que estaría dotada de un hospital, se desplazaron al lugar más de 200 indios y varios frailes franciscanos, que se encargaron de formalizar el asentamiento e instituir los primeros cimientos de lo que sería con el tiempo la próspera misión mencionada.
Como caso curioso el nuevo asentamiento se hallaba a un día de viaje en burro de la misión de S. Francisco.
Una de las razones para la fundación de la misma era, como hemos dicho, reponer la maltrecha salud de los indios de la misión de Dolores. Por ello qué mejor nombre ponerle que Misión S. Rafael, cuyo significado es “Medicina de Dios.”
Como una de sus funciones era la antedicha, también se le denominó como Asistencia S. Rafael.
Su apariencia externa era bastante simple y sencilla. Impresionaba menos que la de la misión “madre”. Simplemente era un edificio sin pretensiones de 40 por 90 pies de planta, dividido, como de modo casual en una serie de habitaciones que se empleaban como hospital, capilla, almacén y monasterio.
Desde el principio de su creación, su prosperidad fue en constante aumento. Se organizaron una granja y un rancho de gran actividad en la frontera norte de Nueva España. Sus construcciones eran sencillas pero confortables. Los indios se dedicaban a cuidar sus huertos tierras de cultivo y rebaños de ganado.
Esta forma de agrupar a los indios en poblados distintos a aquellos en los que vivían los españoles se conocía con el nombre de reducciones. Desde los comienzos de la conquista la Corona de España había concebido la idea de agrupar a los naturales de las nuevas tierras en poblaciones en las que sólo vivieran ellos a fin de que no anduvieran dispersos. Se pretendía que, aparte de la mayor facilidad para su evangelización, cuidado de las tierras, y pago de tributos, siguiesen conservando sus costumbres, además de recibir la aculturación castellana.
En las instrucciones comunicadas por los monarcas a la segunda Audiencia de Nueva España, en 1531, se exponen, sin lugar a equívocos, las disposiciones de cómo se han de constituir éstas: Cada reducción ha de contar con una iglesia regida por un cura doctrinero, con el fin de instruir en la religión católica a los aborígenes (los Papas habían sido muy explícitos con los monarcas españoles respecto al adoctrinamiento de los indígenas). El mantenimiento del sacerdote debería subvenirse con parte de los tributos que los indios deberían de pagar. Vivían en comunidad, por lo que todos los bienes de la reducción, incluso las tierras pertenecían al total común de sus habitantes, lo que evitaba la posibilidad de la enajenación.
Las órdenes religiosas que más se distinguieron en la creación de reducciones fueron los franciscanos y los jesuitas. Las de esto últimos lograron un excelente desarrollo y fueron modelos de organización, pujanza económica y bienestar de sus habitantes. Se puede decir que las que mayor esplendor alcanzaron fueron las del Paraguay.
Desvinculación de la misión de Dolores
La prosperidad del nuevo establecimiento fue tal que, siendo una extensión unida por vínculo jerárquico a la misión de Dolores, esta pujante importancia que, día a día, iba adquiriendo concluyó con que el 19 de octubre de 1822 cortó su cordón umbilical con Dolores y fue reconocida de forma institucional como misión independiente. El núcleo de población indígena alcanzaba por aquel entonces los mil neófitos o indios bautizados. El padre Amorós la administró desde 1817 a 1832. Era un hombre de enérgica voluntad que impuso disciplina y laboriosa actividad en todo el establecimiento. Mandó roturar nuevos campos y creó una floreciente explotación ganadera. El trigo, importado de España, se cultivaba profusamente, además de los cereales autóctonos. Uno de los productos que más fama dieron a la explotación agrícola fueron sus excelentes peras.
Durante su gobierno logró que se convirtieran 1.837 indios. Dotó al asentamiento de más de 6.000 cabezas de ganado, entre las que se encontraban 400 magníficos caballos. Como caso anecdótico, todavía perdura el reloj de agua que mandó confeccionar y que siguió funcionando muchos años después de su fallecimiento.
Tiempos aciagos para S. Rafael
El conocido como “Grito de Dolores” fue la chispa que encendió el polvorín de la guerra por la independencia mexicana. El 16 de septiembre de 1810, al clarear el alba de dicho día, el cura Miguel Hidalgo y Costilla, junto con Ignacio Allende y Juan de Aldama, tañe la hoy famosa Campana de Dolores que se encontraba en el campanario oriental de la iglesia parroquial de la población de Dolores (hoy pertenece al estado de Guanajuato y se la denomina como Dolores Hidalgo, en recuerdo del cura levantisco). El repicar de la campana despertó a la población que acudió a la parroquia inquiriendo qué ocurría.
Una vez congregada la población frente a la iglesia, el cura Hidalgo pronuncia un emotivo y explosivo sermón, al final del cual grita: ¡Viva la Virgen de Guadalupe!, ¡Abajo el mal gobierno!, ¡Viva Fernando VII!
No voy a narrar aquí los avatares de la independencia Mexicana que se llegó a obtener en el año 1821.
Desde esta fecha hasta 1833, la misión siguió gestionada por la Iglesia Católica. En este punto histórico fue secularizada y pasó a ser administrada por la férula del estado mejicano, pero las nuevas autoridades no fueron capaces de prestar a las misiones la misma ayuda que habían recibido de la metrópolis durante la época colonial, por lo que, ante su incapacidad de mantenerlas bajo su dominio con una eficaz dirección, optaron por deshacerse de ellas con la postura más cómoda y a la vez lucrativa, es decir ponerlas en venta.
En primer lugar se las ofrecieron a los indios que en ellas vivían, quienes no pudieron adquirirlas por falta del dinero suficiente para su compra. No le quedó a los gobernantes otro remedio que dividirlas en ranchos y así, en porciones más pequeñas, fueron adquiridas por mejicanos blancos.
La de S. Rafael fue la primera en ser secularizada. Cosa que ocurrió en 1834 año en la adquirió el general Mariano Vallejo que era secretario del gobernador español de California y opuesto a la independencia de México. Vallejo, también incapaz de regirla con una buena gobernación, trasladó el ganado de ésta a las fincas de su propiedad, así como los útiles se labranza y hasta los árboles. Su asentamiento fue abandonado en 1844 y los edificios vendidos en 1846.
Nuevo cambio de propietario
Por el tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado entre México y los Estados Unidos en 1848, cuando finalizó la Guerra de Intervención Estadounidense, se llegó a un acuerdo entre ambos por el cual México cedería prácticamente la mitad de su territorio y que hoy comprende los estados de California, Arizona, Nevada, y Utah, parte de Colorado, Nuevo México y Wyoming.
La misión, por tanto, pasa a depender de los Estados Unidos, aunque en esta época sólo quedan ruinas de ella. Un solitario peral es el único recuerdo vivo de los antiguos tiempos de esplendor.
Ave fénix que resurge
No duró mucho tiempo esta incuria y abandono. En el año 1847, antes de que pasase a ser territorio estadounidense, un sacerdote con ganas de trabajar y un propósito muy concreto: hacer resurgir la antigua misión, se instala en los terrenos de S. Rafael. Su celo es tal que en 1861 se llega a construir una nueva parroquia, bajo la advocación de S. Rafael en esta misma zona.
En 1863 la Iglesia católica recupera las antiguas misiones por concesión especial de Abraham Lincoln. Desde entonces hasta estos días la situación no ha variado, es decir, siguen regentadas por los católicos.
La antigua capilla de S. Rafael vuelve a revivir con la construcción de una réplica suya llevada a cabo en 1949. Esto fue posible porque, al faltar documentos escritos, se acudió a los ancianos que conservaban en su memoria los recuerdos transmitidos por sus antepasados. Hoy sigue activa atendiendo a sus feligreses entre los que se cuenta una parte importante de vietnamitas y brasileños.
El territorio de la misión fue el germen de la actual ciudad californiana de S. Rafael. Es una próspera localidad con más de 55.000 habitantes de los cuales el 43% son hispanos.
Como dato curioso es interesante saber que se hizo famosa gracias al director cinematográfico George Lucas, que la utilizó como escenario de alguna de sus películas.
Comentario
Considero que la historia de esta misión es muy interesante pero, por desgracia, desconocida en buena medida por los españoles, ya que no poseemos fuentes escritas en nuestro idioma y, aunque los franciscanos eran muy meticulosos y dejaban constancia por escrito de todos los hechos importantes, (lo se por experiencia ya que estoy traduciendo del latín al castellano las crónicas de los conventos franciscanos descalzos de la Provincia de S. Pedro de Alcántara) no olvidemos que en 1846 la Revolución de la Bandera del Oso sacudió hasta sus cimientos el tranquilo S. Rafael ya que fue capturado por el general estadounidense John C. Fremont que la utilizó como cuartel, dedicando la capilla a establo. Ya podemos hacernos una idea de en qué emplearían los soldados aquellos escritos que encontrasen.
Podemos considerar este asentamiento como un prototipo de los muchos que llevaron a cabo las órdenes religiosas en las tierras conquistadas en ambas Américas y como una síntesis de una historia mayor: la de grandes naciones y del cambio de mentalidades, de forma de producción, de aprovechamiento de los beneficios y de relaciones entre pueblos.
La primera fase de S. Rafael, hasta la secularización en 1833, es de prosperidad, constante expansión y bienestar de los nativos. Es, como hemos dicho, uno de los muchos núcleos evangelizadores que las órdenes religiosas fundaron, administraron e hicieron prosperar. Podemos decir que la economía, la bonanza económica y el bienestar de los asentados van de la mano de la evangelización católica.
El periodo segundo, (para mí desastroso) al conseguir los mexicanos la independencia y hacerse cargo de todas las misiones, es de decadencia, incuria, falta de la debida dirección y ruina total de las misiones, lo que podemos extrapolar a las distintas nuevas naciones que se independizaron de la Corona española. Los nuevos estados, desligados de la metrópolis, no tienen medios y desconocen o no quieren poner en práctica la organización que han llevado a cabo las órdenes religiosas. En sus manos estaba el poder continuar con la práctica efectuada durante siglos por los evangelizadores que habían puesto en ejecución las directrices marcadas por los reyes de España, pero no quisieron o no pusieron voluntad en ello.
La solución más fácil, más retributiva y menos onerosa para sus dirigentes, es incautarse de los bienes y sacarlos a la venta de la que se aprovechan los poseedores de fortunas suficientes para hacerlo. Pero éstos tampoco son capaces de administrar debidamente las nuevas posiciones adquiridas y, como en el caso de S. Rafael, terminan trasladando a sus posesiones todas las riquezas de las que los asentamientos gozaban y dejan que éstos vayan deteriorándose y arruinándose poco a poco, destruyendo un foco de cultura, prosperidad y bienestar de sus habitantes que al final tienen que optar por abandonar el lugar.
La tercera fase de las misiones enclavadas en parte de lo que hoy son los Estados Unidos es que sus gobernantes, posiblemente influidos por la doctrina calvinista (lo apunto como hipótesis) ven en ellas la posibilidad de un renacimiento de comercio, bienestar y potencial foco de riqueza. Tanto es así que, sobre su primigenio asentamiento se crean ciudades prósperas que ayudan a engrandecer a la nueva confederación de estados de América del Norte. Pero ya no es la Iglesia católica, ni sus misioneros los que rigen estos nuevos asentamientos. Los religiosos han quedado relegados a cumplir estrictamente con sus funciones espirituales y dirección religiosa de los nuevos multirraciales habitantes del lugar que harán prosperar a la reciente ciudad-misión, no por la vía de la fe y espiritualidad, sino por algo más pragmático: el comercio, la cultura y los lugares de ocio y entretenimiento.
Manuel Villegas Ruiz
Dr. en Filosofía y Letras (Gª e Hª)
19/6/12
20/6/11
BANCARROTA DE LA CORONA ESPAÑOLA
No soy un analista financiero, tampoco un especialista en bolsa ni en grandes negocios y desconozco totalmente todo lo que se refiera a la economía de los grandes números. Sólo soy un historiador que vive en el mundo actual y que cada día recibe por todos los medios de comunicación un aluvión de información sobre la situación financiera mundial y en especial la de la llamada “Zona Euro”.
En ella, por lo que escucho y veo, el estado de las finanzas está, sobre todo en algunos países, al borde de la quiebra o como también se dice, de la bancarrota, para mí esta denominación es más eufónica.
Grecia y Portugal han tenido que ser ingresadas en la UVI monetaria. En Islandia han llevado a su presidente ante los tribunales por no haber sabido gestionar debidamente el desastre económico en el que su pueblo se encontraba.
La confianza en los mercados se derrumba. Los inversores exigen cada vez más garantías a los Estados de que el dinero que les van a prestar, mediante la compra de bonos que los gobiernos, al borde de la desesperación, procuran colocar, por ello los intereses que han de pagar son cada día más elevados.
El panorama que cada día contemplamos al levantarnos es éste: Una situación de casi total desconfianza en los medios financieros, una falta de fe en los gobiernos de los países que se ven afectados por ellos y una grave preocupación de que podamos dejar atrás este lastre que nos tiene a todos, países y ciudadanos, como atados a una bola de presidiario para que no nos podamos mover con libertad y todos los esfuerzos que se hagan por alejar este entorno sean inútiles. Este es el marco que nos circunda y que costará mucho romper.
Por naturaleza soy optimista y pienso que la mala racha pasará, lo que no sé es cuanto durará, pero como historiador he estudiado un momento histórico de nuestra España en el que las bancarrotas de la corona española se cebaron sobre nuestro país y duraron aproximadamente un siglo, desde 1557 a1664 .
Años de bancarrota: 1557, 1575, 1596, 1607, 1627, 1647, 1652, 1656 y 1664
Algunas se produjeron en periodos tan cortos como la de 1652 que fue cinco años después de la de 1647 o la de 1664 que ocurrió ocho años tras la de 1656.
Fue precisamente la época de mayor esplendor de España y las quiebras que sufrió vinieron como consecuencia del papel preponderante que nuestro País tenía en el mundo.
El emperador Carlos emprendió unas tareas colosales al enfrentarse a los turcos, a los franceses y a los príncipes alemanes que se habían decantado por las doctrinas luteranas. Los gastos que ocasionaban tantos frentes de guerra eran inconmensurables y a pesar del fluir constante del oro de las Indias, las alcabalas y las tercias no hubo suficiente dinero para sufragar tan ingentes costos.
Salvando las distancias, pero es incontrovertible, los reinos, los gobiernos democráticos y cualquier forma que se instaure para dirigir una nación no tienen una varita mágica parra hacer dinero; éste, simplificando mucho, procede de los impuestos que les cobra a sus ciudadanos.
Como a veces tiene más necesidad de gastar que el dinero que percibe, se inventa una fórmula de crear unos juros (se iniciaron en tiempos de los RR.CC) que mutatis mutandis vienen a ser lo que ahora llamamos bonos del Estado o Deuda Pública.
Los juros eran unos documentos en los que se acreditaba que cierto particular o entidad prestaba dinero al Reino que les pagaba unos intereses por él, a veces hasta de un catorce por ciento, pero que le iban, cual dogal, oprimiendo el cuello financiero, porque cada vez gastaba más e ingresaba menos. Se recurrieron a los préstamos y endeudamientos con los banqueros alemanes, pero el resultado fue el mismo. Los Welser junto con los Függer, hicieron pingües beneficios con sus préstamos al Emperador en tantos apuros económicos como pasó, de tal manera que, según nos dice Herman Kellenbenz, cuando Felipe II se hizo cargo del gobierno las deudas de la Corona eran 7 millones de ducados, de los que nada menos que un tercio eran préstamos dados por Antón Függer . (Kellenbenz, H., en Otazu, A. (Edit.), Dinero y Crédito (siglos XVI al XIX). Actas del Primer Coloquio Internacional de historia Económica. Madrid 1978. Pág. 20.
Carlos I no sufrió el mordisco de la bancarrota o quiebra de la Corona española, pero su hijo Felipe y sus sucesores la padecieron durante algo más de cien años. Al siguiente de la proclamación como rey de las España y de todos sus dominios de Felipe II se produjo la primera que fue bastante extensa en el tiempo.
Espero, deseo y anhelo que la situación que padecemos no dure tanto como la que sufrieron los Austria españoles, pero el momento que ahora atravesamos, salvando las distancias es muy parecido al que vivió España desde 1557 hasta 1664.
Como decían los latinos Nil novum sub sole. No hay nada nuevo bajo el sol.
Uno de los argumentos que usamos los historiadores para explicar el continuo llegar a ser de la Historia es el de los ciclos, o sea, a grandes rasgos, cada periodo de tiempo se suceden las mismas cosas que ya han ocurrido en otro
Me parece que la única diferencia estriba en que aquellas bancarrotas de la Corona española vinieron como consecuencia de mantener el prestigio y hacer prevalecer unos valores que para los españoles de entonces eran irrenunciables y ahora estamos en el lugar que nos hallamos, por haber gastado-dilapidado- nuestro patrimonio, tanto a nivel de Estado, cuanto a situación particular, en unos dispendios que no nos podíamos permitir.
En ella, por lo que escucho y veo, el estado de las finanzas está, sobre todo en algunos países, al borde de la quiebra o como también se dice, de la bancarrota, para mí esta denominación es más eufónica.
Grecia y Portugal han tenido que ser ingresadas en la UVI monetaria. En Islandia han llevado a su presidente ante los tribunales por no haber sabido gestionar debidamente el desastre económico en el que su pueblo se encontraba.
La confianza en los mercados se derrumba. Los inversores exigen cada vez más garantías a los Estados de que el dinero que les van a prestar, mediante la compra de bonos que los gobiernos, al borde de la desesperación, procuran colocar, por ello los intereses que han de pagar son cada día más elevados.
El panorama que cada día contemplamos al levantarnos es éste: Una situación de casi total desconfianza en los medios financieros, una falta de fe en los gobiernos de los países que se ven afectados por ellos y una grave preocupación de que podamos dejar atrás este lastre que nos tiene a todos, países y ciudadanos, como atados a una bola de presidiario para que no nos podamos mover con libertad y todos los esfuerzos que se hagan por alejar este entorno sean inútiles. Este es el marco que nos circunda y que costará mucho romper.
Por naturaleza soy optimista y pienso que la mala racha pasará, lo que no sé es cuanto durará, pero como historiador he estudiado un momento histórico de nuestra España en el que las bancarrotas de la corona española se cebaron sobre nuestro país y duraron aproximadamente un siglo, desde 1557 a1664 .
Años de bancarrota: 1557, 1575, 1596, 1607, 1627, 1647, 1652, 1656 y 1664
Algunas se produjeron en periodos tan cortos como la de 1652 que fue cinco años después de la de 1647 o la de 1664 que ocurrió ocho años tras la de 1656.
Fue precisamente la época de mayor esplendor de España y las quiebras que sufrió vinieron como consecuencia del papel preponderante que nuestro País tenía en el mundo.
El emperador Carlos emprendió unas tareas colosales al enfrentarse a los turcos, a los franceses y a los príncipes alemanes que se habían decantado por las doctrinas luteranas. Los gastos que ocasionaban tantos frentes de guerra eran inconmensurables y a pesar del fluir constante del oro de las Indias, las alcabalas y las tercias no hubo suficiente dinero para sufragar tan ingentes costos.
Salvando las distancias, pero es incontrovertible, los reinos, los gobiernos democráticos y cualquier forma que se instaure para dirigir una nación no tienen una varita mágica parra hacer dinero; éste, simplificando mucho, procede de los impuestos que les cobra a sus ciudadanos.
Como a veces tiene más necesidad de gastar que el dinero que percibe, se inventa una fórmula de crear unos juros (se iniciaron en tiempos de los RR.CC) que mutatis mutandis vienen a ser lo que ahora llamamos bonos del Estado o Deuda Pública.
Los juros eran unos documentos en los que se acreditaba que cierto particular o entidad prestaba dinero al Reino que les pagaba unos intereses por él, a veces hasta de un catorce por ciento, pero que le iban, cual dogal, oprimiendo el cuello financiero, porque cada vez gastaba más e ingresaba menos. Se recurrieron a los préstamos y endeudamientos con los banqueros alemanes, pero el resultado fue el mismo. Los Welser junto con los Függer, hicieron pingües beneficios con sus préstamos al Emperador en tantos apuros económicos como pasó, de tal manera que, según nos dice Herman Kellenbenz, cuando Felipe II se hizo cargo del gobierno las deudas de la Corona eran 7 millones de ducados, de los que nada menos que un tercio eran préstamos dados por Antón Függer . (Kellenbenz, H., en Otazu, A. (Edit.), Dinero y Crédito (siglos XVI al XIX). Actas del Primer Coloquio Internacional de historia Económica. Madrid 1978. Pág. 20.
Carlos I no sufrió el mordisco de la bancarrota o quiebra de la Corona española, pero su hijo Felipe y sus sucesores la padecieron durante algo más de cien años. Al siguiente de la proclamación como rey de las España y de todos sus dominios de Felipe II se produjo la primera que fue bastante extensa en el tiempo.
Espero, deseo y anhelo que la situación que padecemos no dure tanto como la que sufrieron los Austria españoles, pero el momento que ahora atravesamos, salvando las distancias es muy parecido al que vivió España desde 1557 hasta 1664.
Como decían los latinos Nil novum sub sole. No hay nada nuevo bajo el sol.
Uno de los argumentos que usamos los historiadores para explicar el continuo llegar a ser de la Historia es el de los ciclos, o sea, a grandes rasgos, cada periodo de tiempo se suceden las mismas cosas que ya han ocurrido en otro
Me parece que la única diferencia estriba en que aquellas bancarrotas de la Corona española vinieron como consecuencia de mantener el prestigio y hacer prevalecer unos valores que para los españoles de entonces eran irrenunciables y ahora estamos en el lugar que nos hallamos, por haber gastado-dilapidado- nuestro patrimonio, tanto a nivel de Estado, cuanto a situación particular, en unos dispendios que no nos podíamos permitir.
14/6/11
FIDES GRAECA NULLA FIDES
Por los países del entorno mediterráneo, especialmente entre los romanos circuló el dicho que da título a este artículo y que traducido al castellano quiere decir: “No te fíes de los griegos, porque te van a engañar”.
Parece ser que su antigüedad se remonta al año 1144 a. C. cuando el falaz Ulises ideó la tramposa estratagema del caballo de Troya que hizo perecer a Ilión.
Los romanos, al sentirse hijos de los troyanos, según cuenta Virgilio en su Eneida, no tenían confianza alguna en los griegos y de ahí que esta frase haya perdurado a través de los siglos, que incluso yo la he encontrado en textos latinos del siglo XVIII. Esta expresión no sólo la empleaban para referirse al ciudadano griego del pueblo, sino también para sus dirigentes y gobernantes.
Creo que, hoy día, sería un ejercicio inútil demostrar que los griegos son mendaces ya que ellos mismos se han empecinado en demostrarlo con la falacia de las cuentas que han presentado, una y otra vez ante la C.E.E. hasta tal punto que han tenido que ser ingresados en la UVI financiera y se les está ayudando a restañar las heridas de sus muchas deudas.
Pero hay otra nación al oeste de Mediterráneo que está haciendo todo lo posible para que se le aplique ese remoquete, porque parece que sus gobernantes, por su mala gestión, sus falsedades y su rectificación continua de lo expresado con anterioridad, provocan que todo el mundo pierda la confianza en ella y está adquiriendo un grado tal de falta de fe que hace que nadie la crea. Me refiero a España.
Antiguamente la palabra de un caballero español era indubitable y ¡ay de aquel que osase dudar de su veracidad y de que no cumpliría lo dicho! Se exponía a ser ensartado por la espada del hispano.
¿Ocurre hoy esto? Más bien no.
Creo que, como en el caso de Grecia, sería molesto y vergonzoso enumerar detenidamente las causas que provocan esa falta de confianza en España, pero voy a espigar algunos casos que así lo aseveran.
¿Confiamos en nuestros políticos? Pienso que no. ¿Quien de ellos resistiría una prueba de hemeroteca o fonoteca para comprobar las veces que ha mudado el digo por el Diego? Son la tercera preocupación de los ciudadanos. Muy pocos creemos en ellos. Opino que ya es suficiente con esto.
¿Tenemos fe en nuestros sindicatos? Que se lo pregunten a los cinco millones de parados y a los cientos de miles de afiliados que, por falta de confianza en ellos, se han dado de baja de los mismos.
¿Nos fiamos de nuestra sanidad pública? Que contesten los que están en listas de espera durante meses y, en casos, años.
¿Es creíble nuestra Justicia? Respuesta muy fácil ¿Cómo están el Tribunal Supremo y el Constitucional? Por debajo de sus puertas asoman las patitas de los partidos políticos. Nada más a propósito para no crear confianza en ella.
Nuestra economía ¿Es fiable? A esto se responde con los estudios de mercados de las agencias internacionales dedicadas a ello y con los intereses tan elevados a los que se colocan nuestros bonos de Estado. ¡Ah! Pero son ellas las que mienten. No hay peligro.
¿Continúo? No. Prefiero no seguir con la cadena de mentiras que ciñe a nuestra Patria, porque realmente es tan bochornoso este ceñidor que me da verdadera pena. Y me duele, como español, que nuestros dirigentes estén haciendo lo posible para que en el escudo de nuestra España campee el mote de FIDES HISPANA, NULLA FIDES.
Manuel Villegas Ruiz
Doctor en Filosofía y Letras (Gª e Hª)
Parece ser que su antigüedad se remonta al año 1144 a. C. cuando el falaz Ulises ideó la tramposa estratagema del caballo de Troya que hizo perecer a Ilión.
Los romanos, al sentirse hijos de los troyanos, según cuenta Virgilio en su Eneida, no tenían confianza alguna en los griegos y de ahí que esta frase haya perdurado a través de los siglos, que incluso yo la he encontrado en textos latinos del siglo XVIII. Esta expresión no sólo la empleaban para referirse al ciudadano griego del pueblo, sino también para sus dirigentes y gobernantes.
Creo que, hoy día, sería un ejercicio inútil demostrar que los griegos son mendaces ya que ellos mismos se han empecinado en demostrarlo con la falacia de las cuentas que han presentado, una y otra vez ante la C.E.E. hasta tal punto que han tenido que ser ingresados en la UVI financiera y se les está ayudando a restañar las heridas de sus muchas deudas.
Pero hay otra nación al oeste de Mediterráneo que está haciendo todo lo posible para que se le aplique ese remoquete, porque parece que sus gobernantes, por su mala gestión, sus falsedades y su rectificación continua de lo expresado con anterioridad, provocan que todo el mundo pierda la confianza en ella y está adquiriendo un grado tal de falta de fe que hace que nadie la crea. Me refiero a España.
Antiguamente la palabra de un caballero español era indubitable y ¡ay de aquel que osase dudar de su veracidad y de que no cumpliría lo dicho! Se exponía a ser ensartado por la espada del hispano.
¿Ocurre hoy esto? Más bien no.
Creo que, como en el caso de Grecia, sería molesto y vergonzoso enumerar detenidamente las causas que provocan esa falta de confianza en España, pero voy a espigar algunos casos que así lo aseveran.
¿Confiamos en nuestros políticos? Pienso que no. ¿Quien de ellos resistiría una prueba de hemeroteca o fonoteca para comprobar las veces que ha mudado el digo por el Diego? Son la tercera preocupación de los ciudadanos. Muy pocos creemos en ellos. Opino que ya es suficiente con esto.
¿Tenemos fe en nuestros sindicatos? Que se lo pregunten a los cinco millones de parados y a los cientos de miles de afiliados que, por falta de confianza en ellos, se han dado de baja de los mismos.
¿Nos fiamos de nuestra sanidad pública? Que contesten los que están en listas de espera durante meses y, en casos, años.
¿Es creíble nuestra Justicia? Respuesta muy fácil ¿Cómo están el Tribunal Supremo y el Constitucional? Por debajo de sus puertas asoman las patitas de los partidos políticos. Nada más a propósito para no crear confianza en ella.
Nuestra economía ¿Es fiable? A esto se responde con los estudios de mercados de las agencias internacionales dedicadas a ello y con los intereses tan elevados a los que se colocan nuestros bonos de Estado. ¡Ah! Pero son ellas las que mienten. No hay peligro.
¿Continúo? No. Prefiero no seguir con la cadena de mentiras que ciñe a nuestra Patria, porque realmente es tan bochornoso este ceñidor que me da verdadera pena. Y me duele, como español, que nuestros dirigentes estén haciendo lo posible para que en el escudo de nuestra España campee el mote de FIDES HISPANA, NULLA FIDES.
Manuel Villegas Ruiz
Doctor en Filosofía y Letras (Gª e Hª)
9/6/11
EL NEFELIBATA
Nefelibata es una palabra griega aceptada y recogida en el diccionario de la R.A.E. compuesta de dos vocablos de este idioma que son: νεφέλη = neféle (nube) y βάτης = bátes del verbo βαίνω = baíno que quiere decir caminar, andar, deambular.
Por lo que su significado es: El que camina por las nubes. O lo que es lo mismo se le aplica a la persona soñadora que vive en las nubes y no tiene los pies afirmados en la tierra, es decir, que ha perdido el contacto con la realidad.
Es una palabra culta que se les aplica cariñosamente a los poetas, no porque no tengan los pies en la tierra sino porque en su ensoñación creadora parece que caminan por las nubes que son las que les inspiran la belleza que plasman en sus obras y que sirve para nuestro deleite.
Precisamente el vocablo latino poesis, tomada de la palabra griega ποίησις (poíesis), de donde se deriva poeta, significa: “Manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la locución, en verso o en prosa”.
En una palabra el poeta o nefelibata es el que nos seduce mediante su visión privilegiada de la beldad. Para mí particularmente la palabra nefelibata tiene una eufonía especial, pues contiene dos vocales abiertas (la a y la e) y una cerrada (la i), por lo que resulta muy agradable al oído.
El primero del que se tiene noticia de haber empleado esta palabra refiriéndose así mismo es el gran poeta nicaragüense Rubén Darío de la que dejó constancia en su poema Epístola, dedicada a la esposa de Leopoldo Lugones y en la que dice:
“Que ando, nefelibata, por las nubes…Entiendo.
Que no soy hombre práctico en la vida… ¡Estupendo!”
En su poema Mar Latino también utilizó dicha palabra
“Nefelibata contento,
Creo interpretar
Las confidencias del viento
La tierra y el mar…”
El nefelibata al que me refiero, si no me falla la memoria, dijo que la Tierra no era de nadie, sino del viento. No se siquiera si conoce a Rubén Darío, pero ciertamente interpreta las confidencias del viento para regir España.
Igualmente hace uso de esta palabra el insigne Antonio Machado (para mí que la tomó de Rubén Darío) que en su Cancionero Apócrifo, nos encanta con esta estrofa que transcribo:
Sube y sube, pero ten
Cuidado, Nefelibata,
Que entre las nubes también
Se puede meter la pata.
Yo desconocía la capacidad premonitoria de nuestro ilustre Antonio Machado. Murió en 1939, pero da la impresión de que tuvo una visión anticipada de lo que ocurriría en España en la época actual.
En cambio yo se de un nefelibata que no tiene nada de poeta ni de creador de belleza, pero si está acreditado y es manifiesto que no asienta sus pies en el suelo.
Este ser parece que ha nacido, criado y se sigue manteniendo en las nubes sin contacto con la realidad que se le ostenta inexorablemente por los cuatro puntos cardinales.
No bajó de las nubes cuando su país marchaba sin remisión por una pendiente inclinada que lo ha llevado al borde de un precipicio del que va a costar mucho sudor, sangre, esfuerzo y colosales sacrificios para poder salir de él.
Cuando todos le advertían de lo contrario el, nefelibata, se empecinaba en que nos encontrábamos en las mejores condiciones posibles y que íbamos a la cabeza de la Liga de Campeones.
Siguió caminando entre nubes al negarse tozuda y pertinazmente a reconocer lo que el resto de los mandatarios y hasta sus mismos asesores y correligionarios le ponían ante sus ojos: Que el camino que había emprendido era equivocado y que costaría mucho enderezar el rumbo.
Fue un nefelibata cuando aseguraba que los brotes verdes se veían por doquier. Él no inventó la locución “brotes verdes” (soy un ignaro en botánica, pero espero que alguien me indique si los brotes pueden ser azules, negros o amarillos o de otro color que no sea verde. Se lo agradeceré), pero, como la religión más extendida por todo el mundo es el papanatismo, todos la utilizaron sin tener en cuenta que se daba una reiteración innecesaria.
Es un nefelibata empedernido, sin la grandeza y belleza de éstos cuando mantiene que no ha realizado recortes sociales y califica de bellacos y, poco más o menos, felones a los que así lo mantienen.
Que se lo pregunte a los funcionarios, a los jubilados a los que han perdido la ayuda de los 420€ y, finalmente a los cinco millones de parados, autónomos y pequeñas y grandes empresas que se han visto abocadas al cierre, muchas de ellas porque los organismos gubernamentales, autonomías, ayuntamientos y un largo etc no les pagan las facturas que les deben, y también a la generación perdida de nuestros jóvenes con más de un 40% de paro.
Sigue siendo un nefelibata cuando, tras el repudio general que España le ha mostrado en las últimas elecciones, manifiesta que se mantendrá hasta el final de la legislatura, cuando ya es un cadáver político.
¡Acaso es que ha perdido el contacto con la realidad y es un nefelibata que vive solo en las nubes!
No quiero extenderme más.
Desgraciado del país que se ve gobernado por un nefelibata, sin la grandeza de los poetas y con la incompetencia de los más que mediocres.
Manuel Villegas Ruiz
Doctor en Filosofía y Letras (Gª e Hª)
Por lo que su significado es: El que camina por las nubes. O lo que es lo mismo se le aplica a la persona soñadora que vive en las nubes y no tiene los pies afirmados en la tierra, es decir, que ha perdido el contacto con la realidad.
Es una palabra culta que se les aplica cariñosamente a los poetas, no porque no tengan los pies en la tierra sino porque en su ensoñación creadora parece que caminan por las nubes que son las que les inspiran la belleza que plasman en sus obras y que sirve para nuestro deleite.
Precisamente el vocablo latino poesis, tomada de la palabra griega ποίησις (poíesis), de donde se deriva poeta, significa: “Manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la locución, en verso o en prosa”.
En una palabra el poeta o nefelibata es el que nos seduce mediante su visión privilegiada de la beldad. Para mí particularmente la palabra nefelibata tiene una eufonía especial, pues contiene dos vocales abiertas (la a y la e) y una cerrada (la i), por lo que resulta muy agradable al oído.
El primero del que se tiene noticia de haber empleado esta palabra refiriéndose así mismo es el gran poeta nicaragüense Rubén Darío de la que dejó constancia en su poema Epístola, dedicada a la esposa de Leopoldo Lugones y en la que dice:
“Que ando, nefelibata, por las nubes…Entiendo.
Que no soy hombre práctico en la vida… ¡Estupendo!”
En su poema Mar Latino también utilizó dicha palabra
“Nefelibata contento,
Creo interpretar
Las confidencias del viento
La tierra y el mar…”
El nefelibata al que me refiero, si no me falla la memoria, dijo que la Tierra no era de nadie, sino del viento. No se siquiera si conoce a Rubén Darío, pero ciertamente interpreta las confidencias del viento para regir España.
Igualmente hace uso de esta palabra el insigne Antonio Machado (para mí que la tomó de Rubén Darío) que en su Cancionero Apócrifo, nos encanta con esta estrofa que transcribo:
Sube y sube, pero ten
Cuidado, Nefelibata,
Que entre las nubes también
Se puede meter la pata.
Yo desconocía la capacidad premonitoria de nuestro ilustre Antonio Machado. Murió en 1939, pero da la impresión de que tuvo una visión anticipada de lo que ocurriría en España en la época actual.
En cambio yo se de un nefelibata que no tiene nada de poeta ni de creador de belleza, pero si está acreditado y es manifiesto que no asienta sus pies en el suelo.
Este ser parece que ha nacido, criado y se sigue manteniendo en las nubes sin contacto con la realidad que se le ostenta inexorablemente por los cuatro puntos cardinales.
No bajó de las nubes cuando su país marchaba sin remisión por una pendiente inclinada que lo ha llevado al borde de un precipicio del que va a costar mucho sudor, sangre, esfuerzo y colosales sacrificios para poder salir de él.
Cuando todos le advertían de lo contrario el, nefelibata, se empecinaba en que nos encontrábamos en las mejores condiciones posibles y que íbamos a la cabeza de la Liga de Campeones.
Siguió caminando entre nubes al negarse tozuda y pertinazmente a reconocer lo que el resto de los mandatarios y hasta sus mismos asesores y correligionarios le ponían ante sus ojos: Que el camino que había emprendido era equivocado y que costaría mucho enderezar el rumbo.
Fue un nefelibata cuando aseguraba que los brotes verdes se veían por doquier. Él no inventó la locución “brotes verdes” (soy un ignaro en botánica, pero espero que alguien me indique si los brotes pueden ser azules, negros o amarillos o de otro color que no sea verde. Se lo agradeceré), pero, como la religión más extendida por todo el mundo es el papanatismo, todos la utilizaron sin tener en cuenta que se daba una reiteración innecesaria.
Es un nefelibata empedernido, sin la grandeza y belleza de éstos cuando mantiene que no ha realizado recortes sociales y califica de bellacos y, poco más o menos, felones a los que así lo mantienen.
Que se lo pregunte a los funcionarios, a los jubilados a los que han perdido la ayuda de los 420€ y, finalmente a los cinco millones de parados, autónomos y pequeñas y grandes empresas que se han visto abocadas al cierre, muchas de ellas porque los organismos gubernamentales, autonomías, ayuntamientos y un largo etc no les pagan las facturas que les deben, y también a la generación perdida de nuestros jóvenes con más de un 40% de paro.
Sigue siendo un nefelibata cuando, tras el repudio general que España le ha mostrado en las últimas elecciones, manifiesta que se mantendrá hasta el final de la legislatura, cuando ya es un cadáver político.
¡Acaso es que ha perdido el contacto con la realidad y es un nefelibata que vive solo en las nubes!
No quiero extenderme más.
Desgraciado del país que se ve gobernado por un nefelibata, sin la grandeza de los poetas y con la incompetencia de los más que mediocres.
Manuel Villegas Ruiz
Doctor en Filosofía y Letras (Gª e Hª)
10/5/11
¡POBRE HOMBRE!
El idioma español es tan rico de matices que, según en el lugar en el que se sitúe un adjetivo puede hacer que la palabra que es calificada con él llegue a tener significados distintos.
No es lo mismo una casa vieja que una vieja casa. En el primer lugar queremos designar que la casa a la que nos referimos se encuentra en un estado tal de degradación y deterioro físico que toda su estructura y la edificación misma amenazan ruina, como en lenguaje coloquial decimos, se cae a pedazos y es necesario derruirla para edificar otra nueva, ya que es irrecuperable.
Sin embargo una vieja casa tiene una connotación distinta. Al utilizar esa expresión nos estamos refiriendo más a los habitantes de la misma que al edificio en sí. Con ella queremos designar que los primeros que la fundaron procedían de rancia estirpe y encumbrado abolengo. Es decir no nos referimos al edificio en sí, sino más bien al linaje que fundó y mantiene la estirpe que la ha habitado desde que la familia que la inició ha venido sucediéndose a través de los años y en ocasiones de los siglos.
Igual ocurre con las expresiones: un hombre pobre y un pobre hombre.
En el primer caso denotamos que la persona a la que nos referimos está escasa de recursos económicos, se encuentra en un estado tal de carencia de bienes que, para sobrevivir, ha de recurrir a la caridad y ayuda de los demás. También en lenguaje coloquial un hombre pobre es aquél que no tiene donde caerse muerto.
En esta desventurada España, según las estadísticas, hay más de un millón de hombre pobres que junto con sus familiares o los que dependen de ellos, posiblemente alcancen los dos millones de seres humanos
En cambio cuado decimos un pobre hombre no nos estamos refiriendo a su capacidad económica, a su poder adquisitivo, a sus bienes propios ni al capital que pueda poseer.
Con esta expresión queremos significar que la persona a la que nos referimos es más bien un pusilánime en el sentido en que define esta palabra la R.A.E., es decir, se trata de una persona falta de ánimo y valor para tolerar las desgracias o para intentar cosas grandes. En latín pusillanimis es aquél que tiene un ánimo corto, pequeño, que no tiene grandeza de espíritu, que todo le viene grande y no se encuentra con fuerzas para hacer frente a las dificultades. Es aquél que niega con pertinacia la realidad.
También un pobre hombre es aquél que no es capaz de mantener sus convicciones y cambia de parecer cual veleta de campanario y muda el digo por el Diego a la menor contradicción.
Igualmente el que es pobre hombre se siente tan complacido, enrocado y enraizado en su mediocridad que no escucha las opiniones de los demás y considera que posee la verdad absoluta.
Asimismo designamos así a quien los demás compadecen y que pocos son los que le hacen caso, lo toman en consideración o lo quieren a su lado, salvo aquellos que se están aprovechando de él o cuentan con posiciones económico-político-laborales que las han conseguido gracias a él.
Nuestro triste país está precisamente regido por un pobre hombre. Éste, cuando sesudos y eximios hombres vaticinaron la situación que se nos venía encima y nos acechaba para devorarnos como Cronos con sus hijos, no sólo la negaba, sino que en un optimismo infundado decía que estábamos en la mejor de las situaciones posibles y mejor preparados que el resto de países para hacer frente a ella, caso de que llegase a suceder
Su falta de grandeza espíritu le llegó a cerrar los ojos de tal forma que no fue capaz de reconocer que nos íbamos deslizando por un plano inclinado que había de llevar a la Nación a la situación en la que ahora se encuentra Oficialmente un 21,3% de parados. Los pequeños y medianos empresarios cierran sus negocios ya que los proveedores del crédito necesario para que se mantengan no se lo proveen y están ahogándolos de tal manera que y no pueden sobrevivir y han de dejar su modo de subsistencia y han tenido que despedir a los pocos empleados que tienen.
Su pusilanimidad le llevó a no enfrentarse con la realidad y reconocer que tenía que hacer caso a los que le recomendaban que no siguiese por ese camino, así como a no tener el valor para acometer las medidas que habrían hecho que no estuviésemos en el lugar en el que nos encontramos.
La voz del pueblo lo rechaza. Los financieros no tienen confianza en él por las muchas veces que nos ha mentido. El resto de los países no lo toman en serio (recordemos el caso de China y de otros) Sus mismos correligionarios, aunque en público digan lo contrario, se apartan de él y lo orillan.
En el momento actual, próximas las elecciones municipales, la marca catalana de su partido, es decir el PSC, no quiere que aparezca por aquella región ya que puede causarle más daño que beneficio.
Después de haber anunciado que no volverá a presentarse a las elecciones hasta los suyos le vuelven la espalda.
Concluyo con parte de un soneto de Francisco Álvarez Hidalgo y digo: ¡Pobre hombre y pobre País!
Déspotas vinculados al gobierno
Inmolarán sus hijos en la guerra,
Persiguiendo una estúpida ambición
Y extenderán la furia del infierno
A la sangrienta y calcinada tierra,
Y esa será su gloria y su blasón.
En este caso no hay guerra, pero España sí está calcinada por el fuego de la desdicha.
Manuel Villegas Ruiz
No es lo mismo una casa vieja que una vieja casa. En el primer lugar queremos designar que la casa a la que nos referimos se encuentra en un estado tal de degradación y deterioro físico que toda su estructura y la edificación misma amenazan ruina, como en lenguaje coloquial decimos, se cae a pedazos y es necesario derruirla para edificar otra nueva, ya que es irrecuperable.
Sin embargo una vieja casa tiene una connotación distinta. Al utilizar esa expresión nos estamos refiriendo más a los habitantes de la misma que al edificio en sí. Con ella queremos designar que los primeros que la fundaron procedían de rancia estirpe y encumbrado abolengo. Es decir no nos referimos al edificio en sí, sino más bien al linaje que fundó y mantiene la estirpe que la ha habitado desde que la familia que la inició ha venido sucediéndose a través de los años y en ocasiones de los siglos.
Igual ocurre con las expresiones: un hombre pobre y un pobre hombre.
En el primer caso denotamos que la persona a la que nos referimos está escasa de recursos económicos, se encuentra en un estado tal de carencia de bienes que, para sobrevivir, ha de recurrir a la caridad y ayuda de los demás. También en lenguaje coloquial un hombre pobre es aquél que no tiene donde caerse muerto.
En esta desventurada España, según las estadísticas, hay más de un millón de hombre pobres que junto con sus familiares o los que dependen de ellos, posiblemente alcancen los dos millones de seres humanos
En cambio cuado decimos un pobre hombre no nos estamos refiriendo a su capacidad económica, a su poder adquisitivo, a sus bienes propios ni al capital que pueda poseer.
Con esta expresión queremos significar que la persona a la que nos referimos es más bien un pusilánime en el sentido en que define esta palabra la R.A.E., es decir, se trata de una persona falta de ánimo y valor para tolerar las desgracias o para intentar cosas grandes. En latín pusillanimis es aquél que tiene un ánimo corto, pequeño, que no tiene grandeza de espíritu, que todo le viene grande y no se encuentra con fuerzas para hacer frente a las dificultades. Es aquél que niega con pertinacia la realidad.
También un pobre hombre es aquél que no es capaz de mantener sus convicciones y cambia de parecer cual veleta de campanario y muda el digo por el Diego a la menor contradicción.
Igualmente el que es pobre hombre se siente tan complacido, enrocado y enraizado en su mediocridad que no escucha las opiniones de los demás y considera que posee la verdad absoluta.
Asimismo designamos así a quien los demás compadecen y que pocos son los que le hacen caso, lo toman en consideración o lo quieren a su lado, salvo aquellos que se están aprovechando de él o cuentan con posiciones económico-político-laborales que las han conseguido gracias a él.
Nuestro triste país está precisamente regido por un pobre hombre. Éste, cuando sesudos y eximios hombres vaticinaron la situación que se nos venía encima y nos acechaba para devorarnos como Cronos con sus hijos, no sólo la negaba, sino que en un optimismo infundado decía que estábamos en la mejor de las situaciones posibles y mejor preparados que el resto de países para hacer frente a ella, caso de que llegase a suceder
Su falta de grandeza espíritu le llegó a cerrar los ojos de tal forma que no fue capaz de reconocer que nos íbamos deslizando por un plano inclinado que había de llevar a la Nación a la situación en la que ahora se encuentra Oficialmente un 21,3% de parados. Los pequeños y medianos empresarios cierran sus negocios ya que los proveedores del crédito necesario para que se mantengan no se lo proveen y están ahogándolos de tal manera que y no pueden sobrevivir y han de dejar su modo de subsistencia y han tenido que despedir a los pocos empleados que tienen.
Su pusilanimidad le llevó a no enfrentarse con la realidad y reconocer que tenía que hacer caso a los que le recomendaban que no siguiese por ese camino, así como a no tener el valor para acometer las medidas que habrían hecho que no estuviésemos en el lugar en el que nos encontramos.
La voz del pueblo lo rechaza. Los financieros no tienen confianza en él por las muchas veces que nos ha mentido. El resto de los países no lo toman en serio (recordemos el caso de China y de otros) Sus mismos correligionarios, aunque en público digan lo contrario, se apartan de él y lo orillan.
En el momento actual, próximas las elecciones municipales, la marca catalana de su partido, es decir el PSC, no quiere que aparezca por aquella región ya que puede causarle más daño que beneficio.
Después de haber anunciado que no volverá a presentarse a las elecciones hasta los suyos le vuelven la espalda.
Concluyo con parte de un soneto de Francisco Álvarez Hidalgo y digo: ¡Pobre hombre y pobre País!
Déspotas vinculados al gobierno
Inmolarán sus hijos en la guerra,
Persiguiendo una estúpida ambición
Y extenderán la furia del infierno
A la sangrienta y calcinada tierra,
Y esa será su gloria y su blasón.
En este caso no hay guerra, pero España sí está calcinada por el fuego de la desdicha.
Manuel Villegas Ruiz
OTRA MEMORIA HISTÓRICA
Posiblemente tenga una mente demasiado racional y, por ello, soy un apasionado de la verdad.
No entiendo ni comprendo cómo, alguien que conozca un poco nuestra Historia, (soy Doctor en ella) pueda negar hasta lo que se recogen en las actas de las sesiones del Gobierno de la época en la que las izquierdas tomaban partido por la revolución, por la guerra civil, la total exterminación del adversario (que no enemigo) político y, con todo descaro y total falta a la verdad mantengan que ésta fue provocada por las derechas.
Como ejemplo cito uno versos de Miguel Hernández. Icono venerado por todas las tendencias izquierdistas de esta desventurada España.
SONREÍDME
“Nubes tempestuosas de herramientas
Para un cielo de manos vengativas
Nos es preciso. Ya relampaguean
Las hachas y las hoces en su metal crispado
Ya truenan los martillos y los mazos
Sobre los pensamientos de los que nos han hecho
Burros de carga y bueyes de labor
Salta el capitalista de su cochino lujo, huyen los arzobispos de sus mitras obscenas
Los notarios y los registradores de la propiedad
Caen aplastados bajo furiosos protocolos, los curas se deciden a ser hombres
Y abierta ya la jaula donde actúa el león
Queda el oro en la más espantosa miseria.
En vuestros puños quiero ver rayos contrayéndose,
Quiero ver la cólera tirándoos de las cejas
La colera que nubla todas las cosas dentro del corazón
Sintiendo el martillo del hambre en el ombligo
……………………………………………………….
Habrá que ver la tierra estercolada
Con las injustas sangres, habrá que ver la media vuelta fiera de la hoz ajustándose a las nucas
Habrá que verlo todo sufriendo un poco menos de lo que
Ahora sufrimos bajo el hambre
Que nos hace cargar las inocentes manos animales
Hacia el robo y el crimen salvadores”
(Poema:”Sonreídme”. Miguel Hernández. Antología Poética. Córdoba. Marzo, 2010).
Tendríamos que dar un repaso a los poetas y escritores de izquierdas de aquél momento histórico y extraer la hiel de odio, venganza, crimen, resquemor, resentimiento y ansia de revancha que destilaban y encontraríamos la clave que nos ayudaría a conocer a los que no vivimos ni los antecedentes, ni la guerra misma, y por qué no hubo más remedio que alzarse ante tan execrable actitud que sólo pretendía la desmembración de nuestra Patria e implantar en ella una dictadura del proletariado y del pensamiento único, como ocurrió en otros países y que sí conocemos cómo funciona y ha terminado en alguno de los que se vieron sometidos al imperialismo el comunismo y socialismo.
¿Fueron éstos los buenos de la película e la Guerra Civil o, por el contrario los que la desencadenaron porque en un país tan saturado de odio, crimen, exterminio y venganza, no se podía ya vivir?
¿Por qué los que han tomado la antorcha de aquellos destructores de España no entonan su mea culpa y sólo quieren acusar, y de hecho lo hacen, a los que menos odio, rencor y sed de venganza animaban en sus corazones?
¿Por qué no los desenmascaramos de una vez y los mostramos tal como fueron y son, como unos rencorosos que han visto llegar ahora al momento de su revancha?
¿Por qué los que no somos como ellos no gritamos a los cuatro vientos que lo único que pretenden y lo están logrando es volver a dividir a este desventurado país, como lo hicieron desde la segunda república asaltando el poder ya que por los resultados de las urnas no tenían derecho a detentarlo?
Opino que debería de hacerse una imparcial revisión de la fatídica Guerra Civil, a todas luces deseada estimulada e impulsada por las cábilas izquierdistas.
Esto será imposible mientras en este desdichado país, como casi siempre, las que más alboroto armen y se crean en la posesión de la Verdad Absoluta, sean las izquierdas, con su carga de odio, venganza y desquite, y el resto, los ciudadanos de bien y que ya estamos hastiados de que sólo hablen de la nefasta guerra, hagan películas sobre ella y escriban libros en los que los inocentes y sacrificados sean quienes la comenzaron desde el año 1934 (recuérdese a la revolución de Asturias, a Largo Caballero y a Indalecio Prieto) y la mayoría de los españoles que no la conocimos pero sí sabemos lo que ocurrió por la Historia y los libros de Actas de las Sesiones gubernamentales que desde 1934 hasta el final de la misma, se encuentran en los archivos.
Mi opinión es que parece que hay pocos historiadores verdaderos amantes de la verdad imparcial que se atreven a investigar y dar a conocer sus informes y conclusiones.
Mientras nos encontremos en esta situación, las izquierdas harán todo lo posible por implantar su pensamiento como único aceptable y los demás no veremos relegados y postergados por falta de arrojo y deseo de hacer prevalecer la Verdad.
Manuel Villegas Ruiz
Doctor en Filosofía y Letras (Gª e Hª)
No entiendo ni comprendo cómo, alguien que conozca un poco nuestra Historia, (soy Doctor en ella) pueda negar hasta lo que se recogen en las actas de las sesiones del Gobierno de la época en la que las izquierdas tomaban partido por la revolución, por la guerra civil, la total exterminación del adversario (que no enemigo) político y, con todo descaro y total falta a la verdad mantengan que ésta fue provocada por las derechas.
Como ejemplo cito uno versos de Miguel Hernández. Icono venerado por todas las tendencias izquierdistas de esta desventurada España.
SONREÍDME
“Nubes tempestuosas de herramientas
Para un cielo de manos vengativas
Nos es preciso. Ya relampaguean
Las hachas y las hoces en su metal crispado
Ya truenan los martillos y los mazos
Sobre los pensamientos de los que nos han hecho
Burros de carga y bueyes de labor
Salta el capitalista de su cochino lujo, huyen los arzobispos de sus mitras obscenas
Los notarios y los registradores de la propiedad
Caen aplastados bajo furiosos protocolos, los curas se deciden a ser hombres
Y abierta ya la jaula donde actúa el león
Queda el oro en la más espantosa miseria.
En vuestros puños quiero ver rayos contrayéndose,
Quiero ver la cólera tirándoos de las cejas
La colera que nubla todas las cosas dentro del corazón
Sintiendo el martillo del hambre en el ombligo
……………………………………………………….
Habrá que ver la tierra estercolada
Con las injustas sangres, habrá que ver la media vuelta fiera de la hoz ajustándose a las nucas
Habrá que verlo todo sufriendo un poco menos de lo que
Ahora sufrimos bajo el hambre
Que nos hace cargar las inocentes manos animales
Hacia el robo y el crimen salvadores”
(Poema:”Sonreídme”. Miguel Hernández. Antología Poética. Córdoba. Marzo, 2010).
Tendríamos que dar un repaso a los poetas y escritores de izquierdas de aquél momento histórico y extraer la hiel de odio, venganza, crimen, resquemor, resentimiento y ansia de revancha que destilaban y encontraríamos la clave que nos ayudaría a conocer a los que no vivimos ni los antecedentes, ni la guerra misma, y por qué no hubo más remedio que alzarse ante tan execrable actitud que sólo pretendía la desmembración de nuestra Patria e implantar en ella una dictadura del proletariado y del pensamiento único, como ocurrió en otros países y que sí conocemos cómo funciona y ha terminado en alguno de los que se vieron sometidos al imperialismo el comunismo y socialismo.
¿Fueron éstos los buenos de la película e la Guerra Civil o, por el contrario los que la desencadenaron porque en un país tan saturado de odio, crimen, exterminio y venganza, no se podía ya vivir?
¿Por qué los que han tomado la antorcha de aquellos destructores de España no entonan su mea culpa y sólo quieren acusar, y de hecho lo hacen, a los que menos odio, rencor y sed de venganza animaban en sus corazones?
¿Por qué no los desenmascaramos de una vez y los mostramos tal como fueron y son, como unos rencorosos que han visto llegar ahora al momento de su revancha?
¿Por qué los que no somos como ellos no gritamos a los cuatro vientos que lo único que pretenden y lo están logrando es volver a dividir a este desventurado país, como lo hicieron desde la segunda república asaltando el poder ya que por los resultados de las urnas no tenían derecho a detentarlo?
Opino que debería de hacerse una imparcial revisión de la fatídica Guerra Civil, a todas luces deseada estimulada e impulsada por las cábilas izquierdistas.
Esto será imposible mientras en este desdichado país, como casi siempre, las que más alboroto armen y se crean en la posesión de la Verdad Absoluta, sean las izquierdas, con su carga de odio, venganza y desquite, y el resto, los ciudadanos de bien y que ya estamos hastiados de que sólo hablen de la nefasta guerra, hagan películas sobre ella y escriban libros en los que los inocentes y sacrificados sean quienes la comenzaron desde el año 1934 (recuérdese a la revolución de Asturias, a Largo Caballero y a Indalecio Prieto) y la mayoría de los españoles que no la conocimos pero sí sabemos lo que ocurrió por la Historia y los libros de Actas de las Sesiones gubernamentales que desde 1934 hasta el final de la misma, se encuentran en los archivos.
Mi opinión es que parece que hay pocos historiadores verdaderos amantes de la verdad imparcial que se atreven a investigar y dar a conocer sus informes y conclusiones.
Mientras nos encontremos en esta situación, las izquierdas harán todo lo posible por implantar su pensamiento como único aceptable y los demás no veremos relegados y postergados por falta de arrojo y deseo de hacer prevalecer la Verdad.
Manuel Villegas Ruiz
Doctor en Filosofía y Letras (Gª e Hª)
CORRUPCIÓN POLÍTICA Y FRAUDE A HACIENDA
No es mi deseo que nadie vea o suponga que a través de estas reflexiones voy a hacer una defensa o una justificación de ambas actitudes execrables de por sí, ni que intento justificar lo inaceptable.
Sólo pretendo exponer la similitud y hasta mimetismo que existen entre ambas actitudes ya de por sí rechazables por todas las personas honradas y de buena voluntad.
Es un lugar común decir que para los españoles el tercer motivo de preocupación es nuestra clase política, pero ¿por qué?
La justificación es bien simple y considero que es el dominio público.
Elegimos a nuestros gobernantes para que se ocupen y preocupen de todos nosotros que somos los que les pagamos el sueldo y por cierto muy bueno, Pero, una vez elegidos ¿Cómo se comportan? ¿Cuidan el interés de los que los han aupado a ser los rectores del país? ¡No! ¡Más bien no!
¿A qué se dedican entonces? Salvo honrosas y muy pocas excepciones a aprovecharse de su cargo y a lucrarse de lo que no es suyo, es decir, de los impuestos que, con tanto esfuerzo y trabajo pagamos los españoles. A discutir si son galgos o podencos en vez de solucionar los problemas que de verdad sufrimos y padecemos los que habitamos en esta desventurada España.
No distingo entre una jarca política y las otras. Todas caminan por la misma senda. Y eso ¿Por qué?
Ya dijo una cierta ministra de infausta memoria que el dinero público no era de nadie, como corolario se sigue que lo que no es de nadie cualquiera puede apropiárselo. ¿Quiénes son los que se benefician de él? Los encargados de dedicarlo a mejorar la vida de los que lo han puesto a su disposición, es decir los contribuyentes.
Pero lo más inaceptable de todo es que esta corrupción y malversación de fondos no tiene un rechazo frontal y una actitud intransigente por parte de los ciudadanos. Se acepta como un motivo o decorado más del paisaje político en el que estamos todos incluidos.
Tanto es así que el otro día en una radio de alcance nacional oí a un periodista, por cierto de bastante renombre, que participaba en la charla, que el grado de corrupción de los políticos españoles era poco más o menos que aceptable ya que en nuestro país no se habían alcanzado aún las cotas de la misma que hay en otros de nuestro entorno.
¡Habráse visto mayor grado de pasividad ante un hecho inaceptable! ¡No señor! ¡No! Un solo corrupto no se puede tolerar porque está lucrándose del dinero de todos y cada uno de los que con gran esfuerzo y no poco trabajo se lo entregamos para que lo administren honradamente y con toda pulcritud.
Por esta indiferencia es por la que los que roban nuestros dineros quedan impunes y no pagan con cárcel el delito cometido ni devuelven lo robado.
El fraude a la Hacienda pública ha sido, es y será, un deporte para todos los españoles que puedan ejercitarlo. Es más, tampoco está mal visto por el resto de los ciudadanos. Tanto es así que lo admitimos y toleramos sin denunciarlo ni hacer que los defraudadores paguen con creces lo que nos escamotean al resto de los que contribuimos, lo mismo que los políticos no sufren la pena por lo que de bobilis bobilis engrosa su bolsillo.
Pero, ¿Le podemos pedir cuenta a los que defraudan? Ya lo creo que sí, pero ocurre que el espejo en el que se miran, o sea los políticos, está tan sucio y empañado que no se reconocen como estafadores de los demás.
Si una edil carga al erario común el importe de un helado, ¿Cómo va a tener conciencia de que obra mal quien paga en dinero negro, no declara sus ventas, o explota a trabajadores sin que están debidamente legalizados y protegidos?
Si hay empresarios que no contribuyen por lo que ganan y se llevan el dinero fuera de España, ¿Le podemos exigir a un desempleado que haga una factura por una chapuza e ingrese el IVA a Hacienda?
Cuando pequeño me enseñaron que había que respetar a los mayores en edad, saber y gobierno, si los mayores en gobierno no son dignos de ser respetados, ¿Se nos puede exigir que los respetemos?
Si el ejemplo que dan nuestros gobernantes es tan deleznable, ¿Cómo podemos pedirle al pobre desempleado, y son cinco millones, que cumpla su deber con el erario público?
Si estamos inmersos en un estado tal de corrupción, política, económica, empresarial y sindical ¿Quien o quienes son los responsables? Los rectores de este desventurado país.
Hace falta una regeneración total comenzando por todos los dirigentes, políticos, sindicales y empresarios para que el pueblo tenga un espejo digno en el que mirarse e imitar.
Manuel Villegas Ruiz
Sólo pretendo exponer la similitud y hasta mimetismo que existen entre ambas actitudes ya de por sí rechazables por todas las personas honradas y de buena voluntad.
Es un lugar común decir que para los españoles el tercer motivo de preocupación es nuestra clase política, pero ¿por qué?
La justificación es bien simple y considero que es el dominio público.
Elegimos a nuestros gobernantes para que se ocupen y preocupen de todos nosotros que somos los que les pagamos el sueldo y por cierto muy bueno, Pero, una vez elegidos ¿Cómo se comportan? ¿Cuidan el interés de los que los han aupado a ser los rectores del país? ¡No! ¡Más bien no!
¿A qué se dedican entonces? Salvo honrosas y muy pocas excepciones a aprovecharse de su cargo y a lucrarse de lo que no es suyo, es decir, de los impuestos que, con tanto esfuerzo y trabajo pagamos los españoles. A discutir si son galgos o podencos en vez de solucionar los problemas que de verdad sufrimos y padecemos los que habitamos en esta desventurada España.
No distingo entre una jarca política y las otras. Todas caminan por la misma senda. Y eso ¿Por qué?
Ya dijo una cierta ministra de infausta memoria que el dinero público no era de nadie, como corolario se sigue que lo que no es de nadie cualquiera puede apropiárselo. ¿Quiénes son los que se benefician de él? Los encargados de dedicarlo a mejorar la vida de los que lo han puesto a su disposición, es decir los contribuyentes.
Pero lo más inaceptable de todo es que esta corrupción y malversación de fondos no tiene un rechazo frontal y una actitud intransigente por parte de los ciudadanos. Se acepta como un motivo o decorado más del paisaje político en el que estamos todos incluidos.
Tanto es así que el otro día en una radio de alcance nacional oí a un periodista, por cierto de bastante renombre, que participaba en la charla, que el grado de corrupción de los políticos españoles era poco más o menos que aceptable ya que en nuestro país no se habían alcanzado aún las cotas de la misma que hay en otros de nuestro entorno.
¡Habráse visto mayor grado de pasividad ante un hecho inaceptable! ¡No señor! ¡No! Un solo corrupto no se puede tolerar porque está lucrándose del dinero de todos y cada uno de los que con gran esfuerzo y no poco trabajo se lo entregamos para que lo administren honradamente y con toda pulcritud.
Por esta indiferencia es por la que los que roban nuestros dineros quedan impunes y no pagan con cárcel el delito cometido ni devuelven lo robado.
El fraude a la Hacienda pública ha sido, es y será, un deporte para todos los españoles que puedan ejercitarlo. Es más, tampoco está mal visto por el resto de los ciudadanos. Tanto es así que lo admitimos y toleramos sin denunciarlo ni hacer que los defraudadores paguen con creces lo que nos escamotean al resto de los que contribuimos, lo mismo que los políticos no sufren la pena por lo que de bobilis bobilis engrosa su bolsillo.
Pero, ¿Le podemos pedir cuenta a los que defraudan? Ya lo creo que sí, pero ocurre que el espejo en el que se miran, o sea los políticos, está tan sucio y empañado que no se reconocen como estafadores de los demás.
Si una edil carga al erario común el importe de un helado, ¿Cómo va a tener conciencia de que obra mal quien paga en dinero negro, no declara sus ventas, o explota a trabajadores sin que están debidamente legalizados y protegidos?
Si hay empresarios que no contribuyen por lo que ganan y se llevan el dinero fuera de España, ¿Le podemos exigir a un desempleado que haga una factura por una chapuza e ingrese el IVA a Hacienda?
Cuando pequeño me enseñaron que había que respetar a los mayores en edad, saber y gobierno, si los mayores en gobierno no son dignos de ser respetados, ¿Se nos puede exigir que los respetemos?
Si el ejemplo que dan nuestros gobernantes es tan deleznable, ¿Cómo podemos pedirle al pobre desempleado, y son cinco millones, que cumpla su deber con el erario público?
Si estamos inmersos en un estado tal de corrupción, política, económica, empresarial y sindical ¿Quien o quienes son los responsables? Los rectores de este desventurado país.
Hace falta una regeneración total comenzando por todos los dirigentes, políticos, sindicales y empresarios para que el pueblo tenga un espejo digno en el que mirarse e imitar.
Manuel Villegas Ruiz
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